2/4/10

«... Retrocedieron y cayeron en tierra»

Meditación para el Viernes Santo

Textos:
Isaías 52,13-53,12
Hebreos 4,14-16;5,7-9
San Juan 18,1-19,1-42

El día de hoy la liturgia nos invita a centrarnos en el misterio de la cruz. Muchas veces creemos que este acontecimiento es algo triste, incluso hay quien puede llorar al contemplar la cruz de Cristo. Sin embargo este no es el sentido, no es un día marcado por la melancolía, sino para la meditación y para comprender el amor de Dios por nosotros, y al mismo tiempo para entender el misterio de la cruz en medio del misterio pascual.
Centremos esta reflexión en el inicio del relato de la pasión que parece ofrecernos una meditación sobre el significado de la cruz de Cristo.
El relato de la pasión comienza diciendo: «Pasó Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, en el que entraron él y sus discípulos.» Estas coordenadas geográficas parecen indicar el lugar donde se situaba el huerto de los olivos, sin embargo, parece tener también una connotación simbólica. El torrente servía, según el primer libro de Reyes, para señalar el límite de la ciudad, con esto el evangelista trata de poner en claro que Jesús deja detrás la ciudad, para encontrarse con el Padre. Ni Jesús ni los suyos pertenecen al sistema injusto, al sistema que lo condenará a muerte, se aleja de ellos para encontrase con su Padre. Ahora es un momento de intimidad con el Padre.
Una vez atravesado este torrente llega a un huerto, el huerto es el lugar de la vida, Jesús está a punto de morir pero en realidad está por entrar a la vida, lo que Jesús trae es la vida, la fecundidad. De esta manera podemos comprender que la cruz de Jesús no es un simple y llano camino a la muerte, es un camino hacia la vida. Si contemplamos hoy el misterio de Cristo crucificado, es para contemplar el inicio del camino pascual. Todos estamos llamados a la resurrección, pero para llegar a ella es necesario pasar por la cruz. La gloria no se alcanza si no es por la cruz. Y la cruz no es por tanto un tema de muerte, sino que es un camino hacia la vida. Porque no todo termina en el Viernes santo, sino que caminamos hacia la resurrección.
Continuando con el texto podemos ver una aclaración que aparece particularmente en el evangelio de san Juan: «Jesús, que sabía todo lo que le iba a suceder, se adelanta…» Jesús tiene plena conciencia de la circunstancia. No espera a que el pelotón lo sorprenda, el va sin rodeas a enfrentar la situación. Sale, y con esto da muestras de que es voluntaria su muerte, pues está dispuesto a entregarse. El da la vida a favor nuestro. Da l vida para rescatarnos. Para san Juan el don de la vida de parte de Jesús es algo importante, es un don de amor. La cruz se convierte así en una donación de amor por nosotros.
«…y les pregunta: “¿A quién buscáis?” Le contestaron: “A Jesús el Nazareno.” Díceles: “Yo soy.” Judas, el que le entregaba, estaba también con ellos. Cuando les dijo ‘Yo soy’, retrocedieron y cayeron en tierra.» Jesús comienza preguntando a quien buscan y se identifica con “Yo soy”, con esto se señala su divinidad, y sobre todo que este hombre no va a ser entregado, sino que él mismo se entrega y proclama ese poder. Al decir “Soy Yo” recordamos el nombre con el que Dios se identifico a Moisés, de modo que con ello Jesús demuestra poder, su condición, su naturaleza. Él es divino, él sabe su misión.
Al escuchar esto, los que llegaban a aprender a Jesús retroceden y caen en tierra. Este retroceder es un lenguaje simbólico que dentro de la teología de los salmos, se aplica a aquellos que son perseguidos y confían en Dios, sabiendo que sus enemigos serán acabados, así este “echarse para atrás” recuerda la huida, la derrota (por ejemplo Sal 20,13). Quiere decir que al darse a conocer Jesús ellos son derrotados, ellos no pueden nada ante Dios. Todo está perdido de antemano. Y con un gesto magistral san Juan agrega la idea de Caer en tierra. Esto puede intensificar el signo de derrota como un signo de derrota total y contundente.
Es como si san Juan anunciará desde antes que sea aprehendido Jesús, que la victoria está anunciada. Lo que viene a continuación es un relato de exaltación, pues los enemigos están vencidos. La muerte no tendrá la última palabra, sino que la muerte, ya está vencida de desde antes. A continuación lo arrestarán, pero para el evangelista Jesús ha ganado, Jesús los ha vencido desde antes. La muerte no tendrá la última palabra.
De este modo se abre el relato de la pasión, haciendo un pre-anuncio del triunfo de Jesús, y como la cruz es sólo el escalón para la gloria. Es una donación por amor, da su vida porque nos ama, y por esta razón, se entrega. Pero ellos están vencidos, el amor vence, el amor tiene la última palabra. El amor no se dejará vencer. Hay muerte, pero la vida, la resurrección tendrá la última palabra en la historia.
Y así como se abre este relato de la Pasión, se abre el triduo pascual, contemplando la muerte, la cruz, el amor, pero sabiendo que de antemano la muerte será vencida, el odio se convertirá en misericordia, la destrucción, en paz. Porque Cristo transformará la estructura injusta para darle un nuevo significado, demostrando que el amor lo vence todo.
Contemplemos hoy la cruz, contemplemos el amor de Jesús, pero contemplémoslo con un espíritu de alegría, no de tristeza, sino de gozo porque en esa cruz está el más grande signo de amor, y en esa cruz está el camino para nuestra salvación.

1/4/10

Dejarse lavar los pies

Meditación con motivo del Jueves Santo

Textos:
Éxodo 12,1-8.11-14
2 Corintios 11,23-26
San Juan 13,1-15

Hoy la liturgia nos propone el pórtico par la celebración del Triduo pascual, y para ello nos presenta el extraordinario texto de San Juan con el denominado episodio del lavatorio de los pies. Con este relato el evangelista abre el episodio de la pasión, presentando este gesto profético. Pues el lavatorio es una presentación del misterio pascual, representa la donación de su vida a favor de otros.
El texto marca esta idea con la siguiente expresión: «Se levanta de la mesa, se quita los vestidos y tomando una toalla se ciñó.» Levantarse implica una disposición, Jesús está para servir, se quita los vestidos, este verbo quitar refiere en otro pasajes al desprenderse de la vida, y se puede ver claramente como al finalizar el episodio se pone sus vestidos, por lo que podemos deducir que con esto se simboliza el que Jesús se desprenda de su vida y la vuelva a tomar. Esta entrega de la vida está en torno al servicio, por esta razón se ciñe una toalla, es decir, se reviste del servicio.
El lavar los pies a los discípulos implica que es el signo del máximo servicio y es una representación de la muerte voluntaria de Jesús. El da su vida nadie se la quita. Con esto podemos descubrir que Jesús viene a dar su vida porque nos ama, y con este signo anticipa esta donación plena de su existir. Y esto demuestra un gesto de profundo amor, como ya lo había indicado el mismo evangelio al inicio: «Él que había amado a los suyos que estaban en medio del mundo, les demostró que los había amado hasta el extremo.» Quiere decir que esta entrega se hace en una dinámica de amor. La semana Santa es precisamente esto, un momento para descubrir el amor de Dios que se da en medio de la historia.
Sin embargo el problema fundamental se da cuando nosotros no entendemos esta dinámica del amor, no descubrimos que los misterios de salvación son por una iniciativa del amor. Y lo creemos muy distante a nuestra historia. El mismo Pedro en el relato muestra su incomprensión, no entiende porque Jesús hace ese gesto. Que Jesús sirva, de su vida, este Dios que baja para servir al hombre, sin duda que es una imagen terrible, de ahí que Pedro marque una total distancia cuando dice: «¿Tu a mí lavarme los pies?» No acepta esta postura de servicio, de dar la vida, no acepta que Dios ame a tal nivel, cayendo de ese modo en la autosuficiencia pues no acepta que Jesús le salve la vida. Jesús debe hacer otra cosa, Jesús es grande, no puede fijarse en nuestra pequeñez.
En el fondo la pasión de Cristo nos resulta un tanto absurda precisamente porque supera nuestros esquemas, supera nuestras creencias y esquemas de Dios, que lo vemos distante, omnipotente, pero no creemos que se a cercano, tan cercano que se hace hombre, tan cercano que da su vida. Y como vemos a Dios tan distante, lo podemos ver como juez, como castigador, pero no como el amor, como aquel que ama, que se entrega por nosotros. La semana santa es el recordatorio de quién es Dios, de su amor, de su fragilidad, de su perdón de su misericordia, que ha entregando a su Hijo para que nosotros tengamos vida. Algunos pueden decir ‘¿Para qué celebrar cada año lo mismo?’, la respuesta es sencilla: para recordar quién es Dios, para recordar que no es distante, para recordar que vive cercano a nuestra historia, para recordar que es amor.
Y ese recordatorio se lo tiene que hacer Jesús al mismo Pedro: «Si no te lavo, no tienes parte conmigo», es decir si no se abre al amor de Dios, a un Dios que salva al hombre haciéndose él mismo pequeño, hombre, siervo que da la vida, no puede participar de su salvación. Y eso mismo nos lo dice en esta semana santa. Nos pide que lo dejemos entrar, que nos dejemos amar, quiere que tengamos parte con él.
Sin embargo Pedro parece no entenderlo y se pasa al otro extremo cayendo nuevamente en la incomprensión: «No sólo los pies, sino hasta las manos y la cabeza», creyendo que esto es un ritual, como si la salvación estuviera reducida sólo para aquellos que cumplen un cierto número de reglas como el ir a misa, hacer oración, confesarse o comulgar. Pedro ha limitado la experiencia de Dios a lo meramente ritual. Te salvas si haces algo, te salvas si cumples con unos preceptos. Te salvas si asistes a cosas. No la salvación va más allá de esto. Cuantas veces encerramos a Dios en el rito, no porque sea malo en sí el rito, pero si limito mi experiencia de Dios sólo a ello, donde entra el amor, la misericordia, mi vida en Dios. Dios rebaza todo esto.
«El que se ha bañado, no necesita lavarse; está todo limpio», en otras palabras no es un rito de purificación, la limpieza no es cuestión de lo externo, sino una cuestión interior, el lavatorio es señal del amor novedoso de Dios, Dios ama gratuitamente, sin que tengas que recurrir a ningún rito, solo uno necesita aceptarlo, dejarse transformar por este amor y entregarse a los demás tal y como lo especifica más adelante. Esto es la semana santa, no sólo un rito, sino dejar que la experiencia del amor fecunde nuestro corazón. Que esta experiencia del amor se la fuerza que llene nuestra vida y haga de nosotros personas distintas, personas de fe, personas que se han opado con Dios y su experiencia del amor. Finalmente hoy jueves santo día en el que recordamos la Eucaristía, celebramos no sólo la conmemoración del rito de la Eucaristía, sino el sentido de la Eucaristía que es una experiencia de amor y de entrega. Pues al celebrar la Eucaristía celebramos este acontecimiento de entrega de Cristo y lo hacemos presente, para alimentarnos con esa fuerza y vivir como Hijos amados de Dios.
Que este jueves santo sea para cada uno de nosotros la disposición para vivir este acontecimiento con mayor fuerza. Y que el misterio pascual de Cristo renueve nuestra vida.

31/3/10

«Les aseguro que uno de ustedes me entregará»

Meditación con motivo del Miércoles Santo

Textos:
Isaías 50,4-9
San Mateo 26,14-25

El día de hoy el texto del evangelio nos presenta de nuevo la traición de Judas, sólo que en la versión de san Mateo y con algunos elementos de más, como la descripción de cómo hace el trato para entregarlo, en donde le prometen treinta monedas de plata. Pero si nos detenemos un pico en el Texto descubriremos que Judas no es sólo el traidor, sino que son todos los apóstoles los que traicionan a Jesús.
El texto nos dice que Jesús está en la última cena y lanza una aseveración: «Les aseguro que uno de ustedes me entregará.» A la cual todos responden: «¿Seré yo, Señor?» Si ellos responden eso es porque se saben capaces de traicionar a Jesús. Si yo no soy el traidor no puedo decir “¿acaso seré yo?”, porque en mi interior se que no soy capaz de traicionar, pero si yo se que puedo traicionarlo, incluso estoy tentado a hacerlo, pregunto porque a lo mejor Jesús ya se dio cuenta. Ese es el sentimiento de los apóstoles. En el fondo de su corazón se saben traidores se saben capaces de hacerlo, y por ello preguntan.
Pero, ¿Por qué son traidores? ¿Cuál es la razón de su traición? Al parecer en el fondo los apóstoles no han entendido quien es Jesús, no ha entendido sus enseñanzas. El drama del discípulo es este: Estando con el maestro no lo conocen, pues ha estado con él pensando en otras cosas, pensando en sus intereses. Ese el problema. Cuando Jesús les enseñaba sobre su pasión, ellos peleaban por ver quién era el más grande, quien tendría el mejor puesto. En el fondo no han entendido quien es Jesús, no saben de que trata su proyecto, sólo ven a Jesús como un escalafón más en su vida, sólo ven sus intereses, sus proyectos, sus ambiciones, pero no ven el proyecto de Jesús, y ello implica desconocer totalmente al Señor.
En el fondo Judas no entendió quién era Jesús, él esperaba tantas cosas de Jesús, esperaba algo maravilloso, algo que le hiciere reconocerse como el Mesías, pero no capto. Incluso las treinta monedas de plata, no son una gran cantidad para el tipo de Reo que sería Jesús para los sumos sacerdotes, pues treinta monedas de plata es el precio de un esclavo, así que en el fondo a Judas no le interesaba el dinero, sino que Jesús se manifestara con todo su poder. Judas quería que hiciera como él lo deseaba, que cumpliera su voluntad. El problema fue precisamente que fue e hizo las cosas a su manera, como creía que convenía, y por esa razón, todo salió mal, pues no entendió a Jesús y por ello lo entrego. Si él hubiese ido y le hubiese pedido una explicación, seguramente Se hubiese dado la oportunidad para entender algo más, pero se quedó sólo con sus esquemas, sus sueños, su anhelos, pero no los de Jesús. Sólo lo entenderá después pero terminará suicidándose, mostrando que en realidad no entendió el proyecto de misericordia.
La problemática en realidad es esta, creerse discípulo, pero no saber quién es Jesús, y eso nos puede suceder a nosotros. Podemos decir pasajes del evangelio, sabernos sus parábolas, sabernos de memoria el catecismo, pero en realidad no conocer a Jesús. No conocer su `proyecto, no reconocer lo que me pide a mí, y creer que soy muy bueno, muy santo que todo lo hago bien, que no hago cosas malas, que hago algún apostolado, pero en realidad veo mi proyecto, veo mi conveniencia, veo mi beneficio, me creo bueno y no lo soy.
El texto nos sitúa una realidad vital en el drama de la pasión: todos podemos traicionar Jesús. La pasión es consecuencia de la traición, pero no de la traición de judas, sino de la traición de todos, al no abrir si corazón y no entender su proyecto, la traición de unos discípulos que sólo veían s conveniencia y la búsqueda de poder; los sacerdotes y fariseos que sólo veían su riqueza y su soberanía, pero no a Dios; Del pueblo que sólo veía lo que les decían, pero no veían la presencia de Dios en medio de ellos.
Debemos meditar si realmente nosotros no somos traidores al plan original de Jesús, y sólo nos buscamos a nosotros mismos, pero no lo que él nos dice; si no vamos por la vida creyéndonos muy buenos, pero en realidad somos hipócritas, presumiendo nuestras grandezas, cundo sólo son carencias. Creyendo que conocemos y amamos a Jesús, cuando en verdad lo traicionamos, traicionamos su evangelio para estar encima de los demás, para no servir, para tener poder, y poniéndolo todo a su nombre, cuando somos sólo nosotros los que lo hacemos.
Esta expresión: «Les aseguro que uno de ustedes me entregará», nos la dice hoy a nosotros para que evaluemos nuestra vida y reconozcamos que tan sinceros y fieles somos a él. Qué esta semana santa meditemos y nos vuelva verdaderos discípulos, no de nombre, sino de testimonio.

30/3/10

«Era de noche...»

Meditación con motivo del Martes Santo

Textos:
Isaías 49,1-6
San Juan 13,21-33.36-38

El día de hoy hemos podemos leer en el evangelio que Jesús habla de la traición de Judas y anuncia que Pedro lo negará tres veces. Pero el evangelista san Juan coloca una expresión entre estas dos situaciones cuando sale Judas del cenáculo: «Era de noche.» Y creo que esta expresión puede ayudarnos para conocer e interpretar el episodio del evangelio de hoy.
Comencemos diciendo que la noche, no se refiere a la noche física en cuanto tal. El evangelista no se detuvo a escribir esto sólo para decirnos que esto sucedió en la noche, sino que tiene una connotación teológica, tiene un simbolismo profundo. De hecho a lo largo del evangelio podemos escuchar expresiones temporales como esa, como por ejemplo: “Era invierno”, o bien “era de madrugada”, este tipo de expresiones frecuentes en el cuarto evangelio sirven para indicar algo a nivel espiritual.
Decir que era de noche, implica hablar de las tinieblas, quiere decir que ha llegado el momento de la oscuridad, de la muerte, de la destrucción. Es la hora del mal. Y curiosamente lo coloca en medio del anuncio de la traición, y del anuncio de las negaciones de Pedro. Es como si san Juan quisiera decirnos que la noche ha llegado a la comunidad de discípulos, la noche ha llegado a la comunidad creyente. No porque sean los discípulos de Jesús quiere decir que estén exentos de tentaciones, al contrario el mal se hace presente en todo momento.
Si Pedro lo negará, Judas lo entregará, implica que han escuchado otras voces, y han permitido que la noche llegue a su corazón. Han olvidado la luz que Jesús da, y por ello dejan que las tinieblas vayan ensombreciendo su vida.
Este texto nos da la oportunidad para meditar si hemos permitido que la noche se cierna sobre nuestra vida espiritual, si hemos permitido que la luz de Cristo se apague de nuestra historia. El lunes de la semana anterior escuchábamos que Jesús era la luz del mundo, es decir, quien quita toda duda, toda muerte, toda ignorancia de la vida del hombre, y le muestra el camino a seguir. La dificultad se presenta entonces cuando nosotros dejamos de lado esa luz y permitimos que la oscuridad llegue, y permitimos que se haga de noche en nuestra vida.
Qué tanto hemos dejado que la noche cause estragos en nosotros, qué tanto hemos dejado que la noche de la flojera, de la avaricia, del rencor, de la envidia se avecinen a nosotros. Podemos estar cerca de Jesús, podemos decir que creemos en él, podemos estar en misa, y sin embargo pude ser de noche, puede ser que la tiniebla cubra nuestra historia.
«Era de noche», una expresión teológica, pero trágica, porque expresa precisamente que en medio de la última cena, en el momento de mayor intimidad con el Maestro, en el momento donde debíamos comprender el sentido del amor, llego el desamor, llego la traición, llegó la negación, llegó la tiniebla. Estamos en semana santa, un momento que nos dispone a fortalecer nuestra fe, un momento para evaluar si hemos dejado que se haga de noche, y no le hemos respondido bien al Señor. Celebrar el misterio pascual es renovar nuestra fe, y para renovarla es necesario que purifiquemos y clarifiquemos nuestra vida de fe, dejando de lado la tiniebla y permitiendo que la luz de Cristo sea quien nos ilumine. Pues la fe se renueva cuando dejamos esos vicios, esos pensamientos que debilitan nuestra fe, y no nos dejan seguir adelante siendo testimonio de fe en medio del mundo. Que ese «Era de noche», se convierta en luz, y dejemos que el acontecimiento pascual sea esa luz que ilumine nuestra historia.

29/3/10

Quieren matar a Lázaro...

Meditación con motivo del Lunes Santo

Textos:
Isaías 42,1-7
San Juan 12,1-11

Hemos entrado a la Semana Santa en donde contemplaremos el misterio de la muerte y resurrección de Jesús. Pero finalmente que repercusión tiene para nuestra vida de fe este acontecimiento. Ciertamente es el acontecimiento nos da la salvación, pero como podemos hacer vida esto, cómo se hace presente este acontecimiento en este momento, a qué me compromete en este momento, cómo hacer posible esta salvación en nuestra historia. El texto del evangelio parece colocar un elemento vital, para confrontarnos ante esta semana que inicia.
El texto del evangelio nos presenta una afirmación importante: «Entonces los sumos sacerdotes resolvieron matar también a Lázaro…» Ellos quieren matar a Jesús, pero dice el evangelio de San Juan, que también a Lázaro, y es que Lázaro es un signo de vida. Jesús lo ha resucitado y ello quiere decir que se convierte en un signo de fe en Jesús, pero al mismo tiempo es una señal de vida. Lo que las autoridades quieren es acallar todo signo de vida, y la única manera es la muerte. Quieren matar a Lázaro y matarán a Jesús.
De esta manera estos hombres se convierten en enemigos de la vida. Mientras que creer en Jesús implica dar testimonio de vida, ser alguien vivo, pues Jesús es la vida. Cuando hablamos de vida, no nos referimos simplemente a la vida física en cuanto tal, sino una nueva calidad de vida. Ser testigo de vida es ser capaz de de tener una vida nueva, una vida que me haga sentir gusto por mi propia existencia, y de toda la realidad, es la capacidad de tener amor, libertad, verdad, justicia, paz, amor. Tener vida implica ser portador de esta nueva calidad de vida y ser capaz de contagiara, capaz de dar a otros sentido a su caminar, a su amor, a su historia.
Sin embargo esta vida no conviene a muchos, no conviene a los sistemas opresores, porque a estos sistemas, al mundo le conviene el hombre insatisfecho, el hombre triste, con odios, que busca la competencia, que humilla, que pisa a los demás… Porque esto le da la oportunidad de dominar, y de hacer más esclavos. Es más fácil que un hombre triste e insatisfecho se convierta en consumidor, busque hacer sentir menos a los demás, y no estorbe a estos sistemas injustos.
Sin embargo el hombre con vida, vive feliz con lo que tiene, es capaz de ayudar y solidarizarse con el que nada tiene, sabe compartir y ayuda a que los demás tengan un lugar en la sociedad. El cristiano da la vida, es decir es un ser vivo, hace que otros tengan esperanza, sean entes vivos, con fuerza.
Mientras que los sacerdotes buscan la muerte porque no convienen estas cosas a su conveniencia, a su planes. Jesús da vida, y Lázaro es un testigo de esta vida. Por esa razón quieren eliminarlo. LA semana Santa es el momento para confrontarnos y descubrir si realmente hemos permitido que al vida entre en nosotros, si somos esos testigos de la vida, o bien no quereos cambiar, somos conformistas, nos quedamos con nuestros odios, nos quedamos con nuestras indiferencias y egoísmos. El acontecimiento pascual de Cristo nos debe llevar a esto, a cambiar, a estar vivos y no acerrarnos y a ser conformistas como los fariseos, pues finalmente nos lleva a una actitud de muerte.Que esta semana santa nos llenemos de la gracia de Dios y nos haga se auténticos testigos de su amor, de la vida que nos lleva a ser mejores y a ayudar a los demás.

27/3/10

El tiempo de Jesús

Meditación con motivo del Domingo de Ramos
Ciclo /C/

Textos:
Isaías 50,4-7
Filipenses 2,6-11
San Lucas 22,14-71.23,1-56

Hoy iniciamos la Semana Santa, un tiempo privilegiado dentro de la Iglesia para celebrar el misterio de nuestra fe. Cada año se celebra este tiempo para contemplar las raíces de nuestra fe y con ello enriquecer nuestra vida de fe, con el fin de renovarla y encontrar sentido a nuestra historia. Sin embargo, a veces este tiempo puede pasar desapercibido, y en lugar de ser un tiempo de encuentro con el Señor, nos encontremos sólo con nosotros mismos, y nos alejemos de Dios. Esto lo digo precisamente porque la semana Santa se presta también para el descanso, para la vacación. Ciertamente es necesario el descanso, pero muchas veces pensamos que el descanso es simplemente no hacer nada, o hacer cantidad de cosas de diversión, que no es malo, pero el descanso también sirve para encontrarnos con el creador, para encontrarnos con Dios. Porque el descanso sirve para encontrarnos con el creador. Es el momento en donde no tenemos todas las obligaciones y podemos encontrarnos con Dios, y así como nos encontramos con Dios, también hay tiempo para encontrarnos con los demás. Pues el descanso incluye todo, el encuentro conmigo, con los míos, y con Dios.
El día de hoy el evangelio nos presenta el relato de la Pasión de Jesús. Y podríamos quedarnos con una característica que se encuentra a lo largo de todo el relato de pasión: Jesús da misericordia y sana al hombre herido. El texto nos muestra que Jesús en medio de su pasión tiene tiempo para los demás, se da la oportunidad de hacer misericordia con la gente que lo necesita.
En el huerto de los olivos podemos descubrir que cuando le cortan una oreja al siervo del sumo sacerdote. Jesús lo cura. Se da el tiempo para curarlo. No dice “ya ni modo, se lo busco”, al contrario en medio de su aprehensión, lo único que le interesa son los demás, y por ello se da tiempo, aún a punto de ser arrestado, para sanar al hombre necesitado.
Otro momento importante se da después de las negaciones de Pedro. Pedro ha negado a Jesús, ha negado su identidad, su comunidad. LO único que podemos esperar es una condena, para este hombre débil, endeble, de una fe frágil. Sin embargo el texto de san Lucas nos presenta una casa extraordinaria: Jesús aparece en escena: «Y el Señor se volvió y miró a Pedro, y recordó Pedro las palabras del Señor, cuando le dijo: “Antes que cante hoy el gallo, me habrás negado tres veces.”» El texto marca que Jesús se volvió y lo miró, y este mirar se refiere a un mirar atento, el ver con atención. A pesar de ser prisionero se da la oportunidad para ver a Pedro. Esta mirada hace que su pecado se transforme en arrepentimiento. Para el relato de san Lucas no es el gallo el que trae el recuerdo del Señor; sino que es la misma mirada, la que suscita el recuerdo y provoca el arrepentimiento. Pedro se acuerda de las palabras de Jesús, entiende el significado de todo y llora, como signo del inicio de su conversión.
Otro momento especial lo encontramos cuando Jesús va en su “vía crucis” y se topa con las mujeres y las consuela: «¡Hijas de Jerusalén!, no lloren por mí; lloren más bien por ustedes y por sus hijos…» Con esta expresión Jesús les da el consuelo, y al mismo tiempo las invita a la reflexión: Ellas deben de convertirse. No es el momento de llorar porque Jesús muere, sino de recapacitar las consecuencias de su condena de muerte, pues el pueblo ha entregado al hombre justo para ser asesinado. Por ello dice lloren por ustedes, es el momento de la meditación, de comprender que esas lágrimas son inútiles, lo que se requiere es conversión, pues cuando se mata al Mesías se pierde el sentido de las cosas. Camino a la Cruz Jesús lanza la invitación a la conversión, es momento de recapacitar, si realmente estamos o no, con Jesús.
Finalmente en la cruz se da la oportunidad para pedir por el perdón de todos: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.» En el momento de la cruz, Jesús hace una oración de perdón por todos, reconociendo así que la humanidad requiere del perdón, necesita de la misericordia. No es el momento para que el se duela, o para maldecir, sino del perdón, hace un respiro y pide por todos, pide por su perdón. Incluso en el suplicio de la cruz promete el paraíso a uno de los ladrones: «Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso.»
Este relato de la pasión, según san Lucas nos muestra un hilo conductor que es la experiencia del amor que Jesús tiene por nosotros. Él entrega su vida para salvarnos. Y aún en medio de su pasión, siempre encuentra tiempo para curar, consolar, perdonar, dar esperanza.
Esta semana santa ¿Nosotros tendremos tiempo para Jesús? Meditaremos en su pasión, estaremos en oración, o simplemente será una semana santa, sin tener tiempo para Jesús. O estaremos tan cansados, o tan divertidos que no nos daremos la oportunidad de introducirnos en este misterio. Jesús siempre tiene tiempo para nosotros, nos ayuda, nos consuela, nos anima, en cada momento. Que esta semana santa que inicia hoy, sea un verdadero encuentro con Jesús, que siempre está con nosotros, y que en medio del descanso también nosotros nos demos la oportunidad de escuchar y de meditar en la acción de Dios en nuestra vida. Qué así como Jesús entró a Jerusalén, para anunciar que vine a instaurar un reino nuevo, entre en nuestras vidas e instaure su Reino en nuestro corazón.

21/3/10

El drama del pecado

Meditación del V Domingo de tiempo de cuaresma
Ciclo /C/

Textos:
Isaías 43,16-21
Filipenses 3,8-14
San Juan 8,1-11

Una de las dificultades más grandes al abordar el tema del pecado es precisamente descubrir que el hombre tiene la huella del pecado en su ser. Hay arepentimento, pero finalmente existe el pecado y no podemos alejarnos de él. La semana pasada meditábamos sobre lo que significa el pecado, que desde la perspectiva de san Lucas es esa perder nuestra esencia, sin embargo surge otra duda más profunda: Si el hombre peca, cual es su destino final, cuál es el camino que le espera. En el fondo se puede entrever la situación desesperada del hombre pecador y descubrir que finalmente todos estamos atrapados por el pecado, estamos condenados a pecar estamos condenados a vivir cerrados a Dios de la aparente imposibilidad de verse liberado de las consecuencias nefasatas que el pecado trae consigo.
El día de hoy el texto de San Juan nos presenta esta realidad, nos presenta a esta mujer pecadora, que es acusada de pecadora y con ella condenada a muerte, pues así lo marca la Ley. Pero si lo vemos a fondo en realidad se ve reflejado en este texto el drama del hombre y su pecado. El hombre que vive en pecado está condenado a muerte. ¿Hay una salida para el pecador? O, dicho de otro modo, ¿es posible para el hombre que ha pecado –y todos lo hemos hecho–, descubrir un horizonte nuevo que permita vivir plenamente libre y feliz?
Esta mujer ha sido infiel y merece la muerte. En ella descubrimos finalmente el reflejo de la humanidad infiel, que ah dejado a Dios, ha dejado su amor, ha dejado su verdad, su justicia, ahora sólo le queda su destrucción. Esta es la realidad, si lo pensamos bien, cuántas veces pecamos, somos infieles y mentimos, engañamos a otros, nos dañamos y dañamos a los demás. En pocas palabras, olvidamos de la experiencia de amor que sólo Dios nos da. Y al descubrirnos pecadores nos vemos solos, con nuestras faltas, nos vemos solos con nuestra miseria. Ante la experiencia del pecado, estamos solos, de pie –como en todo interrogatorio-, rodeados por una sociedad que nos acusa, ante nosotros mismos en donde nuestra conciencia nos acusa. Esperamos, -como ella-, nuestra sentencia sentencia, sentencia que es consecuencia de nuestras traiciones, insultos, mediocridad, flojera, falta de amor, etc… Al parecer todo va directo a nuestra destrucción, directo a la muerte.
Desde esta perspectiva, que es la misma que tienen los letrados esta mujer peco y la Ley marca su muerte, y finalmente ese el drama: Pecamos y estamos llamados a la muerte, no hay salida. Sin embargo si hay una salida, pues en este juicio no estamos sólo con el remordimiento de nuestra conciencia, ni solos ante una sociedad que nos acusa, sino que estamos también de frente a Jesús. Si Jesús entra al juicio hay una esperanza, sólo él nos conoce desde el fondo de nuestro ser. Todos los demás podrán censurarnos y despreciarnos por nuestras faltas, pero el único que conoce nuestros motivos, nuestra desesperación y nuestra responsabilidad es él. Jesús da la solución esta realidad, dando un giro a la terrible acusación de la muerte, pues viene a perdonar y lo hará a partir de su muerte y resurrección, tal y como lo presenta el texto a través de unas pinceladas extraordinarias, las cuales se dan a través de una descripción excepcional.
El texto nos muestra tres elementos fundamentales cargados de un gran simbolismo: Primeramente nos sitúa la escena en “el monte de los olivos”, un contexto que nunca es mencionado en ningún otro pasaje de Juan, y que dentro de la misma tradición sinóptica se sitúa hacia el final de la vida de Jesús. Aquí estamos en medio del evangelio, por tanto obliga a situar el relato en clave de la pasión, pues ahí Jesús sufrirá su agonía. Además durante la presentación de Jesús el evangelista se detiene a analizar unos movimientos muy precisos de Jesús, lo cual le da un significado muy especial, puesto que si se ha detenido a describir esto, implica que hay algo de fondo. Dice que Jesús “se agachó y comenzó a escribir...” y, después, “como insistían en su pregunta se levantó…” son dos verbos contrarios: “agacharse” y “levantarse” pueden ser leídos como criterio interpretativo de la pasión y resurrección del Cristo.
El juicio tiene por tanto una respuesta desde esta perspectiva: la pasión y resurrección de Cristo. Pues será este acontecimiento el que dará la última palabra al drama del pecado en el hombre.
Estamos a una semana de iniciar la celebración de la semana santa, donde celebraremos el misterio pascual de Cristo, pero también donde cada uno de nosotros celebraremos el misterio de nuestra salvación. La pregunta fundamental sería si estamos dispuestos a dejarnos interpelar por este acontecimiento y permitir que los efecto de salvación realmente haga de nosotros una vida totalmente distinta en nuestra historia. Porque podemos celebrar como cada año, pero en el fondo nuca cambiar nuestras actitudes. Podemos ir por la vida fingiendo ser buenos y piadosos, pero sin permitir que la gracia de Jesús entre en nuesra vida.
Jesús desde el principio, se sitúa a Jesús frente al pecado y él se manifiesta como aquel que al mismo tiempo lo desenmascara («Aquel de ustedes que no tenga pecado, que le tire la primera piedra») y libera de él («Tampoco yo te condeno. Vete y ya no vuelvas a pecar»). La presencia del pecado está allí, evidente, en el delito del que es acusada la mujer y en el comportamiento de los fariseos que se sirven de su persona como pretexto para tender una trampa a Jesús. Este segundo pecado es tan grave como el primero: a los fariseos no les interesa, en el fondo, la situación de la mujer, ni asoma por ningún lado algún tipo de justificación o defensa en su descargo, o consideración alguna por su posible arrepentimiento. Deberíamos de pensar que tanto permitimos que el Señor nos de su perdón, o bien que tanto nos creemos ‘buenos’, sin hacer nunca un verdadero cambio que nos ayude a ser verdaderos creyentJustificar a ambos ladoses. Porque el problema es ese: Vemos el mal en los demás, vemos el drama del pecado en todos, pero no somos capaces de descubrirlo en nuestra vida, y mucho menos descubrir la salvación.
La opción está clara, o bien dejamos que Jesús nos sane y nos de su salvación, o bien nos vamos escurriendo entre la gente para que crean que somos buenos, y hacer como que nada pasa y dejan do todo con apariencias. Que esta semana santa nos quedemos frente a Jesús y experimentemos su perdón.

19/3/10

El don de la paternidad

Meditación con motivo de la solemnidad de San José

Textos:
2 Samuel 7,4-5.12-14.16
Romanos 4,13.16-18.22
San Mateo 1,16.18-21.24

El día de hoy la Iglesia celebra la fiesta de san José, pero san José no es santo porque sea padre de Jesús, sino que es santo en cuanto a su estilo de vida, su papel dentro de la sagrada familia. Es santo porque fue un buen esposo y un buen padre. Si nos detenemos un poco podemos meditar sobre la paternidad de san José. Si lo meditamos un poco Jesús fue un gran hombre en cuanto a sus valores, su trabajo su respeto, su vida de oración, lo cual no surgió de la nada, sino del ejemplo de san José.
San José se convierte en este modo en modelo de paternidad, marcando así una invitación a reconocerlo como el modelo, la guía en la vida para demostrar como acompañar a un hijo. Un hijo es el reflejo de su Padre, lo que un hijo sea no es otra cosa sino el reflejo de lo que se le ha enseñado en su casa.
Deberíamos de preguntarnos en este día qué tanto estamos cercanos a nuestros hijos, qué tanto estamos atentos a sus necesidades, que tanto estamos cercanos a ellos, pasamos tiempo con ellos, los ayudamos. O bien que tan distantes, o desinteresados estamos respecto a su vida.
Esta cercanía no debe ser como una mera obligación, sino como algo co-natural al padre, sabiendo reconocer en un primer momento el don de la paternidad, descubrirlo como un regalo que viene de Dios. En el fondo el único que es Padre, es Dios- Padre, pero él hace participes a muchos de este don, con el fin de ayudar a los hijos, educarlos, animarlos, levantarlos, corregirlos y así creciendo sean imagen de sus papá y su mamá, y al mismo tiempo prepararlo para que vaya mostrando su imagen de Dios. Pues finalmente la meta es esta: parecerse al padre celeste. Esta es la gran misión, peto sobre todo es un don del amor, un don que implica esfuerzo, pero que es movido por la fuerza del amor que renueva toda la historia.
San José ciertamente sufrió, tuvo dificultades, pero es la fuerza del amor la que lo hizo capaz de superar todo. En el evangelio de hoy tiene crisis, y trata de hacer lo mejor; pero al final descubre que es lo que Dios quiere. Esto quiere decir que la paternidad tiene sus crisis, tiene sus dificultades, pero si dejamos que Dios hable, si dejamos que él sea nuestra fuerza, es posible logarlo todo, permitiendo que la vocación de la paternidad vaya guiada y fortalecida por el PADRE por excelencia que es Dios.
Que el ejemplo de san José nos ayude a seguir adelante en la vocación de paternidad que va regalando continuamente.

14/3/10

«…y malgastó sus bienes…»

Meditación con motivo del IV Domingo de Cuaresma
Laetare
Ciclo /C/


Textos:
Josue 5,9.10-12
2Corintios 5,17-21
San Lucas 15,1-3.11-32


Uno de los conceptos que causan gran complejidad al tratar de entenderlos de manera general es el de pecado, pues no se alcanza a captar el verdadero sentido de el pecado. Algunos lo ven como una idea dl pasado, una idea tridentina que no dice nada al hombre de hoy, como una especie de concepto escalvizante que impide la plena libertad en el actuar del hombre. Otros lo ven como un actuar malo. Otros como un objeto de castigo de parte de Dios al arremeter contra Dios por medio del pecado, y finalmente hay quien lo llega a ver como algo bueno, algo que es rico en placer, que es lo mejor que el hombre haga, pues es lo divertido, mientras que no pecar es quitarle la diversión a la vida; al punto que se llega a jugar diciendo que el infierno debe haber gran diversión porque ahí “se portan mal” y se la pasan bien, reduciendo el pecado a lo divertido, y por ende a no estar reprimidos.
El día de hoy hemos escuchado está extraordinaria parábola en donde se nos relata la tragedia del hombre, que consiste en la vivencia del pecado, mostrado de manera grafica en el despilfarrar la herencia. Analicemos esta palabra un poco. Cuando el texto griego dice “herencia”, no se refiere simplemente al dinero y bienes materiales, sino que es una palabra que contiene un significado más profundo. La palabra que aparece en el texto griego es “ousía”, una palabra que si bien se refiere a una herencia en cuanto a dinero, casualmente también se utiliza para designar la esencia de algo, lo que le da la identidad a una persona.
Esta palabra da por lo tanto un nivel de interpretación más alto, pues el despilfarro de la herencia no se refiere simplemente a el gasto desmedido del dinero, sino a algo más fuerte, el hijo menor ha estado es gastando su identidad, su esencia, su “ser hijo”. El verdadero problema de este hijo menor, no es otra que precisamente el despilfarrar su identidad. Un despilfarro que nop comenzó presiemente al cgastarse el dinero. Su esencia, su identidad comenzó a despilfarrarse desde antes, incluso antes de pedir la herencia.
Pensemos un poco ¿Por qué pidió la herencia? Seguramente porque no le interesaba estar con el padre, no le gustaba su vida. Ese es el punto de partida. Cuando no nos gusta la vida, cuando creemos que lo que somos, lo que tenemos no nos basta, y comenzamos a buscar hacer otras cosas que supuestamente son novedad, son llamativas, son de moda, que finalmente nos llevan a no valorarnos como somos. Muchas veces anhelamos ser de una manera totalmente distinta a como somos sin ver los valores que tenemos en nuestra historia. Ahí comienza toda la problemática. Esto no quiere decir, que no busquemos superarnos, o ser mejores, o alcanzar metas, sino que antes de todo esto debemos valorarnos y no menospreciarnos. Cuantos jóvenes, –como este hijo menor–, buscan hacer cosas sensacionalistas, se drogan, se vuelven vagos, caen en muchos problemas, o se vuelven consumistas desmedidos, niegan a su familia, porque eso es lo que todos hacen, eso los hace entrar en onda, y lo peor es que creen que serán aceptados sólo si se meten en una situación determinada, pero nunca descubren sus dones, sus valores, no son capaces de valorarse a si mismos y descubrir que como son ellos mismos pueden ser apreciados.
El hijo menor está harto de su vida, para él debe existir algo mejor y cree que teniendo dinero, que haciendo lo que le de la regalada gana alcanzará la felicidad. Él cree que vive oprimido, y que requiere de otros factores para ser feliz y verdaderamente libre. Este es su problema, pues no es capaz de descubrirse quien es. Desde este momento comienza el despilfarro de su esencia misma. Y como consecuencia entonces no entiende al Padre, no sabe quién es el Padre, lo ve como una figura de autoridad, pero no con una figura paterna, una figura de amor, aquel que incluso es capaz de darle la herencia, `para que ejerza su libertad. No entiende al Padre, y no entender al padre, es desconocer sus orígenes, la raíz de su identidad; y ello lo lleva a desconocer no sólo su origen (de dónde viene), sino su propia identidad, pues no es capaz de entenderse como hijo. No se sabe hijo. Por lo tanto si no es hijo, si no entiende al padre, ni su vida misma, desde luego que puede pedir la herencia, desde luego que puede solicitarla, porque para él el padre es un patrón más, quiere su indemnización y con ello su libertad. El padre, su vida, su ser hijo, no significan nada y por eso puede partir, por eso puede irse. No le duele alejarse, porque finalmente tiene otros proyectos, otra vida distinta a lo que es él.
Por lo tanto, él ha iniciado a despilfarrar su vida, su identidad desde antes, sólo que esto se verá claramente cuando comience a derrochar inútilmente el dinero, sin conseguir realmente nada de o que él quería, pues después descubrirá que el dinero se va, descubrirá que no le queda nada, y verá que el tener dinero en realidad no le dio ni la felicidad, ni la libertad. No le dio nada y ha perdido todo. Noi se entendió como hijo, y creía que se entendería desde el dinero, desde el comprar cosas, el gastarlo todo, con una vida licenciosa, como muchos lo hacen, pero no es así. Y una vez que no tiene nada, vive una crisis terrible, se queda sin nada y sin nadie, comienza una época de carestía, dice el texto. En el fondo cuando el hombre gasta todo, comienza la carestía, comienza el vacío, el sin sentido.
Pero dado que no se sabe hijo, no se sabe nada, creyendo que todo es por el dinero ahora va sin rumbo, sin identidad y termina denigrándose al cuidar cerdos. Los cerdos dentro de l mundo bíblico representan lo más ínfimo de la creación, lo másbajo, un cerdo es lo más repugnante que existe. Cudr cerdos es el trabajo más vil, eso correponde a un pagano, corresponde a un no creyente, a laguien que no tiene dignidad. El hijo se ha quedado sin dignidad, biblicamenyte hablando, ha perdido todo, no se sabe hijo, no se sabe nada, no es ndie, pues cuida cerdos, y muere de hambre al punto que ni siuiera puede comer de las algarrobas de los cerdos, ellos comen mejor que el mismo hijo, ellos comen de mejor manera, son más dignos que él mismo.
Con esta imagen Jesús presenta al hombre caído, que al pecar pierde su esencia, pierde su identidad, pierde el sentido, el rumbo de su vida. El pecado es esto, el perder nuestra identidad de hijos, el perder la libertad, la capacidad de reconocernos, eso es el pecado. Muchos lo ven como una ideología que oprime, pero no es así, es la pérdida del sentido de la vida, de nuestra identidad, de nuestro ser humano. Esto es el pecado. Algunos lo ven divertido, vivir con desenfreno, con puro placer, con puro lujo, pero en realidad sólo disfrazamos nuestra vida de algo que no somos y que al final se acaba y nos deja vacíos. Finalmente la vida no es sólo fiestas, drogas, es algo más, esto nos desfigura, esto nos acaba, cambia nuestra esencia, cambia nuestra identidad misma. Una persona que daña a otras, no lo hace ser más hombre, pues desfigura su identidad por medio de la muerte su vida, eso no lo hace ser humano, lo deshumaniza, pierde su herencia. Alguien que vive sólo para el pacer lo deshumaniza, pues usa a los otros como meros objetos de placer, pero no los ve como personas, y él no se entiende sin esto. El pecado por tanto es esta desfiguración de nuestro ser, nuestra pérdida de identidad. No más. No es diversión, es la tragedia del hombre que le desfigura y lo encierra en una categoría, siendo que es capaz de más.
Ante esto podríamos confrontar nuestra vida y descubrir cuantas veces gastamos la herencia, gastamos nuestra identidad, nuestro ser hijos, y creer que estamos perdidos, pero no es así, pues el hijo en medio de toda esta pérdida de sentido, es capaz de entrar en sí mismo y reflexionar y descubrirse de nuevo hijo, descubrir quién es el padre, descubrir nuestra identidad e iniciar un camino de regreso. Esto es lo importante: reflexionar en nuestra identidad y descubrir como la hemos desfigurado para iniciar un camino totalmente nuevo. Podemos decir como el hijo: “me levantaré”, es decir iniciaré una nueva vida, iniciaré una nueva historia. El hijo va camino al encuentro del Padre, que al inicio dice “no merezco ser llamado hijo tuyo”, y sin embargo el último paso lo da el Padre, pues antes de que termine el discurso que ha elaborado, el Padre lo recibe y le restituye toda su dignidad por medio de la túnica nueva, el anillo y las sandalias. El hijo había entendido algo de sí, aunque dudaba la capacidad de volverse hijo nuevamente, pero el Padre no lo duda inmediatamente le devuelve esa dignidad, porque el ser hijo no se pierde con nada.La cuaresma es esto, un tiempo para reflexionar y descubrir quienes somos, que hemos hecho y con eso iniciar un camino de reconstrucción caminando hacia nuestra verdadero identidad que es ser hijos de Dios, y seguro que lo obtenemos pues Dios nos espera para restituirnos esa dignidad.

6/3/10

Cuaresma: Fuego y sandalias

Meditación con motivo del III Domingo de Cuaresma
Ciclo /C/

Textos:
Éxodo 3,1-8.13-15
Corintios 10,1-6.10-12
San Lucas 13,1-9


Durante el tiempo de cuaresma la liturgia de la Iglesia nos presenta dos caminos para llevar a cabo nuestra reflexión: La de la primera lectura, que va mostrando diversos elementos de la historia de salvación, mostrando a los personajes y momentos importantes dentro de la historia que van conformado el Antiguo Testamento; y por otro el evangelio que va poniendo pautas para comprender un la espiritualidad de la cuaresma.
Centrémonos el día de hoy en la primera lectura, que aborda el tema de Moisés. El texto nos presenta a este personaje apacentado a las ovejas, y en medio de este singular suceso aparece un fenómeno un tanto extraño una zarza con fuego. Pero ¿qué representa este acontecimiento? El fuego denyro de la Biblia representa la fuerza de Dios. El fuego es algo que no se puede dominar en sí mismo, surge no se puede contener., se expande, prosigue y por ello es incapaz de mantenerlo. Este fuego es una fuerza grande que una vez que inicia no se puede controlar. Este fuego es Dios que da su fuerza, que llega y penetra al hombre haciéndolo capaza de cosas nuevas, que lo inunda y se va expandiendo lentamente hasta que le da el valor, la fuerza requerida para proseguir adelante en la misión que Dios le tiene preparada.
Ciertamente el fuego también puede significar el juicio de Dios, pues una vez que inicia consume todo, su sentencia se cumple, sin embargo aquí es distinto pues es un fuego que no consume, sino que permanece, que llena, que renueva, que inunda de su fuerza y su calor. Es el fuego que inunda a Moisés, es una nueva capacidad para encontrarle sentido a su vida y para afrontar una misión nueva. Esta Misión cosiste en liberar al Pueblo de la esclavitud, y esto no se puede hacer sólo desde las categorías meramente humanas, puesto que puede ser una libertad a medias, un proyecto trunco, un proyecto con límites. Dios quiere liberar plenamente al hombre, y para ello Moisés no debe actuar sólo desde categorías políticas o carismáticas, sino que debe hacerlo desde las categorías de Dios, para que este proyecto sea de Dios, y la libertad que se busca sea de Dios y sólo de Dios. Pues debe de ser una libertad integral, una libertad que llene, que de auténtico sentido a la vida. Y esto sólo es posible cuando se hace desde Dios y por ello debe tener la fuera de Dios.
Cuantas veces se intenta alcanzar la libertad, supuestos proyectos que finalmente terminan en fracasos. Cuanto por querer liberar han oprimido de otras maneras dentro de la sociedad. O bien cuantos tratando de prometer una vida nueva queda todo reducido a mera ilusiones. Por qué en la raíz está sólo el ideal humano, el ideal del hombre, pero no la fuerza d Dios. Moisés debe liberar no desde sus categorías, sino desde las categorías de Dios. Él mismo en el capítulo anterior por querer liberar a un israelita termina matando al egipcio, porque o hace desde sus criterios, desde sus categorías humanas, pero no las de Dios. Lo hace a su manera, con violencia, con ímpetu momentáneo. Ahora recibe la fuerza de Dios para guiar al pueblo de Dios a lo que realmente la libertad sin violencia, sin criterios que llevarán a una opresión de lo humano. Cuantas veces incluso creemos que nuestras fuerzas bastan para levar a cabo todo y descartamos a Dios de nuestras vidas. Cuantas familias que creen que con venganzas, con envidias, con riñas, pueden alcanzar la verdadera justicia, el ser mejores, y sin embargo todo eso se convierte en algo peor, porque no se hace con la ayuda de Dios, sino con nuestros límites. Cuántos esposos esperan con sus fuerzas lograr el proyecto de familia, sin Dios, y finalmente fracasan, o cuantos ha dejado trunca la intervención de Dios en su matrimonio. Es necesaria la fuerza de Dios para seguir adelante. Dejar que la fuerza de Dios entre y de nuevos parámetros para continuar los grandes proyectos de la vida.
Estamos en el tiempo de la cuaresma, un tiempo de penitencia y de reconciliación con Dios , de iniciar una vida nueva, sin pecado, y precisamente este cambio no es posible logarlo sin la ayuda de Dios. Muchas veces creemos que el cambo de cuaresma debe ser complicado, difícil, doloroso, complicado, sufriente, pero no es así. Ciertamente no es algo sencillo, pero no se hace con nuestra propia fuerza, sino que se hace con la fuerza de Dios, con su gracia. La cuaresma es la oportunidad para dejar que su fuego entre y nos haga hacer lo imposible, nos haga libéranos totalmente en nuestra vida de todo aquello que no es posible con nuestras fuerzas, aquellos que nos daña y hace que dañemos a los demás. Cuaresma es esto, es dejar que el fuego de Dios nos transforme, es encuentro con Dios y cambio, pero un cambio que se da con la ayuda de Dios.
Pero este cambio no se da sólo con decir que Dios entre, sino que debemos dejar que Dios entre y la manera por la cual podemos permitir este encentro con Dios nos lo dice el mismo texto. Moisés una vez que se acerca a conocer este suceso recibe una orden: «No te acerques hasta aquí. Quítate las sandalias, porque el suelo que estás pisando es una tierra santa.» Debemos dejar las sandalias. Las sandalias dentro del simbolismo bíblico representan las seguridades, puesto que en esas culturas es fundamental el caminar con sandalias, pues el calor hace que la arena suba de temperatura y con ello se hace imposible l camino. Quitarse las sandalias implica precisamente eso, dejar que los pasos de Moisés los guíe Dios, sea él quien muestre el camino, quien afiance sus pasos, y no el mismo Moisés.
La manera por la cual podemos permitir que Dios entre en nuestra vida y nos transforme, dándonos su fuerza, implica renunciar a nuestras seguridades, a nuestros falsos pasos y dejar que Dios sea el parámetro de todo. Es dejar que sea Dios quien ponga el camino. Que coloque el camino de la justicia ahí en donde se vive la injusticia, el camino del amor donde hay un rencor, el camino de la esperanza donde el desánimo ha hecho estragos. Dejar las sandalias es precisamente dejar que Dios nos guíe por un camino nuevo y descubrir lo que él nos da para ser mejores.
La cuaresma es esto. Es el dejar que Dios nos de su fuerza para vencer el mal que oprime nuestro corazón, así como dejar que el sea la sandalia que afiance nuestros pasos por caminos nuevos.
Ante esto pueden surgir dudas, pues parece un camino incierto, pero el mismo texto marca la seguridad que Dios le da a Moisés diciéndole su nombre: «Tú hablarás así a los israelitas: "Yo soy" me envió a ustedes.» Decir el nombre es conocer la identidad de Dios, ciertamente Dios no da su identidad en cuanto tal, pero da el sentido de su papel en la historia. Decir “Yo Soy”, implica decir permanencia. El tiempo verbal de este verbo “ser o estar”, dentro del lenguaje hebreo equivale a un tiempo indefinido, es como si dijese: “Yo soy el que era, el que soy y el que será”, es el Dios que ha estado presente a lo largo de toda la historia, es el Dios que nunca abandona, es el Dios que me acompaña y me segura acompañando, que me animará a lo largo de toda mi vida.
Esta es la seguridad de la cuaresma. Estamos llamados a encontramos con un Dios que da la fuerza para vencer el mal, que guíe nuestros pasos y sobre todo que está, ha estado y estará siempre con nosotros.

21/2/10

Cuarenta días

Meditación del I Domingo de Cuaresma
Ciclo /C/


Textos:
Deuteronomio 26,4-10
Romanos 10,8-13
San Lucas 4,1-13

Una de las dificultades más grandes que hay dentro de la vivencia de la cuaresma, que hemos iniciado el pasado miércoles de ceniza, es precisamente que no se ha alcanzado a comprender el sentido de la misma y se le ve desde un punto de vista muy reduccionista. Por un lado, la cuaresma se vive como un tiempo de penitencia y de cambio (cosa que no es errónea), pero que sólo se limita a este tiempo. Durante la cuaresma podemos observar como hay gente que deja de tomar, de fumar, de hacer ciertas cosas, que incluso le divierte, pero que finalmente sólo se reduce a este tiempo. No es que eso sea malo en sí, pero reducimos el cambio de vida, el cambio de actitud a cuarenta días simplemente.
Por otro, la cuaresma no dice gran cosa a muchos, se ve como algo retrograda en cuanto penitencias que no nos dicen nada, o bien como un sufrimiento inútil que a nada, ni a nadie dice nada. Lo ven fuera de lugar, o como algo incomprensible que no es para nuestros tiempos. Incluso hay quien dice que es hipocresía, puesto que los que llevan a cabo sus cambios, después siguen siendo los mismos.
La problemática surge precisamente porque no alcanzamos a entender este tiempo y lo producimos a prácticas y ritos, pero sobre todo porque todo queda encerrado en una especie de paréntesis en el tiempo, con duración de cuarenta días. Y dura cuarenta días, porque Jesús, como lo hemos leído en el evangelio de hoy, estuvo cuarenta días en el desierto. Pero creo que es mejor hacer una reflexión sobre lo que significa el número cuarenta dentro de la Escritura y desde ahí entender realmente que significa vivir la cuaresma.
Comencemos diciendo que el número cuarenta aparece en varios textos bíblico. Lo encontramos en la duración del diluvio (Gen 7,17), los años que camino el pueblo de Israel por el desierto (Sal 95,10; Dt 2,7), el tiempo de penitencia que hizo el pueblo de Nínive (Jon 3,4), los años de reinado de David (2Sam 5,4). Entre otros ejemplo es en donde lo podemos ver. El número cuarenta no se refiere simplemente a un número que indique un tiempo exacto, porque dentro de la Biblia los números tienen un fuerte simbolismo, y si el cuarenta se repinte con insistencia quiere decir que hay algo importante representado ahí.
El cuarenta es el símbolo de lo completo, de una etapa bien definida que ha comenzado y ha llegado a su fin. Por ejemplo, cuando un niño entra a sus estudios y con el pasar de los años, va creciendo, y pasando las diferentes etapas de su escuela hasta que se titule llegando así al final de su etapa de estudio, para iniciar una nueva en el ámbito laboral, podemos decir que esa persona ha estudiado cuarenta años en la escuela, y no porque haya durado ese tiempo, sino porque inicio una etapa, que ahora ha terminado. Es una etapa completa, que tiene principio y fin. No se limita simplemente al tiempo, sino a un estado de vida.
Si el diluvio duro cuarenta días quiere decir que esa etapa catastrófica fue completa, en donde la maldad (aguas caóticas) han mostrado su maldad, pero han llegado a su fin. Es la etapa de la maldad que amenaza con destruir la creación, pero que finalmente ha concluido, porque la maldad tiene sus límites. O en el caso del Rey David se refiere a que fue un reinado completo, todo su reinad, que no fue interrumpido por nada, que tuvo su principio y fin, según lo que debía hacerse.
Si el relato nos dice que Jesús se ha introducido al desierto para estar cuarenta días y vencer las tentaciones, se refiere a que Jesús ha entrado al encuentro de Dios (porque entre los significados del desierto está encontrarse con Dios), pero se ha topado con la tentación, la cual la ha vencido. Con este pasaje bíblico podemos descubrir cuál es el sentido de la vida de Jesús. Si pasa cuarenta días, nos habla de una etapa completa, nos habla de su ministerio en donde será un encuentro con Dios, con su padre, pero también al mismo tiempo el encuentro con la tentación, la cual las vencerá a lo largo de toda su vida. No quiere decir que sólo aquí venció las tentaciones, sino que a lo largo de su camino, se le fueron presentando muchas pero las venció, tal y como lo podemos comprobar al leer el texto evangélico. De este modo este relato de las tentaciones intenta presentarnos el sentido del ministerio de Jesús, en donde se encontrara con Dios y la tentación, pero será capaz de vencerla. Y si la vence no quiere decir que lo haga por ser el hijo de Dios, sino porque se ha encontrado con Dios, y se puede ver al descubrir que sus respuestas son de la Escritura, de la Palabra de Dios, responde con la Palabra, pues se ha encontrado con Dios.
Con esto podemos descubrir que el número cuarenta es el símbolo de lo completo de una etapa. Si alguien se propone hacer un cambio en cuaresma, no es sólo para cuarenta días, es para una etapa, es para la vid. De esta manera la cuaresma se convierte en el alto en el camino para analizar nuestra vida e iniciar un cambio que debe durar siempre, toda nuestra vida, porque ese es el símbolo del número cuarenta. No es de contar cuarenta días exactamente, sino que se trata precisamente de un cambio para siempre. Es el momento para analizar y poner todo lo necesario para alcanzar ese cambio que se requiere y ser mejores personas con los nuestros.
Si hemos iniciado la cuaresma quiere decir que iniciamos un nuevo compromiso para cambiar nuestra vida y ser mejores. Iniciar un cambio, pero que debe durar toda nuestra vida. No quiere decir que cambiemos todo de nuestra vida, sino empezar con algo pequeño, y ser mejor para los demás, y con uno mismo. Así viviremos la cuaresma.
Qué este primer domingo sea para cada uno de nosotros una oportunidad para vivirla realmente e iniciemos un cambio para nuestra vida y no sólo de unos cuantos días, porque ese es el verdadero compromiso cuaresmal.

16/2/10

Ceniza...

Meditación con motivo del miércoles de ceniza

Textos:
Joel 2,12-18
Salmo 50
2 Corintios 5,20-21.6,1-2
San Mateo 6,1-6.16-18

Cuando sucede algo malo en nuestra vida, o cometemos un grave error, muchas veces quisiéramos que eso desapareciera, que nunca más volviera a suceder, si pidiéramos regresaríamos el tiempo y lo evitaríamos. Esto desde luego que no es posible, sin embargo lo que si es posible es tratar de enmendar el mal, tratar de corregir el error, iniciar algo nuevo en nuestra vida.
El día de hoy la Iglesia celebra el inicio del tiempo de la cuaresma, un tiempo para adentrarnos en nuestra vida y comprender como hemos ido caminando en nuestra historia, que aceiteros hemos hecho y que errores hemos realizado. Todo esto con el fin de iniciar un camino nuevo. Y precisamente este tiempo se inicia con un signo muy concreto, el signo de la ceniza.
Pero, ¿Por qué con la ceniza? La ceniza son los residuos de algo que se ha quemado. Cuando nosotros quemamos algo lo que queda es meras cenizas, no hay nada más que esa destrucción. Si comenzamos el tiempo de cuaresma con las cenizas se debe precisamente a que estamos invitados a destruir todo aquello que nos lastima, a destruir todo aquello que no nos hace ser mejores personas, todo aquello que impide el crecimiento de nuestra persona y el de los demás. Pasar al frente y dejar que nos pongan ceniza implica precisamente reconocer que hemos fallado, reconocer que hemos pecado, pero que queremos hacer ceniza todo eso. Es como si le dijéramos a Dios: 'Haz ceniza mi pecado, destruye todo mi mal, destruye mis groserías, acaba con todos mis malos pensamientos.' Eso es la ceniza.
Esto es por lo tanto un compromiso, el compromiso de querer cambiar con la ayuda de Dios. Algunos lo ven como una obligación, o como un amuleto de buena suerte, pero no, es simplemente un acto de reconocimiento: Falle y quiero cambiar. Si se toma la ceniza, pero no hay un verdadero cambio, ni en verdadero compromiso, seríamos hipócritas, o supersticiosos, reduciendo la ceniza a algo que no es.
Al inicio de esta reflexión decía que cuando nos damos cuenta de nuestros errores nos gustaría destruirlos, pues esto es la ceniza, es decirle a Dios: “Destruye este pecado que hay en mí”. Desde luego que esto no se da por arte de magia, ni se da de un día para otro, sino que es un proceso por el cual vamos cambiando y siendo mejores. Y para lograr este cambio es necesario ver que voy a hacer para ser distinto, que voy a hacer para cambiar, e iniciar ese cambio. Por esta razón, se inicia con este signo el tiempo de la cuaresma, puesto que este tiempo nos invita a cambiar algo de nuestra vida y ser mejores e futuro. Podríamos decir que la cuaresma es el tiempo en donde nos ejercitamos en alguna virtud, para que al finalizar este tiempo seamos distintos y mejores en nuestra vida. Pero para ello debemos querer ser mejores, debemos decirle a Dios quiero cambiar esto y en señal de esto tomo la ceniza. Tomando en cuenta que este cambio no es simplemente para esos cuarenta días, sino que son el inicio de una vida distinta, siempre. Muchos al escuchar esto podrían pensar que eso es difícil, que no es posible hacerlo, que cuesta trabajo, o que es demasiado tarde para empezar. Pero no es así, pues como lo marca la primera lectura del día de hoy: «Todavía es tiempo.» Y todavía podemos iniciar un verdadero cambio, solo basta que le digamos: “Señor aquí estoy quiero ser distinto.”

14/2/10

«Maldito el hombre que confía en el hombre...»

Meditación con motivo del VI Domingo de tiempo ordinario
Ciclo /C/

Textos:
Jeremías 17,5-8
Corintios 15,12.16-20
San Lucas 6,17.20-26
.
El día de hoy hemos escuchado en la primera lectura una frase profundamente fuerte: «Maldito el hombre que confía en el hombre.» Pero a que se refiere con esta expresión. Sr maldito, no implica la misma carga peyorativa que tiene en nuestra cultura. Ser maldito en el ámbito bíblico es sobre todo alguien que no está bendecido por Dios, por tanto no es portador de la palabra de Dios, y con ello es un hombre incompleto. Ser maldito se convierte entonces en un hombre incompleto, que no tiene la altura necesaria para la vida, es el hombre truncado en su historia.
Esta frase tiene por tanto gran actualidad, puesto que hoy en día el hombre vive truncado en su realidad porque su confía sólo en lo humano. Cuántas veces el hombre confía en sus solas fuerzas, en sus juicios, sus capacidades, en su opinión. Viviendo de manera que sólo se encierra en sí mismo. Cayendo desgraciadamente en un egocentrismo donde lo único que cuenta es él mismo.
Y esto es realmente incompleto, pues no es posible que un hombre sea capaz de opinar en todo y creer que sólo él tiene la razón, que sólo él es el criterio de la realidad. Cuantas catástrofes mundiales se han dado porque un hombre piensa eso, cuántas guerras se han ocasionado simplemente porque creen tener la razón, viendo sólo sus intereses.
Si lo vemos en nuestro ámbito personal, cuantas veces nuestro egoísmo, nuestra terquedad, nuestra envidia, nuestro resentimiento han provocado rupturas al interno de nuestra persona, hemos dañado a los demás, hemos alejado de nosotros a las personas que amamos, y simplemente porque queremos tener la razón, porque queremos que lo nuestro impere. O bien cuantas veces creemos que sólo una persona puede guiarnos, o una ideología, o una estructura, que finalmente nos deja incompletos, porque le falta algo, le falta un sentido, le falta una verdadera finalidad.
Por ejemplo, cuando creemos que un líder político es la solución de todo, podemos caer sorpresivamente en la cuenta que no es así puede desilusionarnos e incluso puede causarnos algunos problemas. O bien, cuando creemos que un medio es lo que resuelve nuestra vida y caemos en cuenta que no es así, podemos frústranos.
Muchas veces sólo confiamos en la moda, en lo que pienso, o lo que diga cierta idea, o cierta persona, siendo que las cosas no funcionan así. Cuántas veces dejamos de escuchar a dios porque esas son cosas para unos cuántos, para los ilusos, para los que no tienen nada que hacer, y creemos que con lo que yo vaya haciendo está bien, porque así lo digo, o bien, porque así lo dice el mundo. Y esta carencia espiritual va haciendo del hombre alguien incompleto en donde poco a poco se encuentra solo, sin orientación.
El texto prosigue marcando la importancia de escuchar a Dios: «Él es como un árbol plantado al borde de las aguas, que extiende sus raíces hacia la corriente; no teme cuando llega el calor y su follaje se mantiene frondoso…» El que escucha a Dios comienza a tener vida, puesto que los parámetros de la vida son distintos, comienza a ver todo desde una perspectiva distinta, comienza a ver todo desde la experiencia de Dios, desde criterios diferentes valorando las cosas con otros puntos de vista que al inicio no conocía. Confiar en Dios le hace valorar la paciencia, conocer las virtudes, sobre todo la vida desde la fe, que le lleva a comprender cosas que antes no sabía, que no entendía, y vivir de manera distinta, pues ahora hay nuevos parámetros, que no son los suyos, no son meramente humanos, no son los del mundo.
Vivir desde Dios, es tener una nueva vida. El texto lo expresa de una manera plástica presentándolo como un árbol plantado en las aguas, marcando la idea de la vida, marcándolo como la capacidad de dar la vida, de darle sentido a todo desde Dios. Y de manera bella dice que en medio del calor sigue frondoso, es decir, en medio de la adversidad no se abate porque se sabe capaz de tener una nueva historia, un nuevo brío, una visión distinta que le levanta y le impulsa a seguir adelante, lleno de vigor y esperanza. Esto es lo que da Dios.
Ante esto podría surgir la duda: Qué camino seguir para confiar en Dios. Parece ser que el texto evangélico nos propone ese camino para confiar en él y estar inmersos en esta visión de vida, marcando que es necesario ser pobre, tener hambre, llorar y ser perseguido.
Primeramente ser pobre remite al hombre que está totalmente abierto a la confianza en Dios. Al ponerse bajo la mirada de Dios pues descubren en Dios que es el total liberador de todas las cosas, no pone la felicidad en lo humano, sino en Dios, porque su fuerza le viene de Él. Ser pobre es confiar en él, esperar todo de Dios.
En segundo lugar tener hambre, que son aquellos que se ven dolorosamente privados de cuanto, externa e internamente, es necesario para la vida (alimento físico, amistad, valores, etc.), y reconociendo que no pueden ayudarse por sí mismos recurren a la fuerza de Dios. Serán saciados en cuanto que no se bastan de lo meramente humano, de lo meramente pasajero, sino de Dios que sacia y da lo necesario para vivir, que da el ánimo, la entereza, la esperanza y todo lo que se requiere para el caminar en medio de la historia.
En tercer lugar se habla de los que lloran, y al decir llorar no se refiere al simple llanto, dentro de la Biblia va relacionado al tema de la consolación. Los que lloran son aquellos que esperan la consolación de Dios, aquellos que esperan su cercanía para instaurar un mundo nuevo. Pero no se limita a una actitud pasiva, sino que trata de hacer presente el consuelo de Dios en medio del mundo, con la vivencia de su Palabra, haciéndolo presente con la experiencia del amor. Ellos son destinatarios de esta felicidad porque hacen presente el actuar de Dios, trayendo esperanza y luz a un mundo inmerso en la tiniebla. Ellos finalmente viven a la expectativa de lo que Dios quiera decirles, no confían en sí mismos, sino en la fuerza que Dios les da para dar las pautas del consuelo divino.
Finalmente los perseguidos, aquellos que son señalados, son calumniados por hacer el bien. Cuantas veces nos vendemos a otros proyectos, nos vendemos a lo que dice el mundo, para que no nos señalen por vivir el proyecto del amor, el proyecto del Reino. Esos son dichosos porque saben que todo lo que hacen está bien, no tienen miedo, no se retractan saben que Dios está con ellos, saben que el bien es posible, saben que el Bien se va realizando. Confían en Dios y su proyecto, se saben testigos de esto, y son portadores de una felicidad única que el mundo nunca les dará.
A primera vista esto puede ser un proyecto incongruente, complejo, difícil, pero finalmente es el proyecto que da un nuevo tipo de felicidad, que reta al mundo, pero que curiosamente da sentido a la vida del hombre. El reto es este, o aceptamos este proyecto, y nos asimos a la mano de Dos, o simplemente nos conformaremos con los proyectos meramente humanos que al final no dan la felicidad duradera y nos dejan incompletos, la decisión es nuestra…

6/2/10

«Rema mar adentro...»

Meditación con motivo del V Domingo de Tiempo Ordinario
Ciclo /C/


Textos:
Isaías 6,1-2.3-8
1 Corintios 15,1-11
San Lucas 5,1-11


Una de las situaciones más complejas en la vida es precisamente el agotamiento, la crisis espiritual. Cuando el hombre ya no quiere salir delante en su vida. Cuantas veces el hombre no quiere seguir porque las situaciones, el desánimo se van haciendo cada día más patentes. Cuántas veces los esposos ya no quieren seguir adelante en su relación matrimonial porque ya no pueden, ya no aguantan. O ya no pueden con los hijos, parece que todo está perdido. Cuando el trabajo se vuelve tan pesado que uno dice ya no puedo más, mejor me escapo de esto y no sigo adelante.
Este sentimiento se presenta alguna vez en la vida, y es lo que nos presenta la escena del evangelio del día de hoy cuando Jesús le dice a Simón Pedro que reme mar adentro, pero él dice: «Maestro, hemos estado luchando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, en tu palabra, echaré las redes.» Con esto marca la total desilusión de Pedro, al punto que como el texto lo traduce literalmente, “luchamos”, literalmente ha sido un esfuerzo, una lucha, un desgaste, y a pesar de ese terrible esfuerzo nos hemos cansado sin lograr nada. Se vislumbra lo que el hombre sufre. El hombre es aquel que lucha, pero que tiene una vida estéril.
Esta es la vida del hombre, un hombre que está deseoso de dar frutos, de alcanzar la felicidad, de encontrar un sentido a la vida y para ello se esfuerza, pero está frustrado porque no alcanza a obtenerla. Las palabras de Simón están cargadas de un profundo desánimo, de una gran pesadumbre, porque no es que no alcanzó algo que quería, sino que luchó y no lo logró. No es que estuviera sentado a ver si llegaban los peses, sino que luchó, se esforzó y nada. La Palabra de Jesús se dirige por tanto a la vida cotidiana, porque es ahí en donde debe de dar auténticos frutos, Jesús no anuncia Palabra para obtener frutos fuera de lo cotidiano. De nada serviría dar frutos en la catequesis sino los hay en la vida familiar, en el mundo del trabajo, en donde nos desarrollamos. Sino que, el fruto de la Palabra debe de surgir precisamente ahí, en donde nos desenvolvemos para nuestra vida tenga sentido desde la experiencia de Dios, de modo que Jesús no esté desligado de nuestro actuar, sino que vida cotidiana esté estrechamente ligado a la vida de fe.
Seguramente Jesús lo sabe y por ello se lo ha dicho: «Rema mar adentro, y echad vuestras redes para pescar.» Jesús quiere que el hombre surja, que no se dé por vencido, que no se rinda. Y curiosamente Jesús no dice una frase ambigua, una frase sin sentido, o lejana a la realidad, la Palabra que Jesús dirige es para lo cotidiano “Rema mar adentro”, para Pedro la pesca era lo fundamental en su vida y pero debe esforzarse en medio de su vida por seguir adelante, para no rendirse, para no desilusionarse, siempre hay algo más, siempre hay una nueva oportunidad. Es la invitación a profundizar en nuestra vida a sumergirnos en esa realidad que vivimos y a continuar con ánimo en ese caminar.
Con esta frase Jesús hoy nos lo dice claramente: “rema mar adentro”, rema mar adentro en tu vida, en tu familia, con tus hijos, con tu trabajo. No todo está perdido, no todo está dicho, siempre hay una oportunidad, siempre hay una luz en medio de toda tiniebla. Somos invitados a descubrir que no está todo perdido, que es posible salir adelante, es posible salir con fuerza, con la visión de la fe. No todo está perdido, no todo está acabado.
Esta esperanza de que todo puede cambiar se ve claramente en la bella respuesta de Simón: «Pero, en tu palabra, echaré las redes.» Estas palabras son reflejo de una fe, que a pesar de la frustración que ha vivido, confía en Jesús, en su palabra. Hay que confiar en la palabra del Señor. No hay que quedarnos a medias, sino que es necesario ver que la Palabra efectivamente puede cambiar algo, que abrirse a esta novedad podemos ver las cosas de un modo diferente.
Ahora todo puede verse de otro modo distinto, desde la confianza en la Palabra de Dios. Es el momento para lanzarse mar adentro y seguir adelante en medio de la vida. Sabiendo que es la palabra de dios la que nos fortalece, la que nos anima, y da la fuerza necesaria para seguir adelante, y no sólo nuestros mero esfuerzos, sino desde la fuerza de Dios. Así que es el momento e no rendirnos y remar mar adentro en medio de la desolación y la dificultad, a fin de que todo tome un nuevo curso, una nueva manera entender la historia, iluminados por la fuerza de Dios, cuya Palabra es poderosa, es creadora y capaz de ayudarnos a seguir adelante.

2/2/10

Renovarse...

Meditación con motivo de la Fiesta de la presentación del Jesús en el templo

Textos:
Malaquías 3,1-4
San Lucas 2,22-40

Una de las dificultades que se topan en la vida de la fe, y quizá la más difícil sea precisamente el desencanto de esta fe. Lo peor que puede ocurrir es precisamente que la persona se canse de su fe, que se desilusione, que haga ciertas prácticas o trabajos apostólicos precisamente porque no le queda de otra, porque ya se acostumbró, o simplemente porque es una mera rutina. Este es el riesgo más grande, pues la fe se va debilitando y va perdiendo el verdadero sentido.
El día de hoy estamos celebrando la fiesta de la presentación del Señor, una fiesta en donde henos escuchado precisamente que Jesús llega al templo, y llega precisamente ahí, para cumplir con las normativas de la época, pero sobre todo en la intención de san Lucas demostrar cuál es el Papel de Jesús, es decir, llevar todo a plenitud.
En el templo nos dice el texto había dos personajes peculiares Ana y Simeón, los cuales tienen una característica muy importante son ancianos, y esperan algo dentro del templo. En el fondo son signo del Antiguo Testamento que esperan la plenitud de su existencia. Pero curiosamente cuando Jesús entra el texto nos dice que sólo estos dos personajes se dan cuenta, nadie más se percata de ello, esto quiere decir, que no todos esperan a Jesús, que no todos están dispuestos a un cambio, a una plenitud de vida.
El texto nos dice que Simeón espera este momento, sabe que su vida está incompleta, sabe que algo falta y lo espera, está atento a lo que Dios le dice. El texto nos dice que es temeroso de Dios, por tanto, es alguien que vive orientado hacia Él. Es un hombre que busca algo más en su vida. Por otro lado Ana es una mujer que vive haciendo ayunos, que hace sus prácticas religiosas, es algo común en ella, pero en el fondo sabe que hay algo más, por eso cuando ve a Jesús se alegra y lo anuncia.
Ellos dos no se quedaron simplemente haciendo lo mismo de siempre, como una mera costumbre, siempre buscaron más, siempre buscaron plenitud, y la hallaron en Jesús.
Nosotros podemos tal vez cansarnos, creer que todo es rutina, o bien podemos iniciar una vida nueva siendo capaces de descubrir que hay algo más, que Dios nos llama, que Dios siempre está cerca y nos comprende. Sería inútil celebrar esta fiesta, sin tener presente que Jesús se presenta para ofrecer siempre una vitalidad, una renovación en nuestra vida de fe. Podemos estar cansados, hartos, e incluso tener nuestra vida de fe acostumbrada, pero si nos damos la oportunidad realmente renovaremos profundamente nuestra vida de fe.