14/2/10

«Maldito el hombre que confía en el hombre...»

Meditación con motivo del VI Domingo de tiempo ordinario
Ciclo /C/

Textos:
Jeremías 17,5-8
Corintios 15,12.16-20
San Lucas 6,17.20-26
.
El día de hoy hemos escuchado en la primera lectura una frase profundamente fuerte: «Maldito el hombre que confía en el hombre.» Pero a que se refiere con esta expresión. Sr maldito, no implica la misma carga peyorativa que tiene en nuestra cultura. Ser maldito en el ámbito bíblico es sobre todo alguien que no está bendecido por Dios, por tanto no es portador de la palabra de Dios, y con ello es un hombre incompleto. Ser maldito se convierte entonces en un hombre incompleto, que no tiene la altura necesaria para la vida, es el hombre truncado en su historia.
Esta frase tiene por tanto gran actualidad, puesto que hoy en día el hombre vive truncado en su realidad porque su confía sólo en lo humano. Cuántas veces el hombre confía en sus solas fuerzas, en sus juicios, sus capacidades, en su opinión. Viviendo de manera que sólo se encierra en sí mismo. Cayendo desgraciadamente en un egocentrismo donde lo único que cuenta es él mismo.
Y esto es realmente incompleto, pues no es posible que un hombre sea capaz de opinar en todo y creer que sólo él tiene la razón, que sólo él es el criterio de la realidad. Cuantas catástrofes mundiales se han dado porque un hombre piensa eso, cuántas guerras se han ocasionado simplemente porque creen tener la razón, viendo sólo sus intereses.
Si lo vemos en nuestro ámbito personal, cuantas veces nuestro egoísmo, nuestra terquedad, nuestra envidia, nuestro resentimiento han provocado rupturas al interno de nuestra persona, hemos dañado a los demás, hemos alejado de nosotros a las personas que amamos, y simplemente porque queremos tener la razón, porque queremos que lo nuestro impere. O bien cuantas veces creemos que sólo una persona puede guiarnos, o una ideología, o una estructura, que finalmente nos deja incompletos, porque le falta algo, le falta un sentido, le falta una verdadera finalidad.
Por ejemplo, cuando creemos que un líder político es la solución de todo, podemos caer sorpresivamente en la cuenta que no es así puede desilusionarnos e incluso puede causarnos algunos problemas. O bien, cuando creemos que un medio es lo que resuelve nuestra vida y caemos en cuenta que no es así, podemos frústranos.
Muchas veces sólo confiamos en la moda, en lo que pienso, o lo que diga cierta idea, o cierta persona, siendo que las cosas no funcionan así. Cuántas veces dejamos de escuchar a dios porque esas son cosas para unos cuántos, para los ilusos, para los que no tienen nada que hacer, y creemos que con lo que yo vaya haciendo está bien, porque así lo digo, o bien, porque así lo dice el mundo. Y esta carencia espiritual va haciendo del hombre alguien incompleto en donde poco a poco se encuentra solo, sin orientación.
El texto prosigue marcando la importancia de escuchar a Dios: «Él es como un árbol plantado al borde de las aguas, que extiende sus raíces hacia la corriente; no teme cuando llega el calor y su follaje se mantiene frondoso…» El que escucha a Dios comienza a tener vida, puesto que los parámetros de la vida son distintos, comienza a ver todo desde una perspectiva distinta, comienza a ver todo desde la experiencia de Dios, desde criterios diferentes valorando las cosas con otros puntos de vista que al inicio no conocía. Confiar en Dios le hace valorar la paciencia, conocer las virtudes, sobre todo la vida desde la fe, que le lleva a comprender cosas que antes no sabía, que no entendía, y vivir de manera distinta, pues ahora hay nuevos parámetros, que no son los suyos, no son meramente humanos, no son los del mundo.
Vivir desde Dios, es tener una nueva vida. El texto lo expresa de una manera plástica presentándolo como un árbol plantado en las aguas, marcando la idea de la vida, marcándolo como la capacidad de dar la vida, de darle sentido a todo desde Dios. Y de manera bella dice que en medio del calor sigue frondoso, es decir, en medio de la adversidad no se abate porque se sabe capaz de tener una nueva historia, un nuevo brío, una visión distinta que le levanta y le impulsa a seguir adelante, lleno de vigor y esperanza. Esto es lo que da Dios.
Ante esto podría surgir la duda: Qué camino seguir para confiar en Dios. Parece ser que el texto evangélico nos propone ese camino para confiar en él y estar inmersos en esta visión de vida, marcando que es necesario ser pobre, tener hambre, llorar y ser perseguido.
Primeramente ser pobre remite al hombre que está totalmente abierto a la confianza en Dios. Al ponerse bajo la mirada de Dios pues descubren en Dios que es el total liberador de todas las cosas, no pone la felicidad en lo humano, sino en Dios, porque su fuerza le viene de Él. Ser pobre es confiar en él, esperar todo de Dios.
En segundo lugar tener hambre, que son aquellos que se ven dolorosamente privados de cuanto, externa e internamente, es necesario para la vida (alimento físico, amistad, valores, etc.), y reconociendo que no pueden ayudarse por sí mismos recurren a la fuerza de Dios. Serán saciados en cuanto que no se bastan de lo meramente humano, de lo meramente pasajero, sino de Dios que sacia y da lo necesario para vivir, que da el ánimo, la entereza, la esperanza y todo lo que se requiere para el caminar en medio de la historia.
En tercer lugar se habla de los que lloran, y al decir llorar no se refiere al simple llanto, dentro de la Biblia va relacionado al tema de la consolación. Los que lloran son aquellos que esperan la consolación de Dios, aquellos que esperan su cercanía para instaurar un mundo nuevo. Pero no se limita a una actitud pasiva, sino que trata de hacer presente el consuelo de Dios en medio del mundo, con la vivencia de su Palabra, haciéndolo presente con la experiencia del amor. Ellos son destinatarios de esta felicidad porque hacen presente el actuar de Dios, trayendo esperanza y luz a un mundo inmerso en la tiniebla. Ellos finalmente viven a la expectativa de lo que Dios quiera decirles, no confían en sí mismos, sino en la fuerza que Dios les da para dar las pautas del consuelo divino.
Finalmente los perseguidos, aquellos que son señalados, son calumniados por hacer el bien. Cuantas veces nos vendemos a otros proyectos, nos vendemos a lo que dice el mundo, para que no nos señalen por vivir el proyecto del amor, el proyecto del Reino. Esos son dichosos porque saben que todo lo que hacen está bien, no tienen miedo, no se retractan saben que Dios está con ellos, saben que el bien es posible, saben que el Bien se va realizando. Confían en Dios y su proyecto, se saben testigos de esto, y son portadores de una felicidad única que el mundo nunca les dará.
A primera vista esto puede ser un proyecto incongruente, complejo, difícil, pero finalmente es el proyecto que da un nuevo tipo de felicidad, que reta al mundo, pero que curiosamente da sentido a la vida del hombre. El reto es este, o aceptamos este proyecto, y nos asimos a la mano de Dos, o simplemente nos conformaremos con los proyectos meramente humanos que al final no dan la felicidad duradera y nos dejan incompletos, la decisión es nuestra…

6/2/10

«Rema mar adentro...»

Meditación con motivo del V Domingo de Tiempo Ordinario
Ciclo /C/


Textos:
Isaías 6,1-2.3-8
1 Corintios 15,1-11
San Lucas 5,1-11


Una de las situaciones más complejas en la vida es precisamente el agotamiento, la crisis espiritual. Cuando el hombre ya no quiere salir delante en su vida. Cuantas veces el hombre no quiere seguir porque las situaciones, el desánimo se van haciendo cada día más patentes. Cuántas veces los esposos ya no quieren seguir adelante en su relación matrimonial porque ya no pueden, ya no aguantan. O ya no pueden con los hijos, parece que todo está perdido. Cuando el trabajo se vuelve tan pesado que uno dice ya no puedo más, mejor me escapo de esto y no sigo adelante.
Este sentimiento se presenta alguna vez en la vida, y es lo que nos presenta la escena del evangelio del día de hoy cuando Jesús le dice a Simón Pedro que reme mar adentro, pero él dice: «Maestro, hemos estado luchando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, en tu palabra, echaré las redes.» Con esto marca la total desilusión de Pedro, al punto que como el texto lo traduce literalmente, “luchamos”, literalmente ha sido un esfuerzo, una lucha, un desgaste, y a pesar de ese terrible esfuerzo nos hemos cansado sin lograr nada. Se vislumbra lo que el hombre sufre. El hombre es aquel que lucha, pero que tiene una vida estéril.
Esta es la vida del hombre, un hombre que está deseoso de dar frutos, de alcanzar la felicidad, de encontrar un sentido a la vida y para ello se esfuerza, pero está frustrado porque no alcanza a obtenerla. Las palabras de Simón están cargadas de un profundo desánimo, de una gran pesadumbre, porque no es que no alcanzó algo que quería, sino que luchó y no lo logró. No es que estuviera sentado a ver si llegaban los peses, sino que luchó, se esforzó y nada. La Palabra de Jesús se dirige por tanto a la vida cotidiana, porque es ahí en donde debe de dar auténticos frutos, Jesús no anuncia Palabra para obtener frutos fuera de lo cotidiano. De nada serviría dar frutos en la catequesis sino los hay en la vida familiar, en el mundo del trabajo, en donde nos desarrollamos. Sino que, el fruto de la Palabra debe de surgir precisamente ahí, en donde nos desenvolvemos para nuestra vida tenga sentido desde la experiencia de Dios, de modo que Jesús no esté desligado de nuestro actuar, sino que vida cotidiana esté estrechamente ligado a la vida de fe.
Seguramente Jesús lo sabe y por ello se lo ha dicho: «Rema mar adentro, y echad vuestras redes para pescar.» Jesús quiere que el hombre surja, que no se dé por vencido, que no se rinda. Y curiosamente Jesús no dice una frase ambigua, una frase sin sentido, o lejana a la realidad, la Palabra que Jesús dirige es para lo cotidiano “Rema mar adentro”, para Pedro la pesca era lo fundamental en su vida y pero debe esforzarse en medio de su vida por seguir adelante, para no rendirse, para no desilusionarse, siempre hay algo más, siempre hay una nueva oportunidad. Es la invitación a profundizar en nuestra vida a sumergirnos en esa realidad que vivimos y a continuar con ánimo en ese caminar.
Con esta frase Jesús hoy nos lo dice claramente: “rema mar adentro”, rema mar adentro en tu vida, en tu familia, con tus hijos, con tu trabajo. No todo está perdido, no todo está dicho, siempre hay una oportunidad, siempre hay una luz en medio de toda tiniebla. Somos invitados a descubrir que no está todo perdido, que es posible salir adelante, es posible salir con fuerza, con la visión de la fe. No todo está perdido, no todo está acabado.
Esta esperanza de que todo puede cambiar se ve claramente en la bella respuesta de Simón: «Pero, en tu palabra, echaré las redes.» Estas palabras son reflejo de una fe, que a pesar de la frustración que ha vivido, confía en Jesús, en su palabra. Hay que confiar en la palabra del Señor. No hay que quedarnos a medias, sino que es necesario ver que la Palabra efectivamente puede cambiar algo, que abrirse a esta novedad podemos ver las cosas de un modo diferente.
Ahora todo puede verse de otro modo distinto, desde la confianza en la Palabra de Dios. Es el momento para lanzarse mar adentro y seguir adelante en medio de la vida. Sabiendo que es la palabra de dios la que nos fortalece, la que nos anima, y da la fuerza necesaria para seguir adelante, y no sólo nuestros mero esfuerzos, sino desde la fuerza de Dios. Así que es el momento e no rendirnos y remar mar adentro en medio de la desolación y la dificultad, a fin de que todo tome un nuevo curso, una nueva manera entender la historia, iluminados por la fuerza de Dios, cuya Palabra es poderosa, es creadora y capaz de ayudarnos a seguir adelante.

2/2/10

Renovarse...

Meditación con motivo de la Fiesta de la presentación del Jesús en el templo

Textos:
Malaquías 3,1-4
San Lucas 2,22-40

Una de las dificultades que se topan en la vida de la fe, y quizá la más difícil sea precisamente el desencanto de esta fe. Lo peor que puede ocurrir es precisamente que la persona se canse de su fe, que se desilusione, que haga ciertas prácticas o trabajos apostólicos precisamente porque no le queda de otra, porque ya se acostumbró, o simplemente porque es una mera rutina. Este es el riesgo más grande, pues la fe se va debilitando y va perdiendo el verdadero sentido.
El día de hoy estamos celebrando la fiesta de la presentación del Señor, una fiesta en donde henos escuchado precisamente que Jesús llega al templo, y llega precisamente ahí, para cumplir con las normativas de la época, pero sobre todo en la intención de san Lucas demostrar cuál es el Papel de Jesús, es decir, llevar todo a plenitud.
En el templo nos dice el texto había dos personajes peculiares Ana y Simeón, los cuales tienen una característica muy importante son ancianos, y esperan algo dentro del templo. En el fondo son signo del Antiguo Testamento que esperan la plenitud de su existencia. Pero curiosamente cuando Jesús entra el texto nos dice que sólo estos dos personajes se dan cuenta, nadie más se percata de ello, esto quiere decir, que no todos esperan a Jesús, que no todos están dispuestos a un cambio, a una plenitud de vida.
El texto nos dice que Simeón espera este momento, sabe que su vida está incompleta, sabe que algo falta y lo espera, está atento a lo que Dios le dice. El texto nos dice que es temeroso de Dios, por tanto, es alguien que vive orientado hacia Él. Es un hombre que busca algo más en su vida. Por otro lado Ana es una mujer que vive haciendo ayunos, que hace sus prácticas religiosas, es algo común en ella, pero en el fondo sabe que hay algo más, por eso cuando ve a Jesús se alegra y lo anuncia.
Ellos dos no se quedaron simplemente haciendo lo mismo de siempre, como una mera costumbre, siempre buscaron más, siempre buscaron plenitud, y la hallaron en Jesús.
Nosotros podemos tal vez cansarnos, creer que todo es rutina, o bien podemos iniciar una vida nueva siendo capaces de descubrir que hay algo más, que Dios nos llama, que Dios siempre está cerca y nos comprende. Sería inútil celebrar esta fiesta, sin tener presente que Jesús se presenta para ofrecer siempre una vitalidad, una renovación en nuestra vida de fe. Podemos estar cansados, hartos, e incluso tener nuestra vida de fe acostumbrada, pero si nos damos la oportunidad realmente renovaremos profundamente nuestra vida de fe.

30/1/10

«El amor permanece siempre»

Meditación con motivo del IV Domingo de Tiempo ordinario
Ciclo /C/

Textos:
Jeremías 1,4-5.17-19
1 Corintios 12,31.13,1-13
San Lucas 4,21-30

Uno de los temas más profundos y socorridos a lo largo de la historia, del cual se ha hablado mucho y se ha abordado de diversas formas es quizá el tema del “Amor.” Un tema socorrido pero el mismo tiempo no totalmente comprendido, e incluso muy confundido. Hoy en día se suele utilizar este vocablo para expresar una serie de situaciones y pensamientos que finalmente no son lo que significa el amor. Hoy se utiliza la palabra amor para cualquier cosa, ya sea para un afecto, para un gusto, un deseo, una amistad, etc. El mismo Papa Benedicto XVI dice: «El término “amor” se ha convertido hoy en una de las palabras más utilizadas y también de las que más se abusa, a la cual damos acepciones totalmente diferentes.» (Deus Cáritas est n.2)
Sin embrago, no sólo se usa este término para cualquier cosa, sino que se suele utilizar para confundir. Cuantas veces se habla de amor, cuando en realidad el sustrato de ello es el egoísmo, o la propia conveniencia. Cuantas veces se dice que se hace por amor, pero lo hacemos sólo para satisfacernos a nosotros mismos. Cuántas obras de supuesta caridad se van haciendo en la historia, pero en realidad no buscan el verdadero amor, sino que quieren quedar bien, o mostrar algo que les ayude a tener una buena pantalla.
Podemos decir qué el amor es algo muy gastado, y muy poco comprensivo. El tema del amor es sumamente complejo para los antiguos. Los mismos griegos utilizaban diferentes vocablos para referir el tema del amor en distintos niveles, de manera que lo que nosotros llamamos amor, con un sólo vocablo, ellos lo expresan con varios, para remitir distintos niveles y alcances del mismo. Se usaba el término “Philia” para hablar del amor de unión entre amigos, o hermanos, era un amor en donde se manifestaba esa unión entre los amigos, o la misma hermandad. El término “Erôs”, indica el amor de atracción, del deseo e impulso, se podría decir que es un «amor ascendente, vehemente y posesivo» (Deus Cáritas est n.7) .Otro término es “Stargui”, un amor de simpatía, cuando el otro nos cae bien, tenemos un afecto por él. Y finalmente el término más sublime al cual el amor puede aspirar: “Agapê”, el amor de entrega, de donación de la propia vida.
Hoy la liturgia nos presenta en la segunda lectura este extraordinario himno al amor que san Pablo ha plasmado en su carta a los Corintios. Y justamente el habla de este último nivel de amor, del “ágape”. Este término sirve para san Pablo, pues el amor cristiano precisamente concuerda con la idea de este vocablo. El amor no es simple atracción, o mero placer, el amor es entrega, es donación de la persona hacia los demás, y una donación que no exige necesariamente recompensa, que no exige una respuesta para vivir en esta dinámica, la ida se entiende desde esto, desde la entrega desde la donación, desde salir de sí mismo a favor de los demás. Sólo desde esta perspectiva se puede vivir la experiencia real y auténtica del amor cristiano. Ciertamente esto no se puede hacer de un día para otro, no es instantáneo, sino que se requiere de un proceso gradual. San Pablo coloca para ello algunos elementos del amor, con el fin de entenderlo y ser capaces de ir profundizando en esa dinámica. Analicemos brevemente algunos elementos.
Primeramente nos dice que el amor es paciente. Quiere decir que el amor es receptivo, es capaz de aguantarlo todo, no se desespera ante la inconsistencia del otro. Implica que la vivencia del amor es una fuerza que ayuda al otro a salir adelante, que trata de no cambiar al otro, sino de comprenderlo, de abrazarlo en su pequeñez, no pierde la cabeza por lo que se vive, sino que trata de ayudarle y de fortalecerlo.
El amor es servicial, implica que el amor nos lleva a tener un espíritu de servicio, ser capaces de ayudar al otro, ser capaces de tenderle la mano a aquel que lo necesita. Ejercitar el amor precisamente nos debe de llevar a tener esta actitud de servicio, de ayuda a los demás. De estar disponible a favor del otro, no per mero compromiso, o mera filantropía, sino porque el otro es importante y yo puedo hacer algo por él.
De las notas positivas (es paciente y servicial) pasamos a las negativas que trataran de dar a entender precisamente lo que se debe de vencer para vivir en esta dinámica de amor: «El amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece…» El amor debe vencer la envidia, es decir no enfrentarme con los otros para destruirles (pues siento que me impiden ser yo mismo) o para utilizarles, poniéndoles bajo mi dominio. No debe alardear, ni envanecerse, no debe creerse que es mejor que los demás y decírselos en su cara como si fuera único, como si nadie le llegara a los talones. La vivencia del amor debe ayudarnos a superar esto, a superar a reconocer que somos iguales, que el otro es importante, que el otro es valioso y que al igual que yo puede apartar algo.
«…no procede con bajeza, no busca su propio interés…» El amor nos debe de llevar a reconocer que debemos respetar a los demás y no romper con ello la armonía en la vida. El amor es la capacidad de vivir de modo honesto, sin aprovecharse de los demás, sin querer sacra un interés y para ello juagar con otros. El amor debe hacernos respetar la integridad del otro, no verlo como medio, como algo que sólo sirve para ayudarme, sino con toda su integridad.
«…no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido…» El amor nos debe llevar a vencer la ira, por ello no debe enojarse, debe aprender de manera gradual a controlar su carácter. Este es uno de los males mayores, pues muchas veces es fácil explotar, siendo que realmente debemos respirar, pensar, y tratar de no enojarnos, a fin de que la paz llegue a nuestras vidas. Incluso cuando esto se logra, el mal recibido se puede ver desde otra óptica. Es algo ciertamente difícil, pero exige un esfuerzo, un trabajo, para salir adelante.
«…no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad.» La Injusticia es aquello que va en contra de la justicia, es decir, en contra de la acción salvadora y gratuita de Dios. Alegrarse en la injusticia significa asumir la maldad de los hombres y aprovecharse de ella, para provecho propio. La vivencia del amor implica que el hombre se preocupa por hacer el bien, por ayudar a los demás, por tenderle la mano a otros, evitando el mal, y haciendo el bien en todos los ámbitos de la vida humana. Y ello implica que el hombre debe de alegrarse en la verdad. Cuando se habla de verdad, se habla de aquello que es visible la palabra griega es “aletheia”, que etimológicamente es algo que se puede ver, algo que es conocido plenamente. Dentro de la Biblia la verdad es la experiencia de la vivencia evangélica, de lo que ayuda al hombre, de lo que realmente le hace ser humano. Esto es la verdadera alegría, pues reconoce lo que ayuda al hombre, reconoce la salvación de Dios, reconoce los verdaderos parámetros que ayudan para que la vida sea mejor. Se alegra no de modas, o cosas superficiales. La alegría surge precisamente de descubrir lo que ayuda al hombre, se alegra del don de la vida, del respeto a los demás, de la educación digna, de la vivencia auténticamente solidaria. Se alegra de esto pues ahí se vive la fe, se vive el espíritu evangélico, se vive la dignidad humana en toda la extensión de la palabra, es decir, se alegra de la verdad. Si esto no fuese así entonces no habría amor, sólo conveniencia, sólo serían estratos pasajeros, pero no sería un amor auténtico, sino una distorsión de lo que realmente es el amor.
El texto concluye diciendo: «El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.» El amor es una fuerza capaz de vencer todo, capaz de disculpar, de no dejarse abatir por el error; que es capaz de creer que es posible un cambio; capaz de esperar, capaz de saber que lo último no está dicho, y que es posible una renovación. Finalmente dice san Pablo: «El amor permanece siempre», es decir, tiene la última palabra, es algo que si se vive nunca terminará, sino que se hará cada día más y más fuerte. Conviene aclarar que al decir que “permanece” no estamos indicando simplemente que aguanta de un modo pasivo, sino que se mantiene firme, de manera activa, siempre y en todo momento. No es el que soporta las penurias de la vida, sino que nos remite al que conquista y transforma todo. El amor no es una resignación pasiva, sino la fuerza que tiene una entereza triunfante, de conquista constante.
A la luz de esta lectura podemos entender el pasaje del evangelio en donde descubrimos a un Jesús rechazado, un Jesús que es sacado de la sociedad. Con esta escena San Lucas trata de mostrar los efectos del ministerio de Jesús, un ministerio que terminará en fracaso, pues la vivencia del amor como él lo propone no es fácilmente visto, es un reto, y por ello es rechazado. Su cruz será muestra de su amor, y al mismo tiempo del rechazo de la vivencia de este amor.
El amor ciertamente da miedo, y ello incluye el sacarlo de nuestra vida, pues es un proyecto que cuestiona, al comprender la exigencia del amor, podría ser que lo rechacemos, así como se rechazó a Jesús y su proyecto de salvación. Podríamos incluso creer qué es una Utopía, que nunca se llegará a realizar, o bien podríamos comenzar por ejercitar o vencer una de todas las cosas que el texto nos marca y hacer de nuestra experiencia de amor algo más cercano en nuestra realidad. Podemos contemplarlo y ver lo absurdo que es o bien iniciar un pequeño cambio, un pequeño acercamiento a nuestra experiencia de amor. Pidamos para que no nos atemoricemos de iniciar este proyecto, en donde finalmente lo que triunfa es la vida, es el amor y se transforma auténticamente la historia de salvación.

25/1/10

Conversión...

Meditación con motivo de la fiesta de la Conversión de San Pablo

Textos:
Hechos de los Apóstoles 22,3-16
San Marcos 16,15-18

El día de hoy la Iglesia celebra la fiesta de la conversión de san Pablo. Es una oportunidad para recordar nuestra vocación a la conversión. Porque sería un error creer que la conversión es sólo un acto puntual en la historia. Muchos hablan en ocasiones de su conversión como algo lejano en su vida, y creen que la conversión es simplemente el día en el que escucharon sobre Jesús, porque fueron a un retiro, escucharon algo, un momento de oración reoriento su vida, etc. Y ciertamente ese es una conversión, pero en realidad ese sólo es el primer paso de este acontecimiento. La conversión debe de ser constante, debe ser continua, no puede quedarse sólo como parte del anecdotario de la vida de la fe. Incluso hay quien llega a decir “Qué día aquellos en los que me convertí, ahí si era bien y daba testimonio, tenía alegría por la vida.” Marcan esto como un acto vital en su vida, pero que ha pasado, y lo peor es precisamente que se recuerda como aquello que nos hizo un bien, pero que hoy ya no lo vivimos. ¿No será que necesitamos de otra conversión?
Esto nos lleva a recordar que siempre necesitamos de la conversión, necesitamos del encentro con Dios en nuestras vidas. Es un absurdo cuando creemos que no necesitamos más de una conversión, por el simple hecho de que ya la tuvimos, o porque según nosotros tenemos fe. Incluso hay quien niega esta realidad por un argumento sutil, y al mismo tiempo absurdo: “Ya tome el Kerygma”. Con esto se trata de decir que el Kerygma lleva a la conversión, y que por el hecho de que ya lo conocemos, entonces ya no necesitamos de conversión, porque ya nos sabemos el Kerygma.
Creo que esto es producto de un abuso en el tema del Kerygma, en donde se manifiesta que es necesario recibirlo para convertirse. Y como consecuencia algunos dirán yo ya me lo se, y por tanto no lo recibe y menos se convierte. Esto implica que hemos reducido el Kerygma a una serie de temas catequéticos, pero que no son un verdadero anuncio de fe. Y por otro lado hemos reducido la conversión sólo al conocimiento de Dios, y de ahí en adelante creemos que ya no necesitamos más de eso. Ya sea porque tengo el Kerygma, o bien `porque reducimos la conversión a conocer un poco de Dios, o simplemente a estar en la Iglesia.
Siendo que una vez que uno conoce y se encuentra con Dios debería confrontar más su vida y necesariamente buscar ser mejor, iniciando un camino de conversión constante.
Hoy celebramos la conversión de San Pablo pero no estamos celebrando un acto meramente puntual del apóstol, sino estamos celebrando su vida, su ministerio, que tuvo un inicio, pero que prosiguió, y que finalmente tuvo una serie de conversiones. Estas conversiones las podemos apreciar en el texto de los hechos de los apóstoles, en donde san Lucas coloca los viajes de san pablo como el itinerario de un misionero que busca anunciar la buena nueva a los demás. Sin embargo san Lucas va haciendo el retrato de un misionero que debe de ir madurando, debe de ir creciendo y por tanto de convertirse. Así, san Pablo es alguien en continua conversión. Si leemos con atención vemos a un Pablo que se equivoca, que debe replantear las cosas, que huye, que se le va la gente, que no le entienden, etc.… Y en cada momento Pablo ha de irse replanteando su modo de ser, su ministerio, su misión. Finalmente el texto de Hechos de los apóstoles termina diciendo que recibía a todos en la casa de roma, curiosamente no aborda el tema de su muerte, porque para san Lucas lo importante no es narrar su vida, sino su crecimiento espiritual como misionero en donde finalmente hace una comunidad universal, donde todos son aceptados y sobre todos, donde todos son unidad.
Por tanto, hoy no celebramos sólo el hecho de su conversión, sino su ministerio apostólico; que inicio con esa conversión. Y si leemos esta lectura de su conversión se debe a que estamos llamados a reconocer la importancia de este encuentro, pero un encuentro que nos tiene que llevar a vivir constantemente en nuestra vida la conversión, nuestro entrar en contacto con el Señor, y sobre todo el darlo a conocer a los demás; tal y como lo anuncia el texto del evangelio, donde todos son invitados a vivir en esta dinámica de evangelización, dando a conocer el misterio de Cristo. Un misterio que requiere en nuestra vida el encuentro constante con él, encuentro que se da sólo con la conversión.
Que en esta fiesta reconozcamos realmente el valor de nuestra misión, que es anunciar a Cristo, y que se dé por medio de nuestro encuentro constante con él, un encuentro que nos lleve en todo momento a replantear nuestra vida, que nos lleve a convertirnos a su presencia y darlo a conocer desde nuestra experiencia. De este modo viviremos realmente esta celebración.
Para concluir podemos decir que curiosamente con esta fiesta se termina la semana de oración por la unidad de los cristianos (18-25 de enero), y creo que se cierra con esto como una invitación a reconocer que el camino para lograr un avance dentro de esta llamada a la oración se dará precisamente cuando nosotros seamos capaces de vencer nuestro egoísmos, y cerrazones y realmente nos convirtamos, puesto que este es el único camino para la unidad.

23/1/10

El mensaje del evangelio: Liberación

Meditación con motivo del III domingo del tiempo ordinario
Ciclo /C/


Textos:
Nehemías 8,2-4.5-6.8-10
1 Corintios 12,12-30
San Lucas 1,1-4.4,14-21


En nuestros tiempos surge una serie de inquietudes sobre nuestra vida de fe, que llaman fuertemente nuestra atención. Pareciera que el mensaje cristiano se ve envuelto en una serie de preceptos, de dogmas inamovibles, y por tanto en algo que parece muerte, sin vida, sin movimiento alguno.
Sin embargo esto no es la vida de la fe, la fe va más allá de esto. La fe no se puede encerrar simplemente en conceptos, dogmas o meros formulismos. La fe implica un movimiento interno y dinámico que nos ayude a ser mejores. La fe no puede ser meramente estática, la fe debe ser movimiento, la fe debe de ser cambio. Y un cambio basado en la fuerza de la Palabra y en la potencia de la gracia. Un movimiento que lanza al hombre para que sea mejor, para que .logre un fuerte cambio en su ser. Eso es la fe. Si la fe se queda sólo en doctrinas y mandatos, la fe pierde su verdadero horizonte, pues no da el verdadero sentido de esperanza y dinamismo que se requiere.
El evangelio del día de hoy trata de colocar esta realidad. El texto de san Lucas no presenta a Jesús llegando a la sinagoga y tomando el rollo de Isaías. Curiosamente Jesús no lee el rollo de la Ley, no lee el rollo del Pentateuco. Esto se debe a que la Ley se ha convertido en algo duro, en algo pesado, en algo complejo. Esa Ley no les ha dado la libertad que se requiere, por ello Jesús viene a dar un giro en esta situación y para ello decide leer a los profetas, leer un nuevo mensaje, leer un mensaje cargado de esperanza y de salvación.
«El Espíritu del Señor está sobre mí, y me ha ungido…» Jesús inmediatamente nos muestra la papel en el mundo como el ungido por el espíritu, es decir el que ha sido consagrado y elegido por la fuerza del Espíritu. La unción implica la selección de alguna persona o comunidad, en este caso es ungido para una misión fundamental: la salvación del hombre. Sin embargo esta misión no se da de un modo vago, sino que hay unos destinatarios muy claros que explica a continuación:
«Anunciar el evangelio a los pobres.» El pobre implica a aquellos que tienen alguna carencia y ponen en Dios su fuerza. Ser pobre implica una actitud existencial, pone todas sus fuerzas en Dios. El rico pondrá su apoyo en su prestigio, su fama, su belleza. Pero el pobre se apoya en Dios y como consecuencia puede ser receptor de la buena nueva. Es capaz de abrirse al anuncio del cual Dios le ama, en el aquí y en el ahora, no en el mañana. Ser pobre es esperar todo de Dios, sólo él da lo necesario, sólo él colma todos los anhelos del corazón del hombre, sólo él sacia, llena, plenifica. Sólo Dios y sólo él basta. Y esto es lo que sabe el pobre. Quiere decir que somos invitados a ser pobres, para recibir el evangelio es necesario sentirnos necesitados de Dios, saber que él lo puede todo, y con él todo lo podemos hacer.
«Anunciar la liberación a los cautivos.» El tema de la cautividad hace referencia a Egipto, signo de la esclavitud. La esclavitud es un poder opresor que nos ata, es la idolatría. Esto se da cuando el corazón no se fía de Dios. Los cautivos son los que desconfían de Dios y se apegan a las realidades inmediatas. A éstos se les anuncia la liberación, que no es lo mismo que libertad. La vida de fe debe llevarnos a comprender que muchas veces vivimos esclavizados, que vivimos aferrados a tantas cosas que en realidad no nos dan la felicidad, tantas cosas que el mundo presenta pero que realmente dejamos de lado. Estamos llamados a reconocer que nuestra vida de fe es precisamente que Dios es importante y por tanto a dejar de depender de los falsos ídolos que finalmente nos alejan de él. El cristianismo nos enseña que hay muchas ataduras que realmente nos hacen infelices, ataduras que no nos llevan a plenitud, ataduras disfrazadas de bien, de progreso, de grandeza, pero que en el fondo son esclavitudes.
«Dar la vista a los ciegos.» La ceguera es la incapacidad para ver a Dios en la historia, la imposibilidad del hombre para descubrirlo en los acontecimientos de la vida. Que los ciegos recuperen la visión implica que ahora verán lo que otros no ven, todo será un constante encuentro con Dios y ello implica una transformación de vida, ahora la vida de fe implica la capacidad de ver y descubrir como Dios les va ayudando en todo momento, saber que ellos no van solos, sino que Dios les ayuda.
«Dar la libertad a los oprimidos.» Los oprimidos son los hombres fracasados, tristes, deprimidos, en donde su vida ha ido perdiendo totalidad de sentido. Viven arrojados al absurdo existencial. La vida de fe les hace capaces de iniciar un nuevo camino, una nueva manera de ser en la historia, sabiendo que hay una felicidad que el hombre no puede vivir preso en su tristeza y su fracaso, que es posible una nueva vida y ello es la salvación, presencia de Dios, presencia de plenitud. Sólo en él podemos ser libres. La vida de fe nos debe llevar a la libertad.
Todo esto confluye en una realidad: «Proclamar el año de gracia.» Comienza el gran jubileo. El año de gracia no es un estado temporal, sino un estado de permanencia, una permanencia en la presencia de Dios. Con este anuncio Jesús quiere dar a entender que la última palabra en la historia es una sola: gracia, que es otra forma de llamar al amor. Lo último en la historia es el encuentro con Dios, que vive y salva al hombre. Esto debe de llenarnos de gozo, pues todo en la historia tiene un rumbo: dejarnos llenar de la experiencia de Dios. Esto quiere decir que la vida de fe no es de formalismos, ni de doctrinas o posicionamientos dogmáticos. La vida de fe es experiencia de Dios, de libertad, de amor, de salvación, es una palabra: experiencia de gracia. Es permitir que Dios entre y trasforme totalmente al hombre.
El texto termina con una tensión en medio de este mensaje: «Enrollando el volumen lo devolvió al ministro, y se sentó. En la sinagoga todos los ojos estaban fijos en él. Comenzó, pues, a decirles: “Hoy se ha cumplido esta Escritura, que acabáis de escuchar.”» Jesús da a conocer el cumplimiento, en el Hoy. Hoy inicia el cumplimento de este mensaje, hoy es posible vivir desde esta dimensión de esperanza. Ya no es necesario esperar más, ya no es necesario múltiples prácticas para alcanzar a Dios. Todo ha iniciado desde este momento. Hoy se cumple, Jesús es el inicio de todo cumplimento de las antiguas promesas. El problema que se podría plantear aquí es precisamente, que tanto hemos permitido que eso se cumple en nosotros. Qué tanto dejamos que nuestra vida se guíe desde Dios, que todo nos venga desde él. Qué tanto dejamos nuestras esclavitudes y somos libres desde el dinamismo de Dios. Qué tanto dejamos nuestras cegueras e iniciamos una vida descubriendo que Dios está con nosotros. Sólo así iniciaremos el año de la gracia, tendremos una vida llena de Dios. Pidamos para que este mensaje sea realmente la fuerza que nos ayude a dar razones de nuestra fe. Y que todo lo que hagamos no sea porque está dicho, porque se obliga, porque así debe de ser, sino lo hagamos porque realmente somos hombres libres, tocados por la experiencia de Dios.

17/1/10

Entrar en la dinamica del amor

Meditación con motivo del II Domingo de tiempo ordinario
Ciclo /C/

Textos:
Isaías 62,1-5
1 Corintios 12,4-11
San Juan 2,1-11

Hoy iniciamos los domingos de tiempo ordinario. un tiempo para encontrarnos con Jesús y conocerlo mejor. Y en este domingo leemos el evangelio de san Juan. Siempre en este domingo segundo la Iglesia lo dedica para enlazar el tiempo de Navidad-epifanía, con el del Ordinario. Para ello nos presenta un pasaje donde Jesús inicia y se manifiesta haciendo un eco de sus epifanías y al mismo tiempo introducirnos en la dinámica de su ministerio. El evangelio del día de hoy nos presenta este extraordinario texto de las bodas de Caná, que incluso es catalogado como la Epifanía que Jesús hace para con sus discípulos. Analicemos este pasaje un poco y meditemos sobre lo que nos enseña.
Comencemos diciendo que el tema de la “Boda” es símbolo de la alianza que Yahveh pactó en el pasado con su pueblo, Israel, y que se ha visto invariablemente dañada por la infidelidad de los hombres, pero que está destinada a ser alianza perpetua por parte de Dios. Por lo que este texto nos sitúa en la nueva alianza que Dios pondrá con el hombre.
El tema central se da precisamente en el contexto de que no tienen vino. El vino representa el amor en la simbología bíblica. Una boda sin vino es símbolo de una alianza sin amor, y con esto san Juan quiere decirnos que el pueblo de Israel, con su antigua alianza se ha quedado precisamente sin esto: No tienen amor. La Alianza ha perdido su raíz vital y ya no corre el amor entre los hijos de Abraham y el Dios con el que habían jurado un pacto eterno. ¿Cuántas liturgias sin vida, cuántas normas asumidas sin su fundamento esencial que es, precisamente, el del amor, cuántos proyectos pastorales que se quedan en el nivel de la mera programación? Cuantas veces nuestras oraciones, nuestras Misas, nuestra práctica costumbrista de los sacramentos, que finalmente no desemboca en la experiencia del amor. Y al hablar del amor que se exige para que la Boda pueda ser tal, es el amor en el sentido evangélico: el amor sin límites a los enemigos, la entrega desgarradora y permanente a favor de aquellos que no se lo merecen, el interés y el compromiso solidario por aliviar los sufrimientos de los últimos de la sociedad. Sin esto, no hay vino en nuestras mesas ni amor en nuestros corazones.
Se acerca la madre de Jesús para informarle acerca de esto y le contestó: «¿Qué nos importa a mí y a ti, mujer?» La respuesta de Jesús es contundente, aunque pudiera parecer que es altanera, pero no es así, más bien tarta de marcar el sentido de la nueva alianza que viene. Para Jesús la actual situación de aquella alianza no es asunto suyo. Ha pasado el tiempo de aquella comunidad. No hay nada que hacer ya por ellos. El pasado queda definitivamente encerrado en sus condiciones de esterilidad y de muerte, suscitadas por la cerrazón del hombre y la obstinación de su pecado. Donde no hay amor no hay futuro. Ni él ni la madre tienen que ver con esa boda que ya no se basa en el amor.
«Todavía no ha llegado mi hora.» La hora en el evangelio de San Juan es el momento de la cruz, donde el amor triunfa. Jesús da a entender que es necesario apuntar más alto, mirar hacia el futuro que Dios ha preparado, señalado por la “hora del Hijo”. Con la entrega definitiva del Hijo se inaugura una nueva era en la historia del pueblo de Dios, donde la muerte es vencida, y la vida nueva es posible para el creyente en Dios.
«Su madre dijo a los sirvientes: "Ha­gan lo que él les diga".» Aceptando no ser ella quien puede determinar el sentido de la historia ni las condiciones del plan de la salvación, la madre, auténtica comunidad de creyentes, da la única indicación que puede hacer de dicho plan una fuerza operante en la historia: la obediencia irrestricta a la palabra del Hijo. “Hagan lo que él les diga”: ese es el programa. No hay otra misión para la comunidad de los sirvientes. Éstos representan a los que ayudan al Mesías en su obra y son imagen de la Iglesia de todos los tiempos. Lo único que tiene que hacer la Iglesia, a la luz de esta indicación de la comunidad madre, es poner en práctica la palabra de Jesús. Todo lo demás será desvío de su misión y pérdida de su propia identidad. Quizás sea por eso que hoy más que nunca se hacen urgentes las iniciativas que permitan a la comunidad cristiana volver a estar en contacto directo con la Palabra. Todas las iniciativas pastorales deberán partir de la escucha atenta de la palabra, de su meditación profunda, de su estudio y celebración, para poder dar lugar a concretizaciones históricas de la misma en cada cultura y para enfrentar toda problemática humana.
«Estaban allí colocadas seis tinajas de piedra.» Las tinajas ocupan el centro de la narración. Constituyen el símbolo de las instituciones judías y, en general, de toda religiosidad desvinculada de su auténtico propósito: la liberación del hombre. Se nos dice que son seis, que son de piedra, que están destinadas a la purificación de los judíos. El seis es el número que simboliza lo incompleto, lo imperfecto, lo inacabado (por contraposición con el siete que significa la totalidad y la perfección); el ser “de piedra” es condición clásica de la Ley (pues la Ley se escribió en las Tablas de Piedra) y el destino de purificación permite aludir a la finalidad a la que se había terminado por reducir todo el sentido de la Ley israelita: Una ley de pureza. El evangelio denuncia la iniquidad de todo ese aparato religioso que, en vez de comunicar a los hombres con la gozosa liberación que Dios ofrece, se ha convertido en una experiencia de esclavitud y de dependencia que impedía a los hombres crecer en la comunión de la Alianza.Jesús les manda que llenen hasta el borde las tinajas en un signo de purificación y se convierte en vino. Pero es importante marcar que la conversión del agua en vino, se da fuera de las tinajas, pues el relato dice que los sirvientes sabían la procedencia de aquel vino insuperable, pues ellos “habían sacado el agua”. La irrupción del vino nuevo del amor se da más allá de las instituciones religiosas que, desde ahora, quedan definitivamente superadas. Una vez más, los creyentes nos vemos provocados por el Evangelio. Quiere decir que es necesario salirse de lo antiguo para vivir esta experiencia del amor. Sólo cuando salimos de nuestros ritualismos, cuando salimos de nuestros esquemas, de nuestras reglas, de nuestros egoísmos, es posible un verdadero cambio, y una entrada en el amor. Es el momento para iniciar un verdadero cambio, salir de lo acostumbrado, e iniciar un momento de vida distinto marcado por el amor, por el vino nuevo que renueva nuestra vida, nuestra fe, nuestro trabajo, nuestra vocación, nuestra familia; en una Palabra nuestra historia. Esto quiere decir que sólo podemos vivir nuestra de fe, cuando nos abrimos a esta novedad del amor, y el amor que viene de Dios.
De este modo iniciamos el tiempo ordinario, teniendo en cuenta que Jesús nos llama al amor, y vencer todo aquello que nos daña, salir de esa situación y ser totalmente nuevos y renovados en el amor de Dios. Dejando nuestras tinajas de Piedra, nuestras tinajas de rencores, de ritualismos, de odios, de esquemas, y permitir que efectivamente Dios nos vaya transformado con el vino nuevo de su amor.

10/1/10

Nueva creación en la filiación

Meditación con motivo de la fiesta del bautismo del Señor
Ciclo /C/

Textos:
Isaías 40,1-5.9-11
Carta a Tito 2,11-14; 3,4-7
San Lucas 3,15-16.21-22

El día de hoy estamos celebrando la fiesta del bautismo del Señor, una fiesta que tiene en sí misma dos dimisiones litúrgicas de gran alcance. Por un lado, con esta fiesta se termina el tiempo de navidad y por otro, se anuncia el inicio del tiempo ordinario. Pero qué significa esta fiesta desde nuestra perspectiva de fe. Para entender un poco de esto podemos acercarnos al texto y descubrir una cosa importante: El relato del bautismo del Señor, es un relato que nos habla del tema de la creación.
Esta idea de la creación la podemos descubrir en los diversos elementos teológicos que el relato nos presenta. En primer lugar nos hala de que este bautizo se lleva a cabo en el río Jordán, y de ahí las imágenes de las aguas primordiales, del caos y confusión inicial. Y justo en medio de esas aguas caudalosas podemos descubrir así como en Gen 1,2, que el Espíritu se cierne sobre las aguas, de ahí la imagen de la presencia del Espíritu como paloma, como aquel que viene a poner en orden este caos. Y finalmente según el relato de la creación todo comenzó a existir debido a la Palabra de Dios, que ante ese caos surge la voz creadora que dice “haya luz”, sin embargo aquí esta voz creacional dice algo nuevo, nos habla del verdadero sentido de la creación en Cristo: «Tú eres mi Hijo muy amado, en quien tengo puesta toda mi predilección
Esta frase es sumamente densa y nos enseña algo primordial, que en Cristo se ha iniciado una nueva creación que se identifica con la filiación. La nueva creación nos llama a ser hijos de Dios. Gracias a Jesús todos nosotros podemos ser llamados hijos. Y esto es lo que hoy celebramos, no es que simplemente recordemos un acontecimiento más en la vida de Jesús, sino que estamos celebrando algo más importante que eso, estamos celebrando que ese acontecimiento resume la actividad de Jesús y as consecuencias de este ministerio para nosotros: Ser Hijos, en el hijo.
Esto nos debe levar a pensar que tanto estamos notros realmente viviendo como hijos de Dios. Porque ciertamente nosotros vamos por la vida haciendo cantidad de cosas, vamos por la vida sin tomar en cuenta muchas cosas, que en gran medida no tiene nada que ver con la experiencia de Dios en nuestra vida.
Cuantas veces vamos viviendo desde la dimensión de la corrupción, y sólo porque todos lo hacen. Esto provoca no sólo en nosotros, sino en los que nos rodean, que no vivamos desde la honestidad. Cuántos son corruptos pagando para que se lleven a cabo sus asuntos. Cuántos se la viven copiando en un examen para pasarlo diciendo que es necesario. Cuántos se la viven moviendo influencias para perjudicar a alguna persona. Cuántos son realmente hijos de la corrupción, pero no son realmente hijos de Dios, de la verdad, del amor, de la honestidad.
Todos los cristianos somos bautizados, y desde ese momento somos llamados a ser hijos de Dios. Pero cuántos vemos el bautismo simplemente como un compromiso más, o una oportunidad de fiesta, o un momento de alegría familiar, pero no lo vemos realmente como un momento de encuentro de Dios, como un compromiso que nos invita a acercarnos más a él, y a sentirnos realmente como hijos.
Creo que el verdadero problema es que no nos sentimos hijos. No creemos que Dios nos llave a esta dignidad. No creemos que podemos ser capaces para levantarnos y comenzar una vida nueva. Somos incapaces de descubrir como Dios va modelando nuestra vida.
Creo que esta fiesta es un buen momento para iniciar a replantear lo que realmente es nuestra vida de fe, y decidir realmente si queremos ser hijos de Dios o simplemente seguir como siempre, sin descubrir lo que significa esta dignidad que Dios nos ha conferido desde nuestro bautismo, descubriendo y viviendo de un modo nuevo con su presencia que nos da en todo momento.

3/1/10

Buscar a Dios

Meditación con motivo de la Epifanía del Señor

Textos:
Isaías 60,1-6
Efesios 3,2-3.5-6
San Mateo 2,1-12


Hoy la Iglesia celebra la solemnidad de la Epifanía del Señor, una grande fiesta en donde contemplamos la manifestación del Señor a todos los pueblos. El pasaje que se nos presenta en este día nos presenta el episodio de los magos, que han visto una estrella que surge en el oriente. Estos magos son astrólogos, son estudiosos de los astros y en medio de sus estudios ha visto precisamente una estrella que bien de Oriente. El Oriente dentro de la escrituras es el símbolo de Dios. El oriente es el lugar donde sale el sol, por tanto es el lugar donde la luz inicia y ello quiere decir que es el lugar donde nace la luz, donde nace la experiencia de Dios. Por tanto la estrella viene de la experiencia de Dios.
Curiosamente estos hombre sin pensarlo se lanzan a la aventura para encontrar el sentido de esa luz que viene de parte de Dios. Si ellos dejan todo es precisamente porque saben que esa luz, esa estrella que ha salido da sentido a sus vidas, no es posible que dejen todo y sigan la estrella nada más porque si, sino que saben que eso que han visto vale la pena. Ellos los grandes estudiosos han encontrado que realmente vale la pena ese hallazgo en su vida. Estos hombres han usado sus conocimiento precisamente para encontrase con la estrella, para poder encontrarse con Dios.
La pregunta que deberíamos hacernos es si realmente ocupamos nuestros conocimientos y demás dones para encontrarnos con Dios en nuestras vidas. Uno de los problemas es precisamente que hoy la ciencia ocupa todo para encontrarse consigo mismo, con su fama, su poder, pero no para encontrarse realmente con Dios. Cuantos en su constante búsqueda de la ciencia buscan destruir, buscan manipular la vida, pero no buscan realmente encontrarse con Dios. O bien nosotros mismos que muchas veces somos inteligentes pero usamos esa inteligencia para destruir, para criticar, para humillar, para pensar en cosas malignas. Pero no usamos nuestra inteligencia para encontrarnos con Dios, para encontrarnos con el Señor, sino al contrario para alejarnos, más de él. O bien usamos nuestro tiempo para encontrarnos con Dios. Muchas veces usamos el tiempo para desaprovecharlo, para no hacer nada, para no ayudar a nadie, para estar de ociosos, para ver solo la TV, pero curiosamente no lo ocupamos para encontrarnos con Dios.
Cuantas veces no aprovechamos bien las oportunidades que tenemos como nuestros estudios, nuestro trabajo, nuestras amistades, nuestra familia, y las vamos desaprovechando sin valorarlos, sin aprovecharlas bien, sin estar cerca de los que amamos. Tenemos tantas cosas y nunca las aprovecharnos para encontrarnos realmente con Dios.
Este Día es importante porque la liturgia precisamente nos invita a contemplar a estos hombres que vienen de Oriente, que han puesto todo lo que ellos conocen par descubrir a Dios, parea descubrir lo que realmente les da sentido a su vida, lo que realmente les puede ayudar a ser mejores personas. Y por ello dejan todo y se van en su búsqueda. La pregunta que hoy deberíamos hacernos es si realmente buscamos a Dios, si ponemos todos los medio posibles para encontrar a Dios o simplemente vamos por la vida sin encontrarle ningún sentido, si vamos por la vida solo aprovechando lo que tenemos para saciar alguna curiosidad, o para irla pasando, o para hacer cosas malas. Porque si esto es así nuestra vida carece de sentido, carece del verdadero encuentro con Dios.
Esta fiesta debe animarnos a ir descubriendo siempre la estrella de Dios que se eleva en nuestra vida, que siempre tratar de conducirnos hacia cosas realmente buenas, que realmente nos ayudan, y que nos hacen ser mejores. El problema es precisamente que a lo mejor nosotros no queremos hacer esto, a lo mejor lo que somos y tenemos nunca lo orientamos hacia Dios, y por ende todo queda en el absurdo.
Si Hoy celebramos esta fiesta, recordemos que también será un gran festejo para los niños pues es día de Reyes, pero que esto no se quede sólo en los juguetes y la algarabía, sino que les ayude para encontrase con Dios, que esto sirva precisamente para que ellos desde su pequeña infancia se encuentren con Dios
Que el Señor nos permita en esta fiesta poner todo en favor del encuentro con Dios. Que nuestra vida de fe realmente nos ayude a dar respuesta al sentido de nuestra historia y encontremos siempre a Dios.

1/1/10

Año nuevo, propósito nuevo

Meditación con motivo de la Solemnidad de Santa María Madre de Dios

Textos:
Números 6,22-27
Gálatas 4,4-7
San Lucas 2,16-21

Hoy iniciamos un año nuevo y curiosamente lo iniciamos con muchos propósitos, que van acompañados de buenos deseos. Si analizamos bien nuestros propósitos podernos descubrir precisamente que son cosas que nos hacen bien, cosas que nosotros sabemos que debemos cambiar para ser mejores personas, cosas que nosotros sabemos que necesitamos. Por lo general, los propósitos son cosas buenas que nos benefician. Sin embargo el problema no está en tener los buenos propósitos, sino en que nunca los cumplimos, y no los cumplimos porque en realidad no queremos cumplirlos. Desde que nos lo proponemos ya tenemos en mente que no lo vamos a cumplir porque la misma sociedad a así lo marca “los propósitos de año nuevo no se cumplen”, hasta en los medios de comunicación se incita a tener propósitos, y siempre los acompaña la frase tan trillada “aunque no los cumplimos”. Con esta mentalidad desde luego que nunca los podremos cumplir. Junto con esto los buenos propósitos siempre van acompañados por cosas que son a veces imposibles poder hacerlas de momentos, o son cosas absurdas, o bien son una cantidad inmensa de propósitos, manera que es imposible cumplirlos.
El día de hoy la iglesia comienza este nuevo año con la fiesta de María, Madre de Dios. Y comienza con esto porque quiere precisamente que la figura de la Virgen sirva de modelo para cada uno de nosotros, ya para que la tomemos como modelo y sigamos por el camino que requerimos para tener un buen año. Un año acompañado por la presencia de Dios.
El texto del evangelio nos demuestra como la virgen se queda contemplando el misterio de este niño, de Dios que se hace hombre por nosotros, el misterio quela lleva a descubrir que en ese niño están cumplidas todas las promesas del Antiguo Testamento. Para ello el texto nos dice: «Conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón.» De alguna manera María es esta contemplativa del misterio y precisamente al iniciar el año la liturgia quiere que tomemos su actitud, contemplar el misterio de Dios, iniciar el año y ver a Dios. El problema está que muchas veces iniciamos el año y no vemos a Dios con notros, no descubrimos que Dios es quien nos ha dado la oportunidad de iniciar con vida un año más, no nos damos la oportunidad de agradecerle al Señor todo lo que hace por nosotros. Iniciar un año es contemplar a Dios.
Muchas veces nuestros buenos propósitos no se cumplen porque efectivamente no queremos cumplirlos o porque no queremos iniciar una verdadero cambio, pero sobre todo porque son cosas pasajeras, son cosas sin sentido, y porque creemos que queremos que Dios nos ayude a iniciar ese cambio. La Virgen María al ser la Madre de Dios recibió una extraordinaria vocación, pero que no contaba solo con sus fuerzas, sino que necesitaba de la ayuda de Dios, y logró hacerlo, y estar al pie de la cruz, pero no porque ella fuera extraordinaria, sino porque dejo que la fuerza de Dios entrara en ella y la hiciese extraordinaria.
Nosotros muchas veces queremos cambiar nuestro carácter, o queremos ser mejores estudiantes, o ser más pacientes, pero no creemos que podamos hacerlo, o peor aún no confiamos en que Dios puede ayudarnos a ser mejores, o simplemente hacemos propósitos que sean absurdos como ir al mundial, ir a fiestas, para que según nosostros los cumplamos, pero en realidad no nos hacemos mejores personas.
Hoy iniciamos un año y creo que hay muchas expectativas, muchos propósitos, pero creo que hoy podríamos iniciarlo un propósito: “acercarnos más a Dios”, dejar que él sea nuestra luz y nuestra fuerza. Creo que ese es realmente un propósito de año Nuevo., que puede hacer que otros propósitos se vayan cumpliendo, haciendo de nosotros mejores personas.
Es momento de parecernos a la Virgen María y contemplar el misterio de Dios y de descubrir que no voy solo/a por el camino de la vida, que Dios me acompaña, que Dios no me deja en ningún momento y que siempre me ayuda para ser mejor persona. Este debe de ser nuestro mejor proyecto de vida para comenzar un año nuevo, dejar que sea Dios que nos guíe y haga de nosotros mejores personas.
Y cuando dejamos que él entre y nos guíe todo es distinto, todo es diferente, así como los pastores dejaron que Dios los transformara: «Los pastores volvieron, alabando y glorificando a Dios por todo lo que habían visto y oído, conforme al anuncio que habían recibido.» Así nosotros debemos salir transformados y anunciar que el cambio y una vida nueva es posible con la ayuda de Dios. Y pare ello sigamos contemplando a ejemplo de María el misterio de Dios en medio de nosotros, sólo así iniciaremos un buen año, pues Dios está con ostros y nos guía.

31/12/09

Fin de año...

Meditación con motivo de fin de año

Texto:
San Juan 1,1-18

El evangelio del día de hoy nos presenta el prólogo de San Juan y quisiera reflexionar sobre una frase al termino de este año civil: «La Palabra estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de ella, y el mundo no la conoció.» Y esta frase nos puede ayudar a meditar precisamente en el año que se termina.
En primer lugar nos dice que La Palabra está en el mundo. Nos habla de la presencia de Dios en medio de nosotros. Tendríamos que meditar por tanto en este día en todo lo que Dios hace con nosotros en medio de nuestra vida, y agradecerlo. Dios que está presente con nosotros en nuestra propia existencia de modo que debemos de darle gracias por un año más que se termina. Debemos de darle gracias por nuestra familia, por los amigos que tenemos, pues gracias a ellos nuestra vida resulta mejor, gracias a ellos compartimos y seguimos adelante. Debemos agradecer todo lo que hemos tenido en este año que aunque sea sencillo Dios se hace presente ahí. Se hace presente en las alegrías, los logros, incluso en las tristezas, los consuelos. Debemos agradecer a Dios por todo lo que hace por nosotros en nuestra vida.
En segundo ligar debemos el texto dice que el mundo no lo conoció, de modo que debemos pedir perdón por todas las veces que lo ignoramos. Perdón por todas las veces que no lo tomamos en cuenta, que lo olvidamos o desconfiamos de él. Perdón por las veces que lo lastimamos, cuando dañamos a los demás, cuando peleanos, cuando defraudamos, cuando no hacemos lo que nos corresponde: Perdón Señor. Pedir perdón, por todas las mentiras, traiciones, venganzas, rencores que lejos de edificarnos nos van destruyendo lentamente en nuestra vida. Perdón Señor. Perdón porque a lo mejor incluso hoy por la noche voy a olvidarlo y voy a vestirme con ropa de cierto color, porque no confío en él, o perdón porque creo más en mis semillas o velas, pero no en su Providencia, o perdón porque creo que los amuletos son más efectivos que su mismo amor.
Creo que esto es la mejor forma de empezar el año, reconociendo las grandes cosas que hace por nosotros y pidiendo perdón, por todo lo que hacemos; pero sobre todo queriendo iniciar un cambio auténtico en nuestra vida, lleno de su confianza y de su fuerza para ser mejores.
¡Feliz año a Todos!

Navidad: Ser testigo de la luz

Meditación para el 31 de Diciembre
Septimo día en la infraoctava de Navidad

Texto:
1San Juan 2,18-21
San Juan 1,1-18

Hoy en el séptimo día de la octava de Navidad la liturgia nos presenta a la figura de Juan el Bautista, que como lo marca el prologo de San Juan, era testigo de la luz. Esta afirmación tiene su peso pues en la época en la que se escribe este texto, había un grupo que anunciaba que Juan Bautista era el verdadero Mesías. Por esta razón el Evangelio de San Juan trata de combatir esta situación, y ya desde el prólogo aclara de manera contundente su papel dentro de la historia de salvación: Ser testigo de la luz. Sólo se puede vivir desde esta dinámica, siendo un auténtico testigo de Luz y preparando el camino del Señor.
Esto nos da la pauta para nuestra meditación en este día: Ser testigos de la luz. No es posible celebrar la navidad ser verdaderos testigos de la luz, sin ser verdaderos testigos de la presencia de Cristo en nuestro entorno. La navidad no se limita simplemente a algunas cosas banales, que generalmente se reducen a la fiesta, sino a ser un verdadero testigo de la luz. Llevar a todos un mensaje que ilumine sus vidas.
Navidad se convierte en oportunidad de anunciar un mensaje totalmente luminosos para los demás. Navidad es dar la luz de la esperanza a aquel que vive decaído. Navidad es llevar la luz del optimismo a aquel que tiene una visión pesimista la de la vida. Navidad es dar la luz de la paz a aquellos que viven en conflicto. Dar luz de ánimo a los entestecidos de la historia.
La Navidad se convierte en esto. Hoy estamos a punto de celebrar el final de un año civil y creo que es la oportunidad propicia para ser Luz para con los demás, ser luz para aquellos que terminan mal su año, aquellos que no ven claro para el siguiente, para aquellos que viven injusticias. Es el momento en el que este día en el que termina el año, no nos limitemos simplemente a celebrar, y decir “Feliz Año”, sino a dar la luz de Cristo para que con su compañía efectivamente sea un Feliz Año, lleno de la gracia de Dios y lleno de confianza en él. Recordando que sólo Él es la luz que nos ilumina y no los falsos amuletos o las supersticiones ridículas. Feliz Navidad, Feliz Año, feliz lyz de Cristo que los ilumine hoy y siempre.

30/12/09

Navidad: Verdadero encuentro con Dios

Meditación para el 30 de Diciembre
Sexto día en la infraoctava de Navidad


Textos:
1 San Juan 2,18-21
San Juan 1,1-18

Hoy el texto del evangelio nos presenta la continuación de la presentación de Jesús en el templo, y mientras nuestra mirada se centraba ayer en Simeón, el día de hoy la centramos en el segundo personaje que aparece en la escena que es precisamente Ana.
Esta mujer recopila datos importantes del antiguo Pueblo de Israel. Primeramente digamos lo de su: Ana, que ciertamente hace ciertas alusiones al relato de Samuel. El nombre Ana quiere decir gracia, favorita. En ella se encuentra representado el pueblo de Israel, que aguarda una consolación, y que ha hallado en ciertos momentos la gracia de Dios. A continuación nos dice que es hija de Fanuel. La palabra Fanuel, viene del hebreo Penuel, rostro de Dios. Así nos habla del pueblo que ha visto el rostro de Dios, que conoció su misericordia, que se encontró profundamente con Dios. Esto se ve reforzado por la idea de su pertenencia de la tribu de Aser, una tribu que nació en el desierto. Esto se dio especialmente en el desierto, en donde sobre el Sinaí conoció a Dios. Así vemos que se remota a la gloria de la alianza. Ahí en el Sinaí inició una vida nueva, vivió la juventud. Es el Israel que vivió su época de amor con Dios.
Ahora esta mujer es anciana, es un pueblo que recorrió la historia, con todas sus vicisitudes. Había terminado su primera etapa representada por los siete años de esposa fiel, entregada a Dios. Fue una etapa total, completa. Pero ahora tiene 84 años y es viuda, es decir, tiene 77 años sin esposo. Es el pueblo que abandonó a su Dios, que le dejó para no volver con él. Ahora sólo vive de sus recuerdos, ha perdido su frescor, sólo le queda esperar la acción de Dios. Por esa razón está en el templo y no se aparta de él, pues ahí Dios hará su aparición y todo cambiará. Pero el templo ya no comunica nada, sus ayunos y oraciones son medios inútiles para alcanzar a Dios.
Justo en ese momento en el que hace sus ritos aparece Jesús y parece caer todo esto. No sirven esos ritos antiguos lo que se necesita es el encuentro auténtico con Cristo, el encuentro auténtico con el Señor. Ana representa a aquellos que le han sido infieles al Señor `pero ahora buscan encontrarse con él, para ello todo ese ritualismo que lleva a cabo. Justo en ese momento todo parece ser distinto, Dios escapa de esos ritos, a Dios se le encuentra precisamente en el niño, el lo frágil. Esto es una novedad. Cuántas veces nosotros vamos por la vida buscando ritualismos, haciendo lo de siempre, pero nunca dejándonos sorprender por el Señor, descubriéndolo en nuevos criterios de vida.
Cuantas veces creemos que la vida de fe se encierra en una serie de cumplimientos. Creemos que sólo con ir a misa, una que otra oración, participar a lo mejor en el viernes santo con el Viacrucis, es más que suficiente. Pero eso no es posible, no basta eso para encontrase con Dios. Si Ana hubiese pensado eso, y hubiera limitado todo a ayunos y penitencias, no hubiera descubierto a Jesús en ese pequeño niño de Nazareth. A lo mejor Dios se ha aparecido en nuestras vidas muchas veces y no lo vemos. A lo mejor muchas veces se ha hecho presente en nuestra familia, en nuestra casa, con nuestros amigos, pero no lo vemos creyendo que bastan nuestros rezos y demás prácticas de piedad. No digo que no sean importantes estas prácticas, pero cuando estas cosas hacen que nos olvidemos del verdadero encuentro con Cristo y sobre todo tranquilizamos nuestra conciencia con ello todo pierde su verdadero sentido.
La Navidad es justamente lo que Ana ha realizado: encontrase con Jesús niño, ser capaz de hacer eso es el reto de la navidad. Descubrirlo en mi vida, con la gente que me rodea, con la gente que amo, con la gente que necesita de mí. Que este tiempo de Navidad sea realmente fecundo en nuestros corazones y nos ayude a ser mejores cristianos descubriendo a Jesús en nuestras vidas, no sólo al margen sino permitiendo que él nos transforme e interpele.

29/12/09

Navidad: Capacidad de escucha

Meditación para el 29 de Diciembre
Quito día en la infraoctavade Navidad

Textos:
1 San Juan 2,3-11
San Lucas 2,22-35

El evangelio del día de hoy nos presenta la figura de Simeón. Este hombre es un anciano, convirtiéndose así en símbolo del Antiguo pueblo de Israel que espera al Mesías. El nombre Simeón viene del verbo hebreo “Shema”, que quiere decir ‘escucha’. Este nombre indica que es la imagen del pueblo de Israel que escucha, que está atento a la Palabra de Dios en todo momento.
Si lo pensamos bien, Simeón es capaz de distinguir a Jesús en medio de toda la gente porque escucha a dios y se da cuenta precisamente que ahí está el Mesías, en un niño pequeño, en un frágil y necesitado niño. Esto parecería absurdo pues quien se imaginaría que Dios se manifestaría en un niño precisamente, quién pensaría que Dios se haría pequeño. ¿Cómo es que puede saberlo Simeón e identificarlo en medio de la multitud que entra en el templo? Sencillo, escuchando a Dios, descubriendo su Palabra, su mensaje. Sólo así es capaz de descubrir cuáles son los planes de Dios.
Y ahí en medio de este encuentro no se limita simplemente a descubrirlo, sino que eleve un pequeño discurso en un tono profético. Ha esperado bien y ahora sabe morir. Su vida ha culminado, ha tenido sentido lo que ha hecho. Por eso bendice a Dios y le da las gracias. Ahora puede morir desde la esperanza que ha llegado a realizarse, pues ve la llegada del Mesías. El verdadero Israel que es Simeón ha cumplido su tarea, y ahora inicia una nueva etapa. Pero esta etapa del Mesías aclara Simeón, no es sencilla y para ello marca cual es la misión de este niño: Ser luz y contradicción. Luz porque ilumina la vida de los hombres, pero al mismo tiempo contradicción, porque ilumina desde otros criterios diversos a lo que el mundo prefiere, eso traerá el dolor.
Este pasaje colocado justo en este contexto de Navidad pues es el momento para descubrirnos capaces de escuchar así como Simeón lo hizo y transformo su vida encontrándose con Jesús. Deberíamos de preguntarnos hoy que tanto hemos escuchado, que tan sensibles somos para escuchare a Dios en su Palabra. Cuantas veces su Palabra es proclamada y nosotros no le prestamos atención, o creemos que es aburrido, o que ya no la sabemos y no nos damos la oportunidad de escucharla, y de asimilarla.
Qué tanto somos sensibles para escuchar a Dios en los demás. Cuanto tiempo nos damos para escuchar al esposo, a la esposa, a los hijos, a los padres. Generalmente siempre estamos muy apurados, o lo que nos dicen no es tan importante como lo que yo hago, y así vamos por la vida sin ser capaces de escuchar. Precisamente esto es lo importante, porque muchas de las dificultades que a veces nos topamos es porque no escuchamos lo que el otro nos dice. Si este anciano no hubiese escuchado, nunca hubiese descubierto a Jesús; cuando nosotros no escuchamos tampoco nos encontramos con Jesús, ni sabemos cómo afrontar las diversas situaciones de nuestra vida, porque debido a esta falta de escucha no podemos seguir adelante, no sabemos qué acciones tomar.Navidad implica entonces tener un oído sensible y descubrir que piensa el otro, descubrir porque dice ciertas cosas y sólo así iniciar un proceso nuevo en nuestra vida, que debe llevarnos con este pequeño de Nazaret que nos llena de esperanza y de amor todos los días.

28/12/09

Navidad: Dejar que Cristo entre en mi historia

Meditación en la fiesta de los Santos Inocentes

Textos:
1 San Juan 1,5-10.2,1-2
San Mateo 2,13-18


La festividad de hoy nos invita a contemplar a estos niños inocentes que mueren en manos del rey Herodes, al no querer a éste como el Mesías, como lo verdadero rey que rige la vida. Esto es una realidad, pues podemos constatar efectivamente que la actitud de Herodes sigue presente en nuestros días, pues no se desea que los valores del evangelio reinen en la vida. Como respuesta a ello busca apagarlos a toda costa, tachándolo de anticuados o bien de irreales.
Sin embargo, la última palabra la tiene Dios y no esté despótico personaje, pues a partir de su decisión escalofriante de mandar matar a los niños, curiosamente el don de la vida tiene la última Palabra, pues el dueño de la vida (Jesucristo) se salva y da vida nueva a todos los hombres. San Mateo coloca este relato haciendo un paralelismo con el relato del libro del Éxodo (Ex 1-2), en donde se habla del Faraón que manda matar a todos los niños israelitas, y curiosamente como una paradoja se salva uno que el mismo Faraón cuida, alimenta y educa; y que después de cierto tiempo será el libertador de Israel. Ahora en el Evangelio de Mateo, Jesús es presentado como el nuevo Moisés que se escapa de las manos del nuevo Faraón, que es representado por Herodes, y que finalmente traerá la liberación del pueblo y una liberación no sólo de la esclavitud de un pueblo, sino de la esclavitud del pecado.
Jesús se salva, y en medio de esto un despótico rey manda asesinar a tantos niños, para lograr su cometido, que no es otra cosa que seguir siendo el dueño de la historia. A primera vista podríamos pensar que esto es injusto, porque no había necesidad de que tantos niños murieran por culpa de uno, e incluso hay quien coloca a Jesús, y a Dios mismo como culpable de la muerte de estos niños inocentes. Pero el culpable realmente es Herodes, él es quien los manda matar, es él, quien no quiere perder poder y dominio sobre la población; es él y sólo él, quien prefiere optar por la muerte para evitarse problemas; es él, quien no se plante un cambio de vida, iniciando una nueva historia; es él, quien no es capaz de de confrontarse y ser distinto, y prefiere matar que tratar de descubrir lo que Dios quiere en él.
Herodes ha escogido la salida fácil, es mejor quitar del camino, es mejor matar, que meditar, que querer cambiar, que permitir que Dios entre en la vida.
Celebrar Navidad es precisamente confrontarnos y dejar que Dios entre e ilumine en nuestras vidas. Es muy fácil hacer todo a un lado, es muy fácil hacer como que nada pasa, es muy fácil imponerse y decir que se cumpla sólo nuestra voluntad; pero que difícil es permitir que Dios entre y nos ayude a cambiar, iniciar el esfuerzo y transformar nuestra vida. Navidad no sólo es un festejo, sino que, es el compromiso de permitir que Jesús entre en nuestras vidas y se inicie un cambio, siendo iluminados `por los criterios del evangelio.
Podemos optar y ser como Herodes, evitando que su Palabra llegue, haciendo oídos sordos a su propuesta de amor y de justicia; o bien podemos cambiar y dejar que Jesús niño inicie un nuevo caminar en nuestra historia. Creo que al leer el evangelio de este día muchos de nosotros podríamos horrorizarnos y ver como este rey despiadado manda exterminar a los niños, podríamos quedar estupefactos al ver el dolor de estas madres que les asesinan a sus hijos frente a sus ojos; pero de nada serviría este asombro, si caemos en la misma situación y acallamos el cambio que deberíamos iniciar en nuestra vida, sacando a Jesús de nuestro corazón. Que la contemplación del martirio de los santos inocentes nos mueva a cambiar siempre en nuestra vida, dejando que Cristo nazca en nosotros y no sacándolo y eliminando los criterios del evangelio.