29/7/09

Santa Marta y el don de la amistad

Meditación con motivo de la memoria de Santa Marta
Textos:
Éxodo 34,29-35
San Juan 11,19-27
El día de hoy la liturgia nos presenta la figura de Santa Marta y esto nos invita a cada uno de nosotros a contemplar que esta mujer no sólo era discípula de Jesús, sino que se dio la oportunidad de ser su amiga. El mismo San Lucas nos presenta a Jesús estando con Marta y María. Hoy lo vemos en medio de una situación complicada, pues ha muerto su hermano Lázaro. Por tanto vemos a Jesús como alguien cercano a la familia, vemos a un Jesús que tiene amigos. Por tanto esta fiesta nos da pie para reflexionar de manera breve sobre la amistad.
Si pensamos un poco la amistad es algo maravilloso que nos lleva a contemplar que nuestra vida es genial gracias a ellos, por qué ¿Qué sería de nuestra vida sin ellos? Gracias a los amigos tenemos con quien compartir la vida, con jugar, con quien planear y platicar. La amistad es algo que dentro de la vida del hombre es necesario para que se desarrolle de manera más plena. La amistad por tanto como dice la Escritura es un tesoro valioso.
A los amigos se les escoge, a nadie se le impone una amistad, porque de lo contrario sería imposible vivir en amistad, serían sólo conocidos, serían simplemente compañeros, pero no amigos. Un amigo se escoge debido al contacto con él, de ir entendiéndose poco a poco, de ver sus gustos, su forma de ser, y entonces podemos ser amigos.
A los amigos los escogemos, de ahí que sepamos elegir bien, sabiendo diferenciar de los amigos que nos ayudan y de los que no nos ayudan. Esto lo digo porque estén malas amistades en la vida que lejos d ayudarnos nos alejan de los demás, nos invitan a alejarnos de los demás. Tampoco son buenas amistades si sólo nos utilizan para sacra algún provecho. Ni son buenas amistades quienes nos chantajean para sacra algo, o las que envenenan el alma con cometarios destructivos en contra de otros.
Un buen amigo es aquel que siempre está contigo en las buenas y las malas, dándose el tiempo para hacerlo todo contigo, no defrauda a nadie, es capaz de decirme sus errores, se divierte contigo, te confía y le confías tu vida, no es convenenciero. Si tienes un amigo valóralo, ayúdalo, se buen amigo.
Jesús ayudó a sus amigos , los amaba, estaba con ellos en las buenas y las malas y aconsejándolos. Y hoy se puede ver claramente como Jesús se hace presente con ellos en medio de la muerte con su hermano Lázaro, enseñando, animando y suscitando la vida de fe.
Pero también debemos reconocer que tenemos a otro amigo: Dios. Debemos reconocer que así como valoramos a nuestros amigos, debemos reconocer nuestra amistad con Dios.
El está siempre con nosotros, somos llamados a verle como amigo, hablar con confianza a Dios, sin miedos, ni prejuicios. Moisés, como nos dice la primera lectura, hablaba así con él con tal confianza que su rostro brillaba. Por tanto su identidad es de Dios, iluminaba, porque Dios estaba con él. Si Dios es nuestro amigo debemos de preguntarnos que tanto dejamos que nos transforme. Dejar que nuestro rostro, símbolo de nuestra identidad sea brilloso, lleno de Dios, la luz del perdón, del amor o de la verdad.

28/7/09

¿Providencia o manipulación?

Meditación del Lunes XVII
de tiempo Ordinario
Ciclo Ferial I (año impar)

Textos:
Éxodo 32,15-24.30-34
San Mateo 13,31-35

El día de ayer escuchábamos el pasaje de la multiplicación de los panes, viendo como Dios es providente, descubriendo que Dios no os abandona y a su tiempo no va dando todo lo que necesitamos. El día de hoy se nos invita a la reflexión y así descubrir que tanto estamos dispuestos a recibir esta acción providencial. En la primera lectura nos muestra la falta de fe de parte del pueblo apara con esta providencia, pues creen que Dios los ha abandonado, a pesar de que los ha liberado, les ha dado maná, les mostró su amor. Pero hoy dudan, no saben donde está Moisés y por tanto creen que ya no está con ellos. Esto les da miedo, dejan de creer en su providencia. Por ello deciden construir el Becerro de oro, y esto representa que quieren que Dios esté ahí, que ese Dios que los ha salvado actúe por medio de esa imagen. Ante su ausencia quieren retenerlo y hacer de él lo que quieran.
Muchas veces creemos que el becerro de oro indica que el pueblo de Israel se hizo otro Dios, otro Ídolo en quien creer, pero no es así, lo que el texto está tratando de decirnos es precisamente que ese Becerro es Yahveh, pero que ahí lo quieren retener, ahí lo representan, y ahora ya no se les esconderá, ya no podrá irse, y por tanto ahora es suyo y lo podrán manipular a su antojo. Eso implica que dudan de su providencia, creen que no actuará a su tiempo y así al tener una imagen de él lo manipularán para que actúe siempre que ellos decidan.
Sin embargo, Dios es de manipulaciones, aunque muchas veces lo hacemos porque queremos tener imágenes, cadenas, para la buena suerte, para que no falte nada, para que me proteja a fuerzas. Desconfiando que Dios actúa, y es providente. Dios actúa cuando menos lo esperamos, como lo muestra el Evangelio: El reino es como una semilla de mostaza es pequeña, imperceptible, pero con el tiempo crecerá lentamente. Por tanto, la acción de Dios es lenta, imperceptible, gradual, pero capaz de ir transformando toda a su debido tiempo.
Deberíamos de preguntarnos que tanto vamos confiando en su providencia o bien que tanto somos desconfiados y queremos retenerlo por otros medios, o que tan faltos de fe que creemos que hemos sido olvidados. Lo importante es que al analizarnos nos demos la oportunidad de creer, que aumente la fe y vaya creciendo lentamente para acoger a los demás.

26/7/09

Eucaristía: Capacidad de vencer el egoísmo

Meditación para el XVII Domingo Ordinario
Ciclo /B/

Textos:
2 Libro de Reyes 4,42-44
Salmo 144
Carta a los efesios 4,1-6
San Juan 6,1-15
Nuestra sociedad vive encerrada en medio del egoísmo, porque todo lo que hace, tiene, compra o busca en el fondo lo hace para sí mismo, porque le llena, le sacia le da todo lo que requiere para alcanzar la felicidad. Pero a la hora de compartir de ayudar al hermano descubrimos que vivimos cerrados en nosotros, descubrimos que no somos capaces de ayudar a los demás, sino que simplemente vivimos preocupados por lo que a nosotros nos sucede, pero rara vez nos preocupamos y tratamos de ayudar a los demás. Muchas veces vamos encerrándonos en nosotros mismos, siendo incapaces de abrirnos a las necesidades del que me rodea.
Ante esto nuestra fe debe de tener una respuesta, y es que el hombre no puede vivir encerrado en su egoísmo y sobre esto nos habla la liturgia del día de hoy. El texto del evangelio nos presenta la multiplicación de los panes. Nos lo presenta en un contexto de pascua, marcando con ello la verdadera y definitiva liberación que Jesús nos dará. Pero ¿Cómo se podrá lograr esta auténtica vida de libertad? Pues esto sólo se puede hacer cunado no nos creemos autosuficientes, cunado descubrimos que no dependemos sólo de nuestros esfuerzos y descubrimos que Dios quiere salvarnos, que Dios puede obrar en nosotros, renunciando a todo tipo de situación económica o de poder, pues eso es sólo humano y nos lleva al error como marca el Papa Benedicto en su reciente encíclica: «Creerse autosuficiente y capaz de eliminar por sí mismo el mal de la historia ha inducido al hombre a confundir la felicidad y la salvación con formas inmanentes de bienestar material y de actuación social» (Caritas in Veritate 38). Y para lograr que los discípulos logren entender esto Jesús le pregunta a Felipe: «¿De dónde compraremos pan para que coman estos?» a lo cual responde: «Doscientos denarios de pan no bastarían para que cada uno de ellos tomara un poco.» con esta pregunta versus trata de aclarar precisamente cuál es el sentido de la verdadera liberación, que no proviene del esfuerzo humano, que no proviene simplemente de lo meramente material, pues el mismo Felipe lo reconoce que ni doscientos denarios alcanzaría. Para que el hombre se llene de felicidad y de libertad no depende de lo meramente material, de sus esfuerzos se requiere de lo divino, de su gracia.
Por tanto la manera de vencer el egoísmo no parte de nuestras propias capacidades, no parte de lo meramente material, sino que parte de la experiencia de Dios, parte de lo divino, de su providencia, de sus capacidades. De ahí que si tenemos fe, no podemos creer que sean nuestras fuerzas, lo material, nuestras herramientas las que acaban por dar a los demás lo necesario, lo que ayuda a vencer el egoísmo. Si queremos vencer esto, no podemos partir nada más de lo meramente material, sino abrirnos a la acción de Dios y con ello iniciar una transformación de nuestra vida.
Y por ello es necesario descubrir lo que puede ayudar que a los ojos de los demás no es lo meramente material, sino la acción de Dios y que justamente lo tiene la comunidad cristiana, de ahí que aparezca un muchacho con cinco panes y dos pescados. Este muchacho, que en griego remite a un pequeño, marcando así que la comunidad cristiana es pequeña, es frágil, pero que desde la visión de la fe tiene todo lo que el hombre necesita para salir adelante. Y lo único que puede ofrecer es cinco panes y dos pescados. En otras palabras lo que la comunidad tiene para vivir. Los peces dentro del simbolismo del Nuevo Testamento y de la primitiva fe cristiana son un símbolo de Cristo. Por tanto lo que la comunidad Cristiana tiene para dar al hombre en busca de libertad es precisamente a Cristo que salva y transforma al hombre. Eso es lo que se necesita en nuestras vidas, a cristo que sana y convierte. Tal vez no ofrezca infraestructuras, economías, tecnologías, pero si que ofrece la salvación, el sentido a su caminar en la vida, la libertad y el gozo necesario para alcanzar plenitud en su camino. En segundo lugar ofrece el pan, lo cual es símbolo de la Eucaristía, de la comunidad, del ánimo, del sentirse inserto en medio de los demás, sabiéndose necesitado del otro y sintiéndose importante dentro de los demás porque nadie pasa desapercibido ahí. Por tanto, lo que ofrece la comunidad de fe es precisamente la capacidad de hacer comunidad, de vivir en fraternidad y la experiencia de salvación que nos da Cristo, eso es lo único que se ofrece. Será una comunidad pequeña, frágil, insignificante, a los ojos de la sociedad; pero capaz de hacer grandes cosas, de dar sentido a su vida, a su actuar, dando plenitud a su actuar, dando libertad y verdadera felicidad.
Cinco panes y dos pescados, vida en comunidad y vida en Cristo es lo único que da sentido al hombre. Pero curiosamente lo que da sentido no es simplemente lo que entrega la comunidad, sino la capacidad de dar, de donarse, de entregar. Si hay un milagro se debe precisamente a la capacidad de donación, de no guardarse nada, de no retener nada, sino de ofrecerlo. Si bien la comunidad tiene dos elementos esenciales para la transformación de la humanidad, también es cierto que de nada serviría si no los ponen en común, si no se entregan a los demás. De ahí que la salida para la plenitud del hombre es el compartir, el dar nuestra vida de fe para los demás, la capacidad de entregar a favor de los otros. Si la comunidad cristiana se quedará con su fe, sin ser capaz de darla y compartirla sería una comunidad estéril. Por tanto lo que este pasaje nos enseña es precisamente a tener la capacidad de compartir a favor de los demás, al ser compartidos y no ser egoístas.
Si la fe debe de compartirse con mayor razón debe compartirse todo, nuestra vida y nuestras virtudes a favor de los demás. Y el día de hoy deberíamos preguntarnos que tanto comparto primeramente, mi vida de fe. ¿La doy a conocer a los demás? Mi vida de fe la comparto con gozo, con alegría a favor de los demás permitiendo que Dios ilumine la vida de todos.
Pero también es importante considerar que debo compartir para que mi vida con los demás vaya mejorando. Qué debo de compartir para que mi vida en familia sea mejor, para que mi trabajo sea diferente, para que mi fe crezca, para que sea mejor persona. Tal vez deba tener mejor disposición para escuchar a mi pareja, a mis hijos, a mis amigos. O en mi trabajo ser más honesto, llegar temprano, ayudar a los demás, dar mejor servicio al que llega. O en mi fe ir más a misa, o hacer más oración, o tener más momentos de silencio.
Si doy lo mejor de mi para que mi vida y mi entorno vaya cambiando entonces lograremos vivir en la unidad como lo dice la segunda lectura: «Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos y por todos y en todos.» Con esto san Pablo nos invita a reconocer la importancia de estar juntos, de ser comunidad de vivir unidos, siendo un solo cuerpo, una comunidad venciendo las envidias y las divisiones, dando así mi paciencia para vencer las divisiones y las enemistades. Tener un solo Espíritu, una sola fuerza que nos lleva a encontrarnos con los demás, una fuerza de amor, no movidos por intereses personales, sino por una sola fuerza e interés que es el de Dios. Teniendo como base una esperanza, una sola meta en la vida que es tener la vida en Cristo. Que en el fondo nos hace tener el reflejo de un solo Dios en nuestra vida. Porque la unidad es el reflejo de Dios.
Esta unidad se hace visible cada vez que participamos de la Eucaristía. Porque vivir la Eucaristía implica alimentarnos de Jesús que nos hace vencer totalmente nuestro egoísmo, porque este sacramento nos debe ayudar precisamente a vivir unidos, a vivir en comunidad, ayudándonos mutuamente y dando lo mejor de nosotros, fortalecidos por Jesucristo para vencer toda división. El que se acerca a comulgar debería de vencer sus rencores, su egoísmo y darse cada día más a las personas con los que convivimos para ayudarlos totalmente, de ir creando puentes, de ayudar a los demás aunque sea con nuestra presencia, con nuestra paciencia, con nuestra oración. Comulgar es vencer nuestras barreras y abrirnos para ser cada día mejor persona siendo generoso, compartiendo lo que soy, lo que tengo, mi vida de fe para iniciar un cambio y una transformación que me lleva a vivir en unidad de unos con otros.
Que este domingo en el cual vamos a comulgar nos ayude a cada uno de nosotros a vencer el egoísmo y al salir de la eucaristía digamos “que egoísmo y cerrazón debo vencer para ser mejor y ser más comunitario con los demás”.

Del domingo XVII al XXI

Estamos en medio del ciclo B del tiempo ordinario, un ciclo marcado por el evangelio de san Marcos, sin embargo dentro del caminar litúrgico la Iglesia hace una interrupción de la lectura de san Marcos para hacer la lectura del capítulo 6 del evangelio de san Juan. En este capítulo aparece el llamado discurso del pan de vida, un discurso extraordinario que nos presenta el significado de la eucarística.
Por esa razón creo que es conveniente que al meditar estos pasajes durante este domingo y los próximos cuatro domingos tengamos como punto de reflexión a la eucaristía y descubrir qué es lo que significa la Eucaristía en nuestra vida. Por tanto las meditaciones nos ayudarán a obtener dos objetivos: descubrir lo que la Palabra de Dios nos dice en nuestras vidas, así como, el valor del sacramento Eucarístico.

18/7/09

«El Señor es mi pastor...»

Meditación para el XVI Domingo Ordinario
Ciclo /B/

Textos:
Jeremías 23,1-6
Salmo 22
Carta a los Efesios 2,13-18
San Marcos 6,30-34

Uno de los problemas más grandes que podemos vivir es no sentir la experiencia de Dios, sentir que Dios no está con nosotros. Debido a nuestros problemas, crisis, enemistades, odios. Lo cual nos hace sentir que Dios no nos acompaña, que Dios no se preocupa por nosotros. Sin embargo, nuestra vida de fe nos llama para levantarnos y no darnos por vencidos a fin de descubrir que no estamos solos y que Dios no nos abandona. Sobre esto nos habla la liturgia del día de hoy.
Comencemos por decir que el pasaje del evangelio se nos presenta a Jesús que trata de descansar. Eso nos lleva a reconocer la importancia del descanso, que no es simplemente no hacer nada, sino que debemos de aprovechar ese tiempo para tranquilizarnos, convivir y encontrarnos con Dios. Sobre esta idea nos dice el Papa Benedicto XVI: «En el mundo en que vivimos, es casi una necesidad fortalecer el cuerpo y el espíritu, especialmente para quien vive en la ciudad, donde las condiciones de vida, a menudo frenéticas, dejan poco espacio al silencio, a la reflexión y al contacto relajante con la naturaleza. Además, en las vacaciones se puede dedicar más tiempo a la oración, a la lectura y a la meditación sobre el sentido profundo de la vida, en el ambiente sereno de la propia familia y de los seres queridos. El tiempo de vacaciones ofrece oportunidades únicas para contemplar el sugestivo espectáculo de la naturaleza, "libro" maravilloso al alcance de todos, grandes y chicos.» (Ángelus. Domingo 17 de julio de 2005.)
Por un lado, nos ofrece una faceta única en la vida de Jesús, nos muestra a ese Jesús cansado, que quiere compartir un momento con los suyos, porque finalmente el descanso sirve para encontrarnos con los demás, pero al mismo tiempo nos presenta a un Jesús pastor que a pesar de su cansancio, de su deseo de convivir con los suyos, se da un tiempo para encontrase con los demás, pues al llegar al otro lado de la orilla: «Vio una numerosa multitud que lo estaba esperando y se compadeció de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.» Esto nos lleva a una segunda consideración en este pasaje y es la importancia de ser pastor, Jesús Pastor que guía y se preocupa por los demás.
Esto nos lleva a considerar como Jesús no desatiende a los suyos y por tanto está dispuesto a ayudarnos, como se da la oportunidad de atender a los demás. De este modo podemos descubrir a Jesús como el pastor, que guía y acompaña al hombre, sin dejarlo nunca. La idea del pastoreo es sin duda algo que en el fondo todos tenemos pues todos somos pastores, por ejemplo en un trabajo el jefe pastorea a los empelados, de ahí que deba tratar a los demás con respeto, sin humillarlos. Los padres de familia son los pastores de sus hijos, de ahí que debe dedicarles un tiempo a ellos, darles consejos y enseñanzas para que conduzcan su vida en el amor y respeto a los demás.
En el caso de Jesús lo descubrimos como el pastor que está atento a las necesidades de sus hermanos, a pesar de estar cansado se da la oportunidad de atender a los demás. Esto nos invita a reflexionar que el buen pastoreo consiste en darse tiempo con los demás. Así, los papás que muchas veces llegan cansados, deberían darle un tiempo a sus hijos, por lo menos para escucharlos, abrazarlos, animarlos, e incluso hacer un pequeño juego de 10 minutos. Sólo así se puede lograr un buen pastoreo.
Con esto se nos invita a reconocer nuestro papel de buenos pastores para con los demás, sin embargo la liturgia parece llevarnos también hacia otra dirección, parece querer ayudarnos a reconocer el pastoreo de Dios en nuestras vidas, reconocer a un Dios que es buen pastor y que nunca nos deja, sino que está al pendiente de nosotros, que a pesar de nuestras dificultades, siempre está atento a lo que requerimos. Así, Jesús se muestra solicito a pesar de lo que desea en ese momentos, pero es sobre todo el texto del Salmo del día de hoy que nos ayuda a entender la importancia del pastoreo de Dios en nuestra vida. Analicemos algunos elementos de este extraordinario Salmo para acercarnos a al Señor, que nos quiere pastorear.
«El Señor es mi pastor, nada me faltará.» Con esta extraordinaria frase inicia el Salmo, marcando precisamente que Dios es aquel que nunca nos deja, Dios es aquel que nunca nos desampara. Sino que somos sus ovejas y nada nos falta, lo que sucede es que a veces nosotros deseamos otras cosas, deseamos otras realidades. Vamos por la vida buscando y anhelando cosas que a veces ni siquiera necesitamos. Sólo porque están de moda, porque son llamativas, porque las tienen todos creemos que son fundamentales en nuestras vidas, sin embargo el Señor nos va dando todo lo que requerimos, si analizáramos sólo un momento descubriríamos que a veces vamos por la vida anhelando cosas pasajeras, cosas sin sentido, que en realidad no requerimos en este preciso instante.
Aunque a veces es cierto que requerimos cosas fundamentales, pero que nosotros con nuestro egoísmo, con nuestra envidia les hemos cerrado el paso, no hemos permitido que fructifiquen, y por ello es importante reiniciar un nuevo camino que permita en nuestras vidas obtener los goces espirituales que si se requieren, pero que nosotros tontamente hemos alejado. Si nosotros cambiásemos un poco ciertamente que obtendríamos eso que buscamos.
Inmediatamente después que nos manifiesta su bondad y su providencia viene de inmediato la imagen del reposo: «En verdes praderas me hace reposar.» Tener a Dios como pastor implica reconocer el reposo, es decir reconocer el impulso que hace experimentar el amor, el dejar que Dios venga a nuestra vida y nos transforme nos repose, nos reanime. Dios viene a nuestras vidas para animarnos, para fortalecernos, Dios quiere que cada uno de nosotros nos dejemos guiar por él, experimentando su amor en nuestras vidas. Dios viene inmediatamente para experimentar el grande amor que tiene por nosotros. Tener a Dios como pastor implica reconocer que somos amados y que nunca nos deja. El problema es cuando no reposamos y creemos que Dios nos abandona, nos deja. De tal manera que hoy somos exhortados a reconocer que Dios es pastor, que nos ama y nunca nos deja por nada. Reposar no es otra cosa que experimentar su amor en nuestra vida.
Si Dios nos ama y nunca nos deja, descubriendo que nos ama y permanece con nosotros, entonces somos invitados a ponernos en marcha, somos invitados a ponernos en camino para alcanzar la misericordia y paz que sólo viene de Dios: «Me conduce hacia aguas de paz.» Dios viene a traer la bendición para aquellos que se dejan guiar por él. Caminar junto con Dios me lleva a encontrarme con Dios, caminar con el Señor me lleva a encontrarme con la paz. Eso implica que el hombre esté lleno se su gracia, de su armonía, capaz de transformar toda su vida, reconociendo que no va solo en medio de la vida, sino que, va lleno de la experiencia de Dios. Si Dios es nuestro pastor implica que no podemos vivir en división, en destrucción, sino que debemos de vivir en armonía en amor, en paz, pero para llegar a este punto es necesario ponerse en marcha, es necesario que el hombre no se encierre en si mismo, sino que descubra que Dios está con ellos. Y después caminar, ponerse en marcha para transformar su vida y la de aquellos que nos rodean, luchando para que la paz sea definitiva, luchar para que la paz, la reconciliación, el perdón vaya haciéndose realidad en nuestra historia.
Si dejamos que Dios nos conduzca, que él nos vaya guiando entonces nos transformará, como lo marca el salmo: «Para reparar mis fuerzas.» La palabra fuerza quiere decir en hebreo 'vida', mostrando que sólo Dios nos da la vida. Eso quiere decir que Dios nos da sentido a nuestra vida, da razón de ser a nuestros pensamientos, a nuestros proyectos y sendas por la vida. Si Dios es nuestro pastor es precisamente por que nos da la vida, nos da sentido a nuestro actuar, nuestro caminar. Y porque repara nuestra vida, repara nuestra manera de ir viviendo vamos dando caminos nuevos, pues nos «cañadas seguras», es decir nos lleva al camino certero que conviene a todo hombre.
Pero el mismo texto da un paso más y nos anuncia algo más profundo y completamente humano: «Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo porque tu vienes conmigo.» Al hablar de las cañadas oscuras, nos remite aquí al valle de la muerte, a la experiencia más infernal que el hombre puede vivir. Con esta expresión nos dice el texto acerca de de las peores experiencias humanas. Por tanto, el salmista nos hace caer en la cuenta de una realidad fundamental, nos hace caer en la cuenta que el hombre vive momentos infernales, la enfermedad, la muerte, la destrucción de los sueños, la traición, los robos, la perdida del amor, el peor de todos nuestros temores; son situaciones infernales, en donde nos sentimos desamparados, solos, vacíos.
Sin embargo, ante ese miedo surge la confianza porque Dios está con nosotros, Dios nos deja, ni desampara. Ahí está Dios nunca nos deja solos implica la experiencia más profunda de fe. Esto quiere decir que Dios no nos deja, sino que está de nuestra parte. Y sabemos que está de nuestro lado porque no nos deja con él no nos falta nada, nos da todo lo que requerimos, para nuestra salvación. Dios no nos deja en ningún momento. Reflexionar en el buen pastor, es reflexionar en que Dios no nos deja ni abandona, nos da el reposo que necesitamos, nos da la paz que nos requerimos en nuestra vida y por tanto, aunque no estamos exentos de los momentos más complejos y difíciles, lo cierto es que Dios no nos deja en ningún momento, nos ayuda a salir adelante y eso quiere decir que podemos seguir aun en los momentos difíciles caminado llenos de fe. Eso quiere decir que los problemas siempre acontecerán pero no por ello estamos solos lo importante es confiar en él
Esta confianza se puede vislumbrar de manera especial con la siguiente frase: «Tu vara y tu cayado me dan seguridad.» Con esto quiere decir que aún en medio de las dificultades Dios pone medios para encontrarnos con él. En primer lugar habla de la vara, la vara representa el instrumento con el cual el pastor va golpeado aquellas ovejas que dejan el camino con el fin de que no se desvíen. A veces en la vida vamos desviándonos, vamos teniendo otros intereses que no nos llevan a la plenitud, por eso es importante que Dios a veces Dios nos de con la vara, para recomponer el camino, de tal manera que a veces alguna situación compleja y difícil en la vida a veces es el momento par detenernos y volver a orientar el camino que muchas veces por nuestro egoísmo o vanidad lo desviamos y olvidamos lo mejor que tenemos en nuestra vida, y que lo hemos descuidado por intereses vanos. El cayado por su parte, representa el bastón del que hablábamos el domingo pasado en donde marcábamos que era el instrumento para golpear en las rocas y guiar a las ovejas con el sonido de ese golpetear. Con esto descubrimos que aún en los momentos difíciles no debemos sentirnos abandonados por Dios pues nos guía, nos da caminos para orientarse en la vida.
Yo creo que este Salmo nos introduce en la esencia del Dios pastor que guía y se hace compañero, con el fin de vivir en medio de su amor. Esto quiere decir que a pesar de las dificultades en la vida no perdamos la fe, tengamos la certeza que Dios nos ama, que él está con nosotros, que no nos deja y va re-orientando nuestras vidas para alcanzar un nuevo horizonte en nuestro ser, pero sobre todo abriendo nuestros oídos y descubrir su voz que indica que nunca nos abandona, nunca nos deja y va orientándonos aún en medio de la noche más infernal. Que la meditación de este Salmo nos ayude a cada uno de nosotros a orientar nuestras vidas y a crecentar nuestra fe y experiencia de amos de Dios en nosotros.

9/7/09

Lleven un bastón, sandalias y una túnica

Meditación para el XV Domingo Ordinario
Ciclo /B/

Textos:
Amós 7,12-15
Salmo 84
Carta a los Efesios 1,3-14
Marcos 6,7-13

Cada uno de nosotros, que hemos sido bautizados hemos recibido una misión de anunciar el evangelio, sin embargo, muchas veces esto lo vemos distante, un tanto lejano, un tanto complicado. Sin embargo, para anunciar el evangelio es sencillo cuando descubrimos que debemos anunciarlo implica darlo a conocer con nuestras palabras a nuestros seres queridos, por ejemplo cuando una mamá le enseña a su hijo a rezar, o un papá le dice en donde encontrar a Dios, o bien cuando hablamos de lo importante que Dios e ha vuelto en nuestra vida. Pero sobre todo cuando demostramos que Dios está con nosotros con nuestra vida, venciendo el egoísmo con generosidad, las malas palabras con palabras fraternas, las discordias con una palabra de amor, etc. En una palabra se anuncia el evangelio cuando transformamos nuestra vida y compartimos ese cambio con los demás.
Pero a veces podríamos preguntarnos ¿Cómo llevar a cabo esa transformación y dar fielmente ese anuncio? El texto del evangelio de hoy nos presenta los medios fundamentales:
En primer lugar nos dice el texto que van de dos en dos, marcando la importancia de la vida en comunidad. Para anunciar el evangelio se requiere de los demás, no es una tarea meramente individual, sino que es una tarea de varios, que una vez que compartan su fe, son capaces de permitir que esta experiencia de fe sea más sólida y llena de compromiso y veracidad. Así, cuando en la familia se trata de dar a conocer la fe a cada uno de sus miembros sería mejor si como pareja lo diesen a conocer y no sólo uno. O bien cuando hablamos en un grupo parroquial sobre Dios lo cierto es que se vive su riqueza en plenitud, porque todos son capaces de dar algo nuevo y propio de ellos, desde su vida en Dios. E incluso cuando alguien da a conocer su fe, es mejor cuando se sabe perteneciente de una comunidad, porque ella le apoya, le anima y le instruye.
En segundo lugar «les mandó que no llevasen nada para el camino, ni alforja, ni pan, ni dinero en el cinto.» Marcando que no es necesario lo material para hablar de Dios sino únicamente lo interno, lo que uno va viviendo, lo que uno deja que Dios le toque y le transforme. De Dios sólo hablamos cuando permitimos que él entre y nos renueve.
Sin embargo, pide tres cosas que son base para dar completamente el mensaje evangélico «lleven únicamente un bastón, sandalias y no vistan dos túnicas.» Al pedir Jesús esto indica precisamente que son necesarias, y ahí está la clave para comprender que es lo que se necesita para anunciar el evangelio totalmente. Analicemos brevemente estos objetos que contienen un simbolismo profundo:
El bastón. El bastón dentro del simbolismo bíblico representa diversas cosas. Por un lado, representa la fuerza de Dios, en el libro del Éxodo se puede ver que Moisés tiene un bastón en donde Dios nos presenta su fuerza, para demostrare que no hay peligro alguno que temer pues Dios siempre ayuda.
De este modo el bastón implica reconocer que en la misión es Dios quien nos ayuda, es Dios quien nos fortalece. Deberíamos de preguntarnos el día de hoy, qué tanto confiamos en la fuerza y poder de Dio. Para anunciar el evangelio no bastan simplemente nuestros dones, nuestras facultades, sino ver precisamente la fuerza de Dios en nosotros. Confiar en él, saber que pronto actuará.
También el bastón representa la voz de Dios que nos guía. Los pastores en aquellos tiempos golpeaban con el bastón para ir guiando a las ovejas y ellas escuchaban. Llevar el bastón implica llevar la capacidad de irse dejando guiar por Dios, descubriéndolo en nuestra vida.
Las sandalias. Esto representa la capacidad de ponerse en camino, de no quedarse estático. La vida de fe no es un mero conformismo. Cuántos en su vida de fe dejan de comprometerse, porque creen que sólo con ir a misa basta, o sólo hacer una novena, o cumplir con el requisito de un sacramento. ¡No! La vida de fe es un camino es una puesta en marcha, es siempre dejarse sorprender por algo nuevo. No podemos decir que todo ha acabado, siempre hay cosas nuevas que aprender, cosas que hacer, cosas que enseñar, pero sobre todo es un momento para descubrirse siempre animado por Dios.
De este modo, la vida de fe, el ser misionero implica nunca cansarse de anunciar el evangelio, nunca decir que ya se ha dicho todo. Es la capacidad de reconocer que Dios está con nosotros y nunca dejar de caminar. Siempre dar a conocer a Dios y anunciar que nunca nos deja solos, anunciando siempre lo nuevo que hace en mí.
No llevar dos túnicas. La túnica dentro del pensamiento bíblico representa la personalidad. Por tanto pedir que no se lleve dos túnicas es la invitación a reconocer que para anunciar el evangelio no se puede tener dos caras, no puede existir un doblez de vida. Al contrario es la invitación a ser transparente, a ser sencillo y vivir de igual modo en todo momento tratando de mostrar que si Dios nos ha transformado, entonces es lo mismo que tenemos que reflejar. Es imposible el anuncio del evangelio si nosotros ponemos diferentes caras, si coloco una en el templo, so pongo otra con los amigos, si la cambio con mi familia, vamos mostrando diferentes rostros, diferentes personalidades y ello implicaría que no demostramos como nos ha renovado Cristo y podríamos pasar por hipócritas, pero no como testigos de la fe.
Vivir nuestra fe y anunciarla implica dejarnos guiar por Dios,, confiando en su fuerza, estando siempre dispuestos al cambio y dejando que el Señor nos transforme para ser de una sola pieza. Esta es nuestra misión como bautizados y por ello debemos cumplirla teniendo en cuenta esto que Jesús nos pide.

7/7/09

Somos débiles

Meditación para el XIV Domingo Ordinario
Ciclo /B/

Textos:
Ezequiel 2,2-5
2 Corintios 12,7-10
Marcos 6,1-6

Una de las situaciones de las que generalmente no nos gusta hablar en nuestra vida es de nuestra debilidad, de nuestras fallas. Porque es difícil reconocer ante los demás nuestra pequeñez, nuestro límite y más aún nuestro fracaso. Aunque no nos guste hablar de ello, sin embargo es una realidad que surge en nosotros, porque a veces se truncan nuestras metas, cuando nuestros planes no salen como pensábamos, cuando descubrimos que nos equivocamos, o bien nos damos cuenta que no podemos hacerlo todo. Estos fracasos a veces se dan por el medio en donde vivimos, se da porque tenemos límites, o por las circunstancias sociales. Aún así nos refleja nuestra debilidad. Sobre esta situación nos habla el día de hoy la liturgia.
En primer lugar la primera lectura nos presenta el caso de Ezequiel que es enviado por Dios «He aquí que te envío a hijos de duro rostro y de empedernido corazón.» Con esto Dios le muestra a Ezequiel que no será fácil su misión, y no será sencilla, no porque él sea malo o porque Dios no esté con él, sino que será malo porque El pueblo es duro de rostro, es decir, su identidad como pueblo es difícil, cerrada, incapaz de descubrir que es lo que Dios les quiere decir.
Muchas veces nuestros planes y misiones se ven complicados precisamente porque la gente a nuestro alrededor no escucha, no quiere entender. Ahí se ve nuestra fragilidad, cuando tenemos un auditorio duro y difícil. Sin embargo, no por ello hay que claudicar, sino seguir adelante, no desalentarnos, sino seguir. Así, sucede con el profeta, no porque sea difícil el pueblo dios le dijo: “no vayas” “ni le intentes, no vale la pena”, al contrario, le advierte que es difícil, pero no imposible.
Esta misma idea aparece en el texto del evangelio, cuando Jesús llega a su pueblo natal Nazaret, lugar donde nació, donde vivió; sin embargo no es recibido con un gran galardón sino con discordia e incredulidad, mostrando que a veces los duros de corazón son los más cercanos y los más allegados: «¿De dónde tiene éste estas cosas? ¿Y qué sabiduría es esta que le es dada, y estos milagros que por sus manos son hechos? ¿No es éste el carpintero, hijo de María?… ¿No están también aquí con nosotros sus hermanas
Con esta serie de preguntas lo que hacen es poner en tela de juicio su ministerio en varios niveles:
La primera interrogante brota cuestionando su origen: «¿De dónde tiene éste estas cosas?» No entienden de donde pudo sacar esas, ellos no saben de dónde sale todo lo que Jesús dice y por esa razón no pueden controlarlo, de ahí que brote su incredulidad.
En segundo lugar dudan de su conocimiento: «¿Y qué sabiduría es esta que le es dada?» Reconocen que hay grandes conocimientos, incluso un carpintero ciertamente no es un inculto, sin embargo lo que aquí hacen los compatriotas de Jesús es dejarlo en mal, pues al no entenderlo totalmente y no saber de dónde saca sus conocimientos es mejor ponerlo en tela de juicio, para no comprometerse.
En tercer lugar sus lazos familiares: «¿No es éste el carpintero, hijo de María, y sus hermanos?… ¿No están también aquí con nosotros sus hermanas?» Ellos conocen a su familia, y en lugar de darle crédito lo minusvaloran a él y su familia. Sobre todo al nombrar a su Madre indican que lo que Jesús hace no está bien, de ahí que ni su padre sea nombrado con el fin de reconocer que está mal, y nombran a su madre para denigrarlo. Hablan de sus hermanos marcando que en realidad no tiene nada que ver con ellos, sin llegar a captar que Jesús ha venido formar una nueva familia.
Muchas veces pudiéramos también ser incrédulos y no permitir que la otra persona se exprese tal cual es, o bien que inicie un cambio. Y por ello impedir que el otro cambie su miseria. Pero regresando a lo que reflexionábamos, a veces la gente de nuestro alrededor no cree en nosotros, no confía y eso nos deprime y hace que fracasemos, que disminuyamos en nuestra vida. Pero debemos de reconocer de lo que nosotros somos capaces sin importarte lo que el otro diga, aunque a veces ciertamente es tan lacerante que no permite nuestra realización. Si embargo debemos creer en nosotros y en lo que podemos e iniciar una trasformación total de nuestro ser. Y reconocer que a veces no seremos aceptados ni «en nuestra patria, ni con nuestros parientes, ni en nuestra casa» (= los cercanos a nosotros), parafraseando a Jesús.
Pero así como a veces, sale a flote nuestra debilidad por los demás, también sale a flote por nosotros mismos, porque también tenemos miserias y fragilidades en nuestro ser, y sobre esto nos habla la segunda lectura: «Me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera.» San pablo habla de un aguijón, al cual se le ha dado diversas interpretaciones: Se refería a las tentaciones, las persecuciones, a alguna enfermedad; sin embargo aquí lo que importa es descubrir que está atormentado por algo que le debilita, por sus fragilidades, sus límites y pequeñeces. Pablo es consciente de su fragilidad, de su indigencia.
Esta confesión de Pablo debe ayudarnos a todos a descubrirnos que al igual que él somos débiles, limitados, en otras palabras somos necesitados. Pero, aún en medio de esa fragilidad reconoce que no está solo, que no está arrojado al sin sentido, al vacío. No se descubre encarcelado en su fragilidad, sino que hace una relectura de su vida, una relectura llena de fe: «Te basta mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad […] Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte
San Pablo descubre que en medio de su debilidad lo único que le basta es la gracia de Dios. Sólo Dios puede ayudarnos para seguir adelante. Tenemos tropiezos, errores y fragilidad, sin embargo, si Dios está de nuestro lado todo lo podremos lograr, todo será alcanzado porque la gracia de Dios, la fuerza auténtica que hace que todo se renueve puede transformar nuestra vida totalmente. Y entonces no deberemos de temer a nuestras debilidades, porque son parte de nuestra vida, no podemos escapar de ellas; y a pesar de esto nos ayuda a reconocer que somos seres necesitados, que requerimos de los demás y sobre todo de Dios. Y si necesitamos de Dios nuestra debilidad, la podremos presumir porque sabemos que encima de todo está Dios quien nos fortalece, y ayuda para salir adelante en nuestra vida. Y ahí en donde nos descubrimos débiles vemos la fuerza, porque Dios hace que esa aparente fragilidad o sea superada o se convierta en sí misma en una fuerza renovadora capaz de transformar todo el mundo.
Seremos débiles a los ojos del mundo porque creemos y confiamos, seremos porque perdonamos y amamos, pero esa debilidad es fuerza; más aún seremos débiles, incapaces de muchas cosas, limitados, pero a pesar de todo desde nuestra pequeñez sacamos todo adelante, con ánimo, con gozo, con fuerza, porque es Dios que nos anima y renueva. Muchos dirán que no son inteligentes pero con su ánimo y gozo lograrán más que los grandes eruditos; otros dirán que no tienen grandes medios para sobresalir o hacer proyectos, pero con lo pequeño se pueden hacer grandes cosas; otros dirán que con su enfermedad no pueden salir adelante, pero con la ayuda de Dios se convertirá en móvil para anunciarlo y convertir la vida de los demás, lo importante es no decaer, no sentirse desanimado o triste, sino lleno de gozo y totalmente transformado con la gracia de Dios, que nos hace fuertes.
En conclusión, podemos decir que somos débiles en nuestra realidad, a veces porque nuestro entorno no es favorable para sacar algún plan, o bien porque la gente que nos rodea no muestra credibilidad en nosotros y nos descalifica o bien porque en nuestra vida tenemos fallas, limites y no lo podemos hacer todo lo importante es que a pesar de esto no nos rindamos, fiémonos de Dios y salgamos adelante y aún en nuestra fragilidad permitamos que sea él quien nos ayude a salir adelante porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.

29/6/09

Ser Iglesia

Meditación en la solemnidad de san Pedro y san Pablo
Textos:
Hch de Apóstoles 12,1-11
2 Carta a Timoteo 4,6-8.17-18
San Mateo 16, 13-19

Hoy en la fiesta de San Pedro y san Pablo, la liturgia nos la oportunidad para reflexionar en nuestra identidad como Iglesia. Nos muestra qué quiere decir que pertenezcamos a la Iglesia. El texto del evangelio parece darnos un aproximado a lo que quiere decir nuestra identidad eclesial.
Primeramente Jesús pregunta sobre su identidad. Sólo podernos entender nuestra identidad como iglesia, a partir de lo que Jesús significa para nosotros. La pregunta que Jesús hace es vital para entender nuestra vida de fe, puesto que es necesario sincerarnos y reconocer que papel juega Jesús en nuestra vida. A lo mejor Jesús es simplemente algo pasajero, sólo me acuerdo de Jesús de vez en cuando, cuando necesito un favor, cuando padezco una necesidad, pero de ahí en fuera me olvido totalmente de Jesús. O a lo mejor Jesús es simplemente algún personaje importante en la historia, pero sólo es algo del pasado que hoy en día no me importa.
Reconocer a Jesús quien es vital para reconocer nuestro papel en la Iglesia, y es Pedro quien nos marca quien es Jesús: «Tu eres el Mesías el hijo del Dios vivo.» manifestar que es el “Mesías” implica que en Jesús se cumplen todas la expectativas del Antiguo Testamento. Es el sentido de toda la historia del pasado. Ello implica que Jesús es la plenitud de la historia, de nuestra vida. Ser Iglesia implica reconocer que Jesús es quien da sentido a nuestra vida, que Jesús no nos deja, que Jesús es quien ilumina mi vida, quien me ayuda, me impulsa para seguir adelante. Sería importante que en este día nos confrontáramos y descubriéramos que tan importante es Jesús en nuestra vida, qué tanto nos ayuda y da sentido a mi vida la presencia salvadora de Jesús. En segundo lugar llamarlo “hijo del Dios vivo”, nos remite a la acción salvadora en el presente y el futuro, puesto que Dios vive, Dios nos transforma aquí y en el futuro, por tanto Jesús es el hijo del Dios vivo en cuanto que da sentido a nuestro caminar hacia el futuro. Ser Iglesia se entiende desde Jesús que nos anima y caminamos junto con él pues da sentido y plenitud a nuestra vida.
Por tanto, nuestro primer punto es fundamental: pertenecer a la Iglesia es pertenecer a Cristo. En segundo lugar Jesús le dice a Pedro que sobre esa piedra construirá a la Iglesia, de ahí que ser Iglesia es ante todo ser comunidad. Por tanto la Iglesia no se entiende como una isla, sino que debe de ser vida en común. Ser Iglesia implica construir comunidad. Ser Iglesia implica ir estrechando lazos, estrechar la mano para caminar juntos. No se puede pertenecer a la Iglesia si simplemente vamos siendo egoístas, si vamos causando divisiones, si levantamos chismes o dejamos de hablar a los demás.
Pertenecer a la Iglesia es tener la capacidad de construir, es la capacidad de atraer a los demás y estar en perfecta comunión. Para ello es importante que primeramente se vayan trazando lazos de unión entre los miembros de una familia. Para que esto sea una realidad es necesario que se lleve a cabo un dialogo constante, que rechacemos la violencia, vivir en actitud de perdón, tratar de ayudar a los demás, preocuparnos por los hijos o padres, escuchar a los diferentes miembros de la familia venciendo la indiferencia. Cuando tratamos de acercarnos a los demás ara que vivan mejor es ahí en donde comienza el momento de unidad. Ser Iglesia implica renunciar a todo tipo de apatía, de rencor, de indiferentismo.
En tercer lugar el texto evangélico nos muestra que Jesús le da la promesa a Pedro para que los poderes de los infiernos no prevalecerán sobre la Iglesia. Los infiernos refiere al lugar de los muertos, por tanto es una promesa en la cual Jesús promete a vida de la Iglesia la fuerza suficiente para vencer la muerte. De ahí que como Iglesia debemos vencer todo aquello que produce la muerte, vencer los odios, la violencia, los rencores; todo aquello que causa en nuestra vida una situación de muerte, de destrucción. No podemos decir que la muerte, la destrucción es más fuerte que nosotros porque no es así, el cristiano tiene por la gracia de Jesucristo la capacidad de vencer todo aquello que le limita y le destruye. Ser Iglesia por tanto es tener la capacidad de ir venciendo nuestras destrucciones, nuestros elementos de muerte e ir generando una cultura de vida y de amor.
Finalmente Jesús hace una promesa de atar y desatar: «Todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo.» Con esto Jesús da potestad a Pedro reconociéndole que tiene una autoridad para dar y generar salvación en la vida de la iglesia. Atar y desatar para dar todos los elemento necesarios a fin de presentar el camino de salvación. Lo que la Iglesia nos enseña en el fondo es camino de salvación, cuando prohíbe algo, sanciona ciertas cosas, lo hace única y exclusivamente para proporcionar la salvación y lograr vivir totalmente el evangelio.
Si esto lo aplicáramos a nosotros mismos, a nuestro ser Iglesia, podríamos descubrir entonces que nuestras acciones repercuten para nuestra salvación. Deberíamos de atar todo aquello que nos favorece en nuestra vida, para que se quede con nosotros y eso nos guíe en el camino de la salvación. Desatar aquellos sentimiento o acciones que no nos sirven para nada, y lejos de ayudarnos nos impide nuestra realización. Con esto se nos invita a descubrir que se Iglesia es buscar a toda costa nuestra propia salvación, con la ayuda de la gracia de Cristo.
Ser iglesia por tanto es una tarea importante, y al celebrar a san Pedro y san Pablo estamos comprometiéndonos a vivir como ellos adentrándonos en Cristo, construyendo comunidad y buscando a toda costa nuestra salvación por medio de las directrices del Evangelio.

28/6/09

Todos podemos cambiar...

Meditación en la misa vespertina de la vigilia en la solemnidad de San Pedro y san Pablo

Textos:
Hechos de Apostóles 3,1-10
Gálatas 1,11-20
San Juan 21,15-19

A veces creemos que ser hombres de fe implica la perfección en la vida, como si nada malo se hiciera, incluso para muchos parece totalmente distante la experiencia de la fe pues llegan a decir “Yo no puedo ser creyente si soy malo”la fe para mi no es posible si no soy santo”, “la religión es para los que se portan bien.” Con estas y otras expresiones se trata de decir que la religión es simplemente para un grupo de elegidos, totalmente distante a nuestra realidad.
Hoy celebramos la misa de vísperas de san Pedro y san Pablo, esta celebración nos pone de frente a estos dos pilares de la Iglesia y de cara lo que significa iniciarse y vivir la vida de fe. Podemos ver la realidad y la vida de estos dos personajes, que no son precisamente unos santos al inicio de su vida de fe.
En primer lugar nos encontramos con Pedro en el relato del evangelio, y ahí podemos ver retratado a un traidor, un discípulo que ha negado a su maestro y se dio a la fuga y ahora así como le negó tres veces, Jesús viene a darlo el perdón, vine a reconfortarle con una triple pregunta que sirve para que interiorice en su vida. «Simón, hijo de Juan ¿Me amas más que estos?» Con esta pregunta Jesús trata de confrontar a Pedro para que se de cuenta quien es él, lo que ha hecho, lo que ha pensado.
Pedro reconoce su pequeñez, su fragilidad y simplemente le dice: «Si Señor, tu sabes que te quiero» y con esta respuesta Pedro reconoce su flaqueza, su pequeñez y su pecado. Pedro no le contesta que lo ama, sino que simplemente dice que le quiere, mostrando que en realidad hay sólo un pequeño afecto por el Señor, pero no la capacidad del amor. Podemos descubrir entonces que edro es pecador, limitado, pero a pesar de eso Jesús no lo regaña, no lo critica, ni le hace sentir mal, al contrario inmediatamente le encomienda una misión: «Apacienta mis ovejas.» Jesús sabe que es pequeño, pero que es alguien que camina, que sigue adelante, que no se rinde, sino que puede más y por ello le encomienda que continúe con su misión.
Podría a primera vista parecer absurdo que Jesús le encomiende pastorear a las ovejas cuando le ha negado y le ha fallado. Pero Jesús no piensa con los criterios del mundo interesado y materialista, Jesús juzga desde la misericordia y sabe que Pedro es capaz de esto, que nunca le abandonará. Ha fallado, pero le hace más fuerte y capaz de tomar con responsabilidad su tarea. Jesús da una nueva oportunidad.
En segundo lugar la figura de san Pablo, cuyo año estamos concluyendo, nos presenta su identidad él mismo en la segunda lectura: «Pues ya están enterados de mi conducta anterior en el Judaísmo, cuán encarnizadamente perseguía a la Iglesia de Dios y trataba de destruirla.» Descubrimos en Pablo otro traidor, otro que buscaba incluso destruir a la misma Iglesia.
Podemos ver en san Pablo un hombre que conocía de Dios, un hombre docto, que había estudiado las Escrituras, que era fariseo. Y este celo por la verdad, un celo por la Ley, le llevó incluso a perseguir a la Iglesia. Si lo viéramos con unos ojos mundanos, este hombre sería un mal modelo en la vida de la Iglesia. ¿A quién se le ocurriría ponerlo de ejemplo so quería destruir a la Iglesia? ¿Quién lo pondría de apóstol si es un ser violento? Al único que se le podría ocurrir eso sería al mismo Dios: «Mas, cuando Aquel que me separó desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia, tuvo a bien revelar en mí a su Hijo, para que le anunciase entre los gentiles
Con esto idea san Pablo trata de mostrarnos que nadie está fuera de la oportunidad de pertenecer a la Iglesia. Dios está dispuesto a llamarnos a todos. Si el mismo Pablo fue perseguidor y después es llamado a anunciar el evangelio quiere decir que todos podemos cambiar de vida y empezar a transfórmala totalmente.
Ser creyente no es para los bien portados únicamente, ser creyente es para los pecadores, para los perseguidores, para los traidores, porque Dios sabe quienes somos, sabe de lo que somos capaces de hacer, sabe que tenemos la fuerza para destruir, y que esa misma fuerza encaminada con su acción es capaz también de construir, de anunciar y de transformar el mundo.
No vale decir que porque somos malos no podemos ser hombres de fe, de lo contrario hoy no podríamos estar celebrando a estos dos pilares de la Iglesia, que en su momento negaron y persiguieron a Jesús pero que finalmente dieron su vida por él y por el evangelio. Si no somos capaces de cambiar, no es por nuestro comportamiento anterior, sino porque no queremos hoy iniciar el auténtico cambio.
En la primera lectura podríamos vernos retratados, hay un paralítico en la puerta “hermosa” del templo. Y estar paralítico representa que se es incapaz de iniciar un camino, de romper con las esclavitudes y con el pecado. Curiosamente este hombre es incapaz de romper con su pecado e iniciar un camino hacia el templo, hacia Dios. Este hombre sólo se queda a la puerta del templo, no entra, ahí podemos ver retratados a todos los que creen en Dios pero no dan el paso para encontrarse con Dios, para cambiar su vida, porque viven de manera conformista, incapaces de iniciar un camino nuevo.
Y ahí a la puerta del templo es san Pedro quien le da a Cristo, para que pueda caminar: «No tengo plata ni oro; pero lo que tengo, te doy: en nombre de Jesucristo, el Nazoreo, ponte a andar.» Es lo único que se necesita para caminar y transformar la propia vida: Tener a Cristo. Inmediatamente este hombre se pone de pie y va entrando al templo, entra a encontrarse con Dios.
Que el en esta celebración el Señor venga a nuestra vida y reconociendo nuestras fragilidades, nuestro pecado, dejemos que el Señor entre y nos haga capaces de caminar, capaces de iniciar un camino nuevo. Que nunca digamos que no podemos cambiar o que no podemos vivir realmente nuestra fe, al contrario que realmente dejemos que Cristo venga, nos levante y caminemos hacia una vida totalmente diferente.

Acólitos...

Meditación con motivo de una toma de sotanas

Hoy en mi parroquia el grupo de acólitos recibió su sotana para servir en el altar y justo hoy a unas horas de celebrar la fiesta de san Pedro y san Pablo, pues ellos son el grupo de acólitos san Pedro y san Pablo, de la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe y por ello quisiera ofrecer una pequeña reflexión al respecto.

Ser acólito implica un compromiso con Dios y con la Iglesia, no se es acólito para irla pasando o para escaparse de su casa y no hacer las tareas cotidianas. Ser un servidor del altar es sobre todo hacer un espacio en la vida, para que desde la niñez reconozcamos el valor de Dios en nosotros.
Si hoy se les impone su sotana es porque quieren revestirse de Cristo a lo largo de toda su vida. La sotana no es sólo el uniforme para subir al altar, es un signo de que queremos estar cubiertos por Cristo, queremos que Él nos ayude a seguir adelante, que el sea nuestro modelo a seguir. Cada vez que un pequeño acólito se pone su sotana esta mostrando al mundo que ha dejado un espacio a Dios en su vida, que Dios es importante para él. Ponerse su sotana es permitir que Cristo sea su vestidura, que su comportamiento sea como el de Nuestro Señor.
En segundo lugar servir al altar es algo muy importante porque estamos ayudando a que la celebración de la misa se lleve de la mejor manera. Por tanto nuestro comportamiento en el altar debe ser el mejor posible para demostrar a los demás el valor que tiene la misma celebración en nuestra vida. Cuando algo es importante para nosotros siempre tratamos de que todo vaya quedando bien. De ahí que el servicio del altar debe ser lo mejor.
Finalmente nuestra vida debe de ser distinta, pensar diferente, porque al servir al altar, participamos contantemente en la Eucaristía y dejamos que Cristo vaya entrando en nuestra vida. Portándonos lo mejor posible. Debemos esforzarnos, por tanto que Cristo sea nuestro modelo de conducta en todo lugar.
Finalmente, hoy recibirán una cruz, la cual no es de adorno es para recordarnos que Cristo ha dado su vida por nosotros y que por esa razón debemos siempre imitarlo y acercarnos a él, renunciado al materialismo y permitiendo que sea Jesús y no la moda o los productos quienes vayan guiando nuestra vida.

Felicidades…

27/6/09

«…y se alegraban con ella»

Meditación para la Solemnidad de la natividad de san Juan Bautista

Textos:
Isaías 49,1-6
Hechos de Apóstoles 13,22-26
San Lucas 1,57-66.80

El día de hoy 24 de junio la iglesia celebra la solemnidad del nacimiento de san Juan Bautista, y podríamos preguntarnos ¿Qué quiere decir esta fiesta para nuestra vida de fe? ¿Sólo hay que celebrar un nacimiento de un niño? Ciertamente que no. Si hoy celebramos esto implica que hay una fuerte repercusión para nuestra vida de fe. Y el texto del evangelio parce indicar el sentido de esta fiesta: «Sus vecinos y parientes que el Señor le había hecho gran misericordia, y se alegraban con ella
El nacimiento de san Juan está encuadrado en un contexto de alegría. Eso quiere decir que cuando Dios actúa en la vida del hombre debe de traer alegría. Y la alegría se debe al don de la vida, puesto que si Dios ha actuado es permitiendo que la anciana pareja de Isabel y Zacarías tengan un hijo, tengan vida en su ser. Por tanto la intervención de Dios es una intervención que debe generar vida.
Así, esta fiesta es una invitación para que cada uno de nosotros abra bien los ojos y descubra como es que Dios genera vida en nuestra realidad. De ahí que brote la alegría. La alegría es el distintivo del cristiano y debe de vivirse de una manera intensa en la medida en la que se sabe lleno de Dios, en la medida en la que va descubriendo que Dios no nos deja, ni nos abandona, sino que constantemente nos va haciendo fecundos.
Este don de la vida que Dios nos va dando se va mostrando en la medida en la que el hombre deja su egoísmo, su tristeza, su rencor, su soberbia, su destrucción. Porque cuando Dios entra nos transforma, nos renueva y nos llena de vida y eso es para alegrarse, es para gozarse en la presencia de Dios. Porque Dios nos da vida cuando entra el perdón, la misericordia, la paciencia, la comprensión, la reconciliación, y es ahí en donde comienza a darse la vida que viene de Dios.
Lo importante es permitir que la vida vaya floreciendo en cada uno de nosotros. Para ello hay que estar disponibles para la acción de Dios. Tal y como Isabel y Zacarías lo estuvieron. El texto nos muestra que todos querían llamar al niño Zacarías como al padre, sin embargo el don de Dios tiene otros objetivos en la vida y para ello es importante reconocer lo que Dios quiere. De manera simbólica se discute sobre el nombre del niño y con ello nos presenta un tema de transformación.
El nombre para el hombre de la biblia, no se limita simplemente a un conjunto de sonidos. El nombre es la identidad y la misión de quien lo porta. Si todos quieren que el niño se llame Zacarías se debe a que están atrapados a sus costumbres anquilosadas y quieren que ese niño continúe con lo antiguo, con la herencia del pasado. Pero Dios no quiere eso, Dios desea que se llama Juan, porque quiere iniciar un proyecto nuevo, un proyecto que no tiene nada que ver con el pasado, de ahí que todos digan «No hay nadie en tu parentela que tenga ese nombre.» No hay nadie con ese nombre en esa familia, porque lo que Dios da es un nuevo proyecto que sólo en la medida en la que se acepte podrá transformar todo el proyecto de salvación.
Y descubrimos como Isabel y Zacarías anuncian que el nombre del pequeño es Juan, mostrando que ellos anhelan el proyecto de Dios. Si Dios ha intervenido en su vida es para que todo cambie, para transformar al hombre, no podemos encerrar todo en nuestros esquemas y eso es lo que produce alegría, porque todo se transforma.
Es momento de decidir y descubrir si queremos cambiar nuestras vidas y nuestra identidad y que la vida vaya fluyendo en nuestro ser. Y que nuestro nombre vaya siendo perdón, misericordia, verdad. Y esto es cuestión de gozo y de gran alegría porque podemos iniciar una nueva vida en cada uno de nosotros.
Este día celebramos el nacimiento de Juan Bautista, y es una invitación para que la acción de Dios vaya naciendo también en cada uno de nuestra realidad.

24/6/09

Somos profetas ¿y hombres de oración?…

Meditación para la misa vespertina de la vigilia de la natividad de san Juan Bautista

Textos:
Jeremías 1,4-10
1 Pedro 1,8-12
San Lucas 1,5-17

El día de nuestro Bautismo cada uno de nosotros fuimos ungidos en la coronilla de la cabeza en señal de que somos sacerdotes, profetas y reyes. De modo que todos somos profetas y sobre esto parece llevarnos la liturgia del día de hoy al celebrar la misa de vísperas de la solemnidad de san Juan Bautista.
Ser profeta consiste en dos misiones fundamentales: Anunciar y denunciar. Profeta es aquel que anuncia el Reino, es quien anuncia el amor, la justicia, la misericordia, la verdad, en otras palabras la vivencia del Evangelio. Y este anuncio debe de ser doble, pues debe anunciarse con las palabras, con los discursos, pero también debe hacerse sobre todo con la vida misma, con el testimonio, encarnado las verdades que con la boca se anuncian.
El profeta no sólo debe de anunciar el Reino, sino que debe denunciar todo aquello que se opone a él y a su proyecto. De ahí que el profeta debe de alzar la voz y denunciar la opresión, la esclavitud, los vicios, la violencia, la injusticia, la corrupción, es decir, todo aquello que no permite la realización del hombre, que le ata y le destruye en su vida social y su dignidad. Ese es la misión del profeta y entonces podríamos decir ¿Cómo poder hacerlo efectivo en nuestra vida? El texto del evangelio parce darnos una respuesta mostrándonos las líneas fundamentales para entender nuestro profetismo.
El texto del evangelio nos marca como Zacarías le toca entrar a ofrecer el incienso y con ello nos muestra que se introduce para iniciar un momento de oración. Él ya era alguien entrado en días, alguien estéril y por tanto, lo único que le queda es orar por todos, ya no piensa en sí mismo, sólo se dedica a hacer oración a favor de los demás y ahí en medio del incienso y de la oración del pueblo, se aparece el arcángel, para dar el anuncio de una nueva era. Nacerá un niño y con ello nacerán nuevas expectativas. Juan Bautista se convierte en el inicio de una nueva época.
Lo importante es que este anuncio de salvación y esperanza no se da casualmente, sino que se da en un contexto de oración. Ora Zacarías y ora el pueblo y ahí se da el don del profetismo que ha de animar al pueblo, en la figura de san Juan Bautista.
Esto nos quiere indicar que la única manera de vivir nuestro profetismo es por medio de la oración. Sólo se puede anunciar el Reino partiendo de la experiencia de Dios. Sin oración lo que anunciamos es hueco, vacío, sin forma, es algo estéril. Cómo hablar de Dios sin no hablamos con él, si no permitimos que entre en nuestra vida y nos transforme. Muchas iniciativas pastorales y discursos muchas veces quedan de manera estéril porque no parte de la oración, parten simplemente del propio esfuerzo, de la soberbia intelectual; pero no brota del sencillo diálogo del hombre con Dios.
Sólo se puede ser profeta auténtico se hace oración. Sólo se puede hablar efectivamente de Dios se parte del encuentro con él. Sólo se puede denunciar si se parte de la oración, viendo todo desde Dios, viéndolo desde el Señor. De lo contrario la denuncia podría ser muy subjetiva, muy pasajera, demasiado ambigua. Podría convertirse en una denuncia a favor de mis intereses personales, pero no a favor del Reino.
Todos somos profetas, y tenemos la misión de ejercitar este carisma desde el día de nuestro bautismo, pero ¿qué tanto permitimos que sea Dios el que hable por medio de nosotros? Cuantos papás tratan de hablar con Dios a sus hijos, pero sin oración, es algo inútil y estéril.
Este es un día, por tanto, para analizar que tan buenos profetas somos, pero sobre todo para ver que tan buenos hombres de oración somos de lo contrario, nuestras doctrinas, nuestras catequesis, nuestros discursos, serán nada más mera palabrería sobre Dios, pero vacíos de Dios, y seríamos sólo profetas del rollo, de la palabra, pero vacíos de Dios y llenos de nuestro ego e improvisación.

21/6/09

Día del Padre

Meditación con motivo del día del padre

Hoy en el evangelio de este XII domingo ordinario escuchamos como Jesús vence las fuerzas del mal que se opone al proyecto de Dios representado de manera simbólica por medio de una tormenta. Esto nos lleva a descubrir que Jesús nuca nos deja solos en medio de las tormentas de la vida.
Hoy esto lo podemos aplicar a los padres, en este su día. Porque tener un papá es precismante tener a alguien que nos ayude, que nos ilumine, que nos guíe en medio de la vida para salir con fuerza y ánimo en medio de las tormentas. Por ello creo importante hacer una breve reflexión sobre la paternidad:
La paternidad es un don de Dios, un don que aparece a partir del acontecimiento de la vida. Dios concede que en la vida del hombre exista la posibilidad de dar la vida y con ello iniciar el proyecto de vida. Celebrar hoy a los papás en el fondo es agradecer que Dios les da la posibilidad de dar vida.
La paternidad implica un compromiso de estar disponible para ayudar, comprender y estar cercano a aquellos que le necesitan.
La paternidad es aprendizaje, porque nadie nace sabiendo ser padre, sin embargo va aprendiendo, va equivocándose, va teniendo aciertos, haciendo de él un padre, el mejor de los padres, porque tiene al mejor de los hijos.
La paternidad es amor, porque es necesario darse totalmente a sus hijos, amándoles, preocupándose por ellos, dándoles lo necesario para su vida, pero sobre todo dándose a sí mismos y todo su tiempo para que vayan creciendo en compañía de quienes se aman mutuamente.
Qué este día del padre se valore el papel del papá y pedir para que todos sean siempre buenos padres.
Que el Señor les conceda a todos los papás la luz necesaria para saber guiar a sus hijos en medio de las tormentas, la fuerza para animarlos y la sabiduría para recordar que Dios les ha puesto un regalo y una misión maravillosa en su vida.

FELICIDADES PAPÁ!!!!

20/6/09

«Jesús se había puesto a dormir en la popa»

Meditación para el Domingo XII Ordinario

Textos:
Job 38,1.8-11
2 Corintios 5,14-17
San Marcos 4,35-41
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Dentro de la vida del hombre se suelen presentar problemáticas en su historia que le van impidiendo salir adelante. Problemáticas de diferentes índoles. Problemas familiares porque no sabe como solucionar algunas disputas que han surgido entre ellos, porque los hijos son rebeldes, porque el matrimonio no está caminando bien, porque hay fracturas al interno de los miembros de la familia y ya no se hablan. Problemas económicos, porque hay deudas terribles, no hay trabajo, no hay medios para salir a flote de esta situación. Problemas internos porque hay una enfermedad terrible que va carcomiendo nuestra vida, porque parece que vivimos arrojados al dolor, pues por dentro nos sentimos débiles o solos. Incluso vamos por la vida tristes porque un ser querido ha fallecido y n sabemos que hacer para salir de esa tristeza.
Podemos decir que en muchas ocasiones nos topamos con nuestros límites y eso nos debilita en nuestra vida de fe, pues en esas situaciones pareciera que Dios nos deja, nos abandona. Creemos que nuestra vida ya no tiene ningún sentido. Vamos caminando sin sentido y con un gran dolor. “Dios nos ha dejado pues me ha dejado sólo en esta enfermedad”, “Estoy condenado al sin sentido”, “Estoy solo en esta vida”, “¿Por qué Dios se llevó a este familiar que lo es todo en mi vida?
Sobre esta dura situación nos ilumina el texto del Evangelio del día de hoy. Se nos presenta a los discípulos y a Jesús en la barca, figura de la Iglesia, en medio del mar sufriendo los estragos de una tempestad. El mar dentro de la Escritura es el símbolo de maldad, de todo aquello que limita e impide que el hombre se realice. Por tanto, cuando nos topamos con la figura del Mar, no encontramos con la maldad que oprime y esclaviza al hombre, la maldad que hace estragos en la vida del hombre, impidiéndole realizarse y logrando que se frustre y arrojándolo al sin sentido en la vida.
El texto nos muestra que «En esto, se levantó un fuerte torbellino de viento y las olas irrumpían en la barca.» Encontramos una situación crítica dentro de la comunidad, se desata una tormenta y con ello pareciera que todo está perdido pues amenaza con hundir la barca. Cuantas veces nos encontramos así, en medio de las tormentas que van sacudiendo la barca. La tormenta de la desilusión, de la desesperación, del agobio, de la tristeza. Comienzan a sacudir fuertemente esta barca. Pareciera que ya nada se puede hacer, pareciera que todo está condenado al fracaso, a la desilusión, estamos condenados a hundirnos. Esta figuras de la barca zarandeada, es la figura del hombre violentado en su vida por situaciones que le rebasan.
Sin embargo lo temible en sí mismo no son las olas que amenazan con volcar la barca, el verdadero peligro es otro, pues el texto añade algo importante: «Las olas irrumpían contra la barca, de suerte que ya se inundaba la barca.» Si bien la barca se ve zarandeada por las olas, hay otro peligro mayos y es precisamente el agua que se mete en la barca, lo cual hace que se inunde. Aquí podemos ver un fuerte símbolo de lo que sucede en la vida de la Iglesia. El agua de afuera, es la iglesia enfrentada al mundo, la iglesia enfrentada a la mentalidad imperante, la iglesia perseguida. Pero las aguas de adentro, son las que comienzan a hundir a la barca. Son los que se han corrompido dentro de la comunidad, son aquellos que se llenan de falsas mentalidades. Esas aguas son las mas peligros porque al estar dentro de la barca la inundan, la amenazan para que no se mantenga a flote. Son aquellos que meten falas ideas al interior de la Iglesia, engañando e impidiendo que realmente se viva el evangelio. Por otro lado, también estas aguas que se adentran en la barca son aquellos que en la comunidades primitiva traicionaron a sus miembros, entregándolos a los perseguidores. De modo que, se hunde porque ellos provocan la tormenta, la corrupción está en la misma barca, o bien se han dejado influenciar por la mentalidad del mundo y se empieza a corromper.
Con este símbolo podemos encontrar que san Marcos a introducido esta figura para demostrar el verdadero peligro que se da al interior de la comunidad, y no son las olas que agolpan la barca, sino el agua que se introduce al interno dela Iglesia. Con ello podemos ver que el problema ante la tormenta es precisamente que se introduzcan mentalidades erróneas, que amenazan con hundir la barca.
El hombre ante las situaciones de peligro, de horror, de tristeza, de soledad, de desesperación, suele dejarse invadir por un sentimiento de miedo, de desánimo, de crisis, que lejos de permitirle ver por donde navegar, le va hundiendo la barca de su vida. El verdadero problema por tanto, no se limita simplemente a la tormenta, sino a el agua que se mete en la barca, porque eso es lo que realmente nos lleva a hundirnos por la vida.
El problema no son los conflictos en la familia, sino la mentalidad de la desesperación, de la tristeza que no inunda y que nos va ahogando lentamente hasta el extremo de perderlo todo. La dificultad cuando alguien muere se da cuando se pierde toda esperanza, cuando no creemos que haya lago más en nuestra vida, que la mentalidad del sin sentido, la tristeza, el abandono se hace tan fuerte que el hombre ya no puede hacer nada. La mentalidad derrotista que impide que el hombre se levante nuevamente y se esfuerce para salir adelante, eso es lo que daña. Finalmente, no es otra cosa sino una mentalidad sin fe la que nos invade y por lo cual no podemos seguir adelante en la vida, pues creemos que Dios no existe o nos ha abandonado, o peor aún que nos maldice o castiga. Esta es la mentalidad de los mismos apóstoles: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?» Se han dejado guiar por una mentalidad fatalista y por ello sólo reclaman, marcando que a Jesús no les interesa.
Sin embargo el texto parece darnos una luz muy importante: «El se había puesto a dormir en la popa, sobre el cabezal.» Jesús se duerme cuando inicia con la tormenta, por tanto está ahí en la popa. La popa está el timón de la barca. Jesús es el que conduce a la Iglesia y por tanto eso debe bastar en medio de las dificultades. El que rige la comunidad es Jesús y nada debe que temer.
Lo importante es descubrir que ahí en medio de la tormenta, Jesús no nos ha dejado, sino que permanece ahí, duerme, pero lo hace guiando a la Iglesia. Él va en la popa, el va conduciendo a la Iglesia, él va dirigiéndola en medio de la tormenta. Parece que no está ahí, no hace ruido, parece dormido, pero ahí está. Lo importante es dejarnos guiar por Jesús. Aunque todo parezca perdido, él no nos deja.
Parece ser que en la familia hay muchos problemas, por qué no dejare que Jesús nos ilumine, nos guíe, nos muestre un camino nuevo para solucionar esas dificultades. Que nos de alguna virtud, como la paciencia o la paz, para que podamos efectivamente salir adelante en medio de la tormenta.
Si algún familiar murió y crees que ya nada se puede hacer, por que no reconocer que en medio de esa tormenta triste Jesús va en la popa y te va guiando, te va acompañando, no te deja solo, sino al contrario él va acompañándote y te hace descubrir nuevas cosas para seguir adelante, si bien lo extrañas, también date la oportunidad de ver en la gente que rodea, los que están cerca de ti, que animan y ayudan para seguir adelante. Es Jesús que pone medios para que no desviemos la vida.
Si hay problemas, porque no dejar que Jesús te ponga un nuevo camino y te ayude a salir adelante. Que te de fuerza y ánimo para progresar y no detenerse.
Por tanto tenemos dos opciones en medio de una tormenta: dejar que el agua se meta y amenace con hundir nuestra barca o despertar nuestra fe y dejar que aquel que va en popa guíe a cada momento nuestra vida en medio de la tormenta. Las propuestas están en la mesa, pero la decisión es nuestra.

12/6/09

«… la semilla brota y crece sin que él sepa cómo…»

Meditación para el Domingo XI Ordinario
Ciclo /B/

Textos:
Ezequiel 17,22-24
Salmo 91
2ª Carta a los Corintios 5,6-10
San Marcos 4,26-34


En la sociedad actual está movida actualmente por dos realidades contrapuestas: Por un lado en medio de la vertiginosas sociedades movidas por los interés, los negocios, el tiempo, se da un gran activismo para hacer las cosas lo mas rápido posible, e incluso genera un cierto egocentrismo creyendo que sólo uno puede hacer ciertas cosas creyéndose indispensable, él único que puede hacer las cosas. Para ello se trata de hacer todo de la mejor manera, pero llamado la atención para que los proyectos y obras que se van realizando sean grandes, extraordinarios y llamativos, a fin de quedar bien.
Por otro lado, otra parte de la sociedad lejos de caer en ese activismo, se ve llena de un terrible pesimismo. No quiere hacer nada, ya no hay ideales, no hay metas a alcanzar, para llegar. Todo queda reducido a no hacer nada, creando un ambiente de tristeza, de soledad, de nostalgia. Con ello el hombre se encierra en su tristeza y fatalismo o bien se queda en un conformismo absoluto y absurdo. Cuántos no quieren saber nada del gobierno, del deporte, de la realidad misma que le rodea porque todo ha perdido el sentido
Ante esto surgiría la cuestionante ¿Cuál de estas dos realidades es lo mejor? ¿Vivir encerrado en sí mismo sin esperar nada y conformarse con el devenir de lo histórico dentro de la sociedad? ¿o trabajar frenéticamente para realizarlo todo, creyéndonos con la capacidad de hacerlo todo? Considero que ninguno de estos externos es el más adecuado. Y desde una visión de la fe podemos descubrir en el pasaje del Evangelio del día de hoy una respuesta a estas situaciones para nuestro camino de fe.
En primer lugar se nos presenta la parábola de la semilla que crece sola, una parábola que sólo aparece en el evangelio de san Marcos. Con esta parábola Jesús trata de manifestar una realidad vital y fundamental para la vida del creyente, pues la semilla crece sin que se sepa como sucede. Con ello, Jesús está manifestando que la vida no es sólo trabajo, un mero activismo, así como tampoco una pasividad. En la vida hay cosas que van creciendo que van desarrollándose y que es don gratuito de Dios.
Si la semilla crece sin que lo sepa el sembrador quiere decir que hay que descubrir la intervención de Dios que actúa y hace germinar. Pero ello no quiere decir que debemos ser pasivos como si todo fuese a solucionarse por arte de magia o bien en señal de que ya no queda nada que hacer porque todo es un determinismo vacío y absurdo. Como si todo fuera obra de Dios y todo lo que el hombre hiciese fuese nulo o vacío.
Pero tampoco quiere decir que en la vida hay que hacerlo todo, como si Dios no actuase. Aquí reside la mayor problemática de nuestro mundo, creemos que Dos ya no actúa, que Dios no hace nada, que sale sobrando. Creemos que todo lo tenemos que hacer cada uno de nosotros, porque Dios ya no hace nada. Y entonces nos conformamos o bien, queremos hacerlo todo. Y el hombre trata de manipularlo todo creyéndose el dueño absoluto de la vida. Es el hombre el que quiere mandar, el que quiere destruir o construir, pero nunca se percata de que Dios está en su vida. Porque la acción de Dios es sencilla y casi imperceptible, es como esa semilla que va creciendo lenta y gradualmente. Como si nada pasase. Pero al final crece y brota la semilla. Dios es así, actúa dentro de la vida, va haciendo crecer la vida, parece imperceptible porque las grandes cosas en la vida no crecen aparatosamente, sino que van creciendo gradualmente.
Muchas veces vamos por la vida queriendo sorprender con cosas maravillosas y aparatosas, pero Dios no actúa así, sino que en lo sencillo de la vida va haciendo germinar algo nuevo. La fe que recibimos en nuestro bautismo va creciendo poco a poco sin que sucedan cosas vistosas, sino que se van dando gradualmente, en la medida en la que nos acercamos a Dios, a los sacramentos. A la oración, sin que nos demos cuenta crece y repentinamente descubrimos que todos estamos llenos del amor de Dios y con una confianza entera hacia Él.
A veces parece que no hay soluciones en medio de nuestra historia, porque nos topamos con problemáticas y dificultades y parece que Dios no actúa, incluso quisiéramos que todo se resolviera repentinamente, de modo maravilloso. Pero Dios no actúa así, ni nos deja, al contrario desde lo sencillo de la vida aparece con cosas básicas, como la alegría, la felicidad, el encuentro con los amigos,
Lo que necesitamos ante todo es maravillarnos de cómo en los sencillo ocurren las cosas más grandes, lo más maravilloso, lo que nos anima a seguir adelante. De qué nos serviría una vida llena de salud, libre de deudas, sin el valor de la amistad, sin una familia con quien convivir, con una fe que nos transforma y anima a seguir adelante. Debemos maravillarnos que a pesar de las vicisitudes de la vida Dios actúa lentamente, pero nos va haciendo crecer para ir mejorando cada día e ir recibiendo los regalos de su amor.
Por tanto, Dios hace crecer todo lentamente, lo importante es saber descubrir su acción. Y esta acción de Dios va siendo en lo pequeño, sin ostentaciones pues como el mismo Jesús lo dice el reino no es otra cosa que la semilla de mostaza, una realidad pequeña pero que crece lo necesario par dar frutos necesarios, reconociendo como Dios va actuando desde lo pequeño de la vida. Lo importante es esperar, no desesperarnos y reconocer que Dios nos da lo necesario para ir mostrándonos que no estamos solos, sino llenos de su gracia y transformación. Él va actuando y mejorándonos en la vida, a veces con cosas pequeñas casi imperceptibles pero que nos ayuda a crecer y a mejorar en nuestra vida.