10/4/10

«… les reprochó su incredulidad y su obstinación»

Meditación con motivo del Sábado de Pascua

Textos:
Hechos 4,13-21
San Marcos 16,9-15

Hoy Sábado de Pascua la liturgia nos presenta el texto de san Marcos, un sumario que se escribió posteriormente al evangelio. La primera parte nos coloca es el testimonio de la comunidad cristiana respecto a estos acontecimientos, y que a nosotros nos puede servir como una especie de resumen de lo que hemos escuchado durante estos días.
La segunda parte parece ser la raíz de este sumario, y es que ante el acontecimiento de la Pascua pueden surgir dudas e incredulidades. Dice el texto que: «en seguida, se apareció a los Once, mientras estaban comiendo, y les reprochó su incredulidad y su obstinación.» Jesús viene a los discípulos pero debido a su incredulidad, a su dureza de corazón. No es que venga porque quiera saludarlos, sino quiere hacerlos entender, que capten y entiendan todo.
Nosotros podemos vivir esta incredulidad y obstinación, cuando no queremos aceptar nuestra fe. Porque podemos decir que rezamos, que cumplimos, que vamos a misa. Pero la resurrección es un reto, implica un cambio de vida, una manera nueva de desarrollar todo. Eso es la resurrección.
Cuando celebramos la pascua y no cabíamos nada. Podemos tener un cirio pascual nuevo, cantar aleluya, pero si no repercute en nuestra vida de nada sirve. La resurrección no es sólo un festejo más en la vida de la Iglesia sino que es un compromiso que debe hacernos madurar, y ser mejores creyentes, de lo contrario seríamos farsantes. Estamos a punto de terminar la octava de pascua donde hemos meditado diversos elementos del acontecimiento pascual, sin embargo hoy nos confronta con el más importante que es reconocer si realmente la pascua nos hace cambiar, o simplemente somos como los apóstoles, incrédulos y obstinados.
Que esta pascua no pase desapercibida en nuestras vidas y realmente haga en nosotros el cambio que se necesita, para ser testigos de la resurrección, y no meros espectadores, que celebran, pero que no permiten que la Pascua se encarne en uno mismo. Pues la pascua no es sólo de palabras, sino de renovación de la propia vida.

9/4/10

Pascua: Escuchar a Jesús

Meditación con motivo del Viernes de Pascua

Textos:
Hechos 4,1-12
San Juan 21,1-14

Hoy se nos presenta este texto bello del evangelio de san Juan en donde se habla acerca de los frutos del apostolado. Pedro y los discípulos van a pescar y justamente en medio de su labor un tanto complicada, aparece Jesús para guiarlos en este camino.
«Tiren la red a la derecha de la barca y encontrarán.» Con esta orden Jesús indica lo que deben de hacer los discípulos para comenzar a pescar, y con ello dar frutos en su labor apostólica. Lo importante es que los frutos de esta pesca no se logran sólo por los esfuerzos de los apóstoles, sino por la voz de Jesús, es él quien los instruye, es él quien les dice por donde deben echar las redes. No basta creer que el trabajo apostólico es de nosotros, que son nuestros dones, nuestros carismas, nuestro modo de ser lo que hace todo, sino que es importante reconocer que todo está en manos de Jesús. Finalmente la fuerza para pescar, para dar frutos es consecuencia de la resurrección.
El principal problema de una pastoral se da cuando creemos que somos nosotros los que hacemos todo, cuando creemos que son nuestras fuerzas, nuestros proyectos, nuestro carisma, pero nos olvidamos de Dios. Entonces no hay pesca, no ha fruto, no hay nada. Puede ser que nos subamos a la braca, que nos creamos mucho, pero no hay nada porque no escuchamos la voz de Jesús que guía nuestro camino eclesial.
Los discípulos después de su esfuerzo, se percatan que deben escuchar a Jesús, se dan cuenta de que es necesario descubrir la voz del pastor que les duce por donde. Muchas veces nosotros hacemos muchas cosas, organizamos, pero sin la voz de Jesús no sabremos hacia dónde ir. Hoy la Iglesia pasa por persecuciones, y lo importante es escuchar a Jesús, no sólo nuestras ideas, nuestros planes, sino descubrir que quiere Jesús, hacia donde movernos y percatarnos realmente de lo que debemos hacer, en favor de todos, a favor de todos los miembros.
Escuchemos la voz de Jesús, eso es lo importante, y sepamos descubrir que todos los frutos que podamos sacra serán finalmente obra d él, no de nosotros, y si nos topamos con dificultades, con momentos difíciles, no perdamos la fe, al contrario sigamos adelante ajustemos nuestros oídos y descubramos por donde debemos de pescar y dar esos frutos, con la fuerza de la resurrección, que nos da esa energía para seguir adelante.

8/4/10

La resurrección no es fantasmal

Meditación con motiovo del Jueves de Pascua

Textos:
Hechos 3,11-26
San Lucas 24,35-48

El día de hoy la liturgia nos presenta este episodio donde Jesús se presenta en medio de sus discípulos. El problema es que ellos creen que es un fantasma. La palabra fantasma en griego no se refiere a espíritus malignos, o del más allá. Fantasma hace referencia sobre todo a algo que se genera en la mente, algo que no existe, una idea que brota. Podemos decir que Los discípulos no creen en Jesús, en su resurrección.
Muchas veces podríamos creer que la resurrección es un fantasma, que es algo ilusorio, una mera idea, pero no una realidad. Cuando vemos la violencia, la corrupción, la venganza, la envidia, el mal, podríamos pensar que todo esto es más fuerte que Dios, más fuerte que la resurrección. Las mismas noticias nos presentan siempre un caudal de información negativa, que sin lugar a duda nos llena de inseguridad y no nos hace tener una verdadera confianza. No creemos en la fuerza de la resurrección.
Pero Jesús, sale a su encuentro para anunciar que es posible la vida, que es posible la resurrección: «Miren mis manos y mis pies, soy yo mismo. Tóquenme y vean.» La manos son el símbolo del trabajo del hombre, en este caso es una invitación para descubrir el trabajo, el obrar de Dios en nuestra historia. Ver el don de la vida, nuestros sentimientos, nuestras relaciones, los logros que tenemos, las amistades, todo lo que vamos teniendo a lo largo de nuestra jornada, que no es malo. La problemática sucede entonces cuando no somos capaces de ver todo lo que Dios hace en nosotros.
Los pies son el símbolo del camino, del romper con las esclavitudes. Ver sus pies consiste en reconocer que hemos sido capaces de cambiar nuestro carácter, nuestros pensamientos, que hemos estado mejorando en la vida. Que vencemos nuestro pecado, liberándonos de tantas esclavitudes. Si hemos sido capaces de perdonar, capaces de amar, de dejar un vicio, de cambiar nuestra forma negativa de ser. Implica que la fuerza del resucitado está con nosotros.
El mal puede ser apantallante, y hacernos creer que la resurrección es un fantasma, que es una mera idea, un sueño, algo que no existe, sin embargo no es así. Si vemos las manos, el obrar de Dios en nuestra historia nos percataremos de que aquí está Dios, y que la fuerza de la resurrección es visible. Si vemos los pies, veremos que hemos vencido el mal, y que es por la fuerza de la resurrección. No dejemos que el mal sea tan impresionante que no nos percatemos de que Dios actúa en medio de nosotros, de que la resurrección vive con notros y hace que se transforme la historia.

7/4/10

Emaus: El camino de la desilusión

Meditación con motivo del Miércoles de Pascua

Textos:
Hechos 3,1-10
San Lucas 24,13-35

El día de hoy podemos contemplar a estos dos discípulos que van a Emaús. Regresar a Emaus, implica que regresan a la cotidianidad de sus labores, quiere decir que no esperan más de la vida, sino que se ilusionaron con Jesús pero que todo ha terminado. Ahora viven en la desilusión.
Esto nos invita a contemplar una realidad humana: La desilusión, la tristeza, la crisis, que se puede dar en un momento determinado de la vida. No estamos exentos de esta situación, sin embargo el problema no es que tengamos esto en nuestra historia, esto es algo que forma parte de la realidad. En algún momento pueden llegar las crisis, la incertidumbre, la tristeza, son cosas de la vida. Cuántas veces alguien nos puede defraudar, cuantas veces los amigos, los hijos, los padres, pudiesen hacer algo que no nos guste y nos desilusionen.
EL problema inicia cuando estas desilusiones se hacen más grandes y van encerrándolo todo en nuestra vida. Cuántas veces la tristeza o desilusión nos deja sin fuerzas, sin querer seguir adelante, sin querer esforzarnos para continuar, creyendo que ya nada es posible. La desilusión puede crecer y hacernos pensar que no vale la pena seguir, podemos decaer, ya no esforzarnos, no creer que hay otras cosas menores, no querer dar otra oportunidad, e irnos hundiendo lentamente.
Estos dos discípulos de Emaús sienten eso, ya no se han quedo en Jerusalén precisamente porque ya se acabo todo, no hay solución, Jesús murió y todo está dicho. Ahora es mejor regresar a lo cotidiano y llenos de frustración. Esto lo reflejan sus palabras: «Nosotros esperábamos…», marcando que había expectativas, pero ahora todo está muerto, todo está perdido. Jesús murió, ahora se han destrozado todas las ilusiones, y sueños que tenían. No esperan nada, ni siquiera porque las mujeres les dijeron que estaba vivo creían. Es tan grande su desilusión y su tristeza que no quieren creer nada, no aceptan ninguna palabra, creen que todo está perdido.
Sin embargo Jesús no los deja así, sino que a su encuentro y tarta de iluminar ese camino de la desesperanza, dando sentido a todo lo sucedido, dando sentido a todo lo que han vivido. Les da a entender que esa muerte no es el fin, sino el cumplimento de las promesas, el cumplimento de los planes de Dios, que no pueden encerrarse sólo en lo que ellos quieren.
La pascua debe ser esto, una experiencia para reconocer que no estamos exentos de momentos tristes, de momentos difíciles, de crisis; pero lo importante es reconocer que no son los mementos definitivos, que siempre hay una solución, una oportunidad, que hay una fuerza de vida que nos ayuda para salir adelante y no hundirnos por esas situaciones. Jesús viene para que esos momentos no sean más fuertes que cualquier esperanza. Celebrar la pascua es reconocer que por más difícil que parezca podemos salir adelante, con la fuerza de la resurrección, reconociendo a Jesús que viene a nuestro encuentro.

6/4/10

Pascua: Rejuvenecer nuestra fe

Meditación del Martes de Pascua

Textos:
Hechos 2,36-41
San Juan 20,11-18

Hoy la liturgia nos presenta una realidad que sucede en la historia del hombre: Vive atrapado en las redes de la muerte. El episodio de María Magdalena nos hace ver esta situación. María representa en este episodio a la comunidad que cree que todo ha terminado con la muerte, que ya no hay más, sino que la muerte ha terminado todo. La prueba la podemos constatar cuando María repite incesantemente: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.» Son Palabras que reflejan la búsqueda de un cadáver, de un muerto; María no busca la vida. Para ella todo ha terminado con la muerte.
Es incapaz de descubrir en el sepulcro vacío una señal de vida, sólo ve que se roban el cuerpo, pero no descubre que el sepulcro está abierto porque la muerte ya no puede encerrar ha Jesús, él ha ganado. O bien no descubre en estos ángeles y su mensaje, el anuncio de la vida. No lo cree, la idea de la muerte es más fácil, que la misma promesa de la vida. Incuso cuando Jesús se le aparece no lo reconoce, porque para ella Jesús está muerto, de modo que como lo puede distinguir, si está muerto.
Esto nos lleva a pensar que la idea de la vida es difícil. Ayer contemplábamos como los guardias y las autoridades religiosas tratan de esconder el efecto de la resurrección, para su conveniencia manipuladora. El día de hoy nos percatamos que no sólo es lo que el mundo dice, sino lo que podemos creer, es decir que no somos capaces de creer en la vida, es más fácil pensar y buscar la muerte. Es más fácil conformarse con lo caduco, que esforzarse por la vida, por el triunfo de la resurrección. La resurrección incluye un compromiso. El compromiso de hacer el cambio, de hacer posible la vida, de vencer nuestro pecado, de transformar nuestra historia. Pero por lo general solemos ser conformistas y decir que no es posible, que nadie cambia, que todas las personas son así, que es imposible cambiar el mundo, etc. Respiramos de este modo un ambiente de conformismo, de búsqueda de un cadáver, de lo que ya conocemos, de lo que tenemos, pero sin comprometernos realmente. Es más fácil ir al sepulcro y adorar, que encontrarse con el resucitado y dejar que él nos transforme. Es más fácil quedarnos en adoración de cadáver, y que no repercuta en nuestras vidas.
Cuántas veces nosotros en nuestra vida de fe sólo nos limitamos a asistir a ciertos actos cultuales, pero no nos comprometemos, no cambiamos nada, no iniciamos una transformación. Seguramente porque la religión es algo muerto, es algo sin sentido, es algún tipo de costumbre, pero no porque realmente sea una invitación a renovarnos. Cuantas veces nuestra práctica religiosa queda convertida en la búsqueda de un cadáver, porque sólo contemplamos, pero no dejamos que repercuta en nuestra vida.
Sin embargo Jesús no quiere esto, por ello va al encuentro de María, y le dice: «María.» La llama por su nombre, es decir le devuelve la identidad, su ser persona, que de alguna Manera se ha perdido, pues su idea de muerte le hace olvidarse incluso quién es ella. Jesús la llama por su nombre, para recordarle quién es ella, quién es esa mujer que conoció a Jesús, que le amó, que seguramente enfrento muchas cosas y riesgos por el anuncio del evangelio, que conoció a Jesús y se dejó a cautivar por su mensaje. Decirle María es ayudarle a recordar quién es ella, cuál es su misión, cuál es su expectativa, ayudarle a descubrirse como una persona viva.
Inmediatamente ella reacciona, seguramente reconoce, si, su identidad, pero también reconoce su misión y la voz del pastor que la llama. Ahora puede iniciar un cambio, puede ser mejor, puede renovarse profundamente, y pude ser misionera.
Hoy Jesús nos llama por nuestro nombre, nos llama para recordarnos quienes somos, qué hemos hecho, recordar cuántas veces hemos arriesgado nuestra vida por tantos ideales, que hoy ya los dimos por perdidos; cuántas veces hemos dejado tanto por el evangelio y hoy es rutina; cuántas veces hemos dejado que el evangelio nos cautive, pero que hoy parece costumbre; cuantas veces hemos permitido que su evangelio ilumine nuestra fe haciéndola viva y eficaz, pero que hoy hemos dejado que la rutina la vuelva una fe muerta.
Jesús resucitado nos llama por nuestro nombre, nos devuelve esa identidad, esa fuerza, esa fortaleza, para que seamos capaces de comprometernos y vivamos la experiencia del resucitado, dando razón de nuestra fe.

5/4/10

Efectos de la resurrección

Meditación con motivo del Lunes de Pascua

Textos:
Hechos 2,14.22-33
San Mateo 28,8-15

La resurrección es el acontecimiento más importante de la historia humana pues ya o vivimos esclavizados a la muerte. Sin embargo, pareciera que no es del todo creíble esto, pues no repercute de igual modo den las distintas esferas de la sociedad. El Día de hoy hemos escuchado en la lectura del evangelio dos efectos distintos que produce la resurrección.
El primero de esos efectos lo encontramos en las mujeres que una vez que ha llegado al sepulcro y han recibido el anuncio del ángel, se retiran estupefactas, y con una cierta alegría por este anuncio. Una anuncio de vida, pro un nuncio que debe de asimilarse lentamente. Y para que esto se asimile y la alegría sea plena es necesario el encuentro con Jesús que una vez fuera del sepulcro, una vez fuera del ámbito de la muerte ellas pueden recibir este encuentro.
El encuentro de Jesús las llena de alegría, las llena de un gran entusiasmo. De manera que la resurrección hace precisamente que llegue la alegría, pues el hombre no está condenado a los confines de la muerte, su pecado puede ser vencido. Esto debe ser la gran alegría, puyes las estructuras de muerte que imperan en medio de la sociedad no son del todo definitivas, es posibles vencerlas con la fuerza de la resurrección.
Sin embargo esta categoría de liberación donde la muerte y las estructuras de corrupción que oprimen al hombre, al recibir el anuncio de vida y libertad, no les parecen, puesto que el poder imperante se basa en estas categorías para poder dominar, imponer el miedo y hacer lo que deseen. Por esta razón es mejor evitar todo tipo de anuncio de vida y de liberación. Así lo descubrimos con los sacerdotes, los soldados e incluso con Pilato que de alguna forma se dejará corromper por los mismos ancianos.
Si anuncian que no resucitó, quiere decir que todo es un sueño, que nada es real y por lo tanto que todo proyecto de liberación del sistema es imposible y terminará con la muerte. Sólo de esta manera es posible seguir dominando en medio de la sociedad, y que los poderosos de la historia sigan adelante en su dominio.Meditemos que efectos ha en nosotros, si preferimos ser instrumentos de alegría y esperanza, o bien sólo anunciamos lo que nos conviene y poder así dominar las cosas a nuestra conveniencia.

4/4/10

«Vio y creyó»

Meditación con motivo del Domingo de Pascua
Ciclo /C/

Textos:
Hechos 10,34.37-43
Colosenses 3,1-4
San Juan 20,1-9

Hoy la Iglesia celebra con alegría el fundamento de su fe, celebra con grande gozo el acontecimiento de la resurrección. Es el gran acontecimiento que marca los corazones de todos los hombres, pues es la alegre noticia de que la muerte ha sido vencida, la muerte ya no es la última palabra en la historia. Aquellos que creen que por medio de la violencia, del terror, de la amenaza pueden guiar la historia, aquellos que creen que no hay otra salida sino la violencia, la humillación, la destrucción para salir adelante, el día de hoy surge una propuesta novedosa, el día de hoy se anuncia que ellos, se equivocan puesto que hay una fuerza que los desenmascara, la fuerza de la vida, y una vida en plenitud, la vida en la resurrección.
Esta resurrección no se limita simplemente al revivir de un cadáver, sino que es algo más profundo, es un nuevo estilo de vida, donde el dolor, la angustia la muerte ya no tienen razón de ser, ya no hay esclavitud, ya no hay amenaza que se cierna sobre ellos, hoy la vida ha triunfado, hay una nueva vida donde el amor es posible, y ya no se puede detener. Hay una fuerza que anuncia que el mal no tiene la última palabra a pesar de que es fuerte y amenaza, pues hay una fuerza que anuncia el fin del mal, y que sus efectos son pasajeros, puyes hay una vida en donde el mal y la muerte ya no pueden hacer estragos: La fuerza de la resurrección.
Este es fundamento de nuestra fe, sin embargo al hablar de resurrección, al hablar del triunfo de la vida, de triunfo del amor, de la derrota de la muerte, podrían surgirnos muchas dudas, podrían surgirnos un sinfín de incertidumbres, puesto que estamos rodeados de muerte, de ataques terroristas, narcotráfico, guerras, violencia, maldad; y ante todo eso podríamos dudar y decir ‘¿Qué mal se ha vencido, si el panorama mundial es de incertidumbre y terror?’, pero es que esta fuerza de la resurrección es posible, sólo que el hombre en su libertad no la deja crecer, no la deja actuar, más aún nosotros mismos, no lo creemos, no creemos que seamos capaces de vencer nuestro mal, de vencer nuestra envidia, de vencer la destrucción que provocamos. Y precisamente no lo creemos porque la situación es tan negra, tan oscura en estos y tiempos que nos defrauda, nos atemoriza, por lo tanto creemos que la fuerza de la resurrección no es posible.
Sin embargo es cierto, es un verdad irrefutable, pero ¿Cómo podemos hacerla realidad?, qué podemos hacer para que la fe crezca en nuestro corazón, qué debemos hacer para que la fe no se tambalee y efectivamente la resurrección sea desde hoy una realidad en nuestra vida. Finalmente la pregunta sería ¿Cómo podemos alimentar nuestra fe para seguir adelante? Parece ser que la liturgia del día de hoy nos coloca esta realidad, y da el instrumento para suscitar esa fe que hoy día puede estar tan endeble y apagada.
El texto del evangelio en primer lugar nos presenta en María Magdalena a la humanidad que ha `perdido la esperanza y que llora la muerte de Jesús, par ella, todo está dicho en la muerte, para ella la muerte ha ganado. Por esa razón va al sepulcro, va a rendir un póstumo al cadáver de Jesús, no espera más. Sin embargo en su camino se topa con una sorpresa el sepulcro está abierto. Ante esta noticia corre, a anunciarlo, cree que se lo robaron. Como respuesta salen corriendo el discípulo amado, y Pedro. Y una vez que entran dice el evangelista de manera magistral: «…entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: él también vio y creyó
Estas últimas palabras parecen dar la pista para encontrar sentido a nuestra fe: “vio y creyó”. El evangelista habla de este discípulo que tiene fe, pero antes de tener fe dice que vio. Por lo tanto su fe no surgió espontáneamente, sino que es consecuencia de ver, es consecuencia de la observación minuciosa de las cosas. De ahí sale la fe. La fe no es sólo decir que yo creo y ya, sino que la fe sale del ver. No se refiere a ver a Dios, porque el discípulo amado no vio a Dios en ese momento, sino que observo la situación, meditó lo que veía y surgió la fe.
Pero el primer paso es el ver, el estar atento a las cosas. La fe no surge nada más porque si, o porque me dijeron, si no que surge del ver, de la visión, de una mirada atenta, minuciosa, contemplativa. La primera lectura parece profundizar en esto. San Pedro está en medio de un discurso y habla de la experiencia de la fe, de manera implícita nos dice cómo es que surge la fe: «Ustedes ya saben qué ha ocurrido en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicaba Juan: cómo Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo… El pasó haciendo el bien y curando a todos los que habían caído en poder del demonio, porque Dios estaba con él. Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en el país de los judíos y en Jerusalén. Y ellos lo mataron… Pero Dios lo resucitó al tercer día y le concedió que se manifestara…» Pedro habla de las razones de la fe, y curiosamente no hable de grandes cosas, sino de lo que el pueblo vio, vio su predicación, vio sus obras, vio su muerte. Por lo tanto la fe no surge de cosas ajenas a nosotros, la fe surge de la experiencia de lo que hemos visto. Sólo que el pueblo lo vio superficialmente, no profundizo, y por lo tanto no puede profundizar en su experiencia de fe.
La fe surge de lo que los apóstoles vieron, de lo que ellos vivieron, no de cosas fuera de ellos, parte de su propia experiencia personal., El problema es que a veces nosotros no vemos,, no somos capaces de descubrir todo lo que Dios nos da.
La fe necesita de nuestros ojos, necesita de nuestra visión, necesita de nuestra capacidad de contemplación, de reflexión. Si observamos bien nuestra vida descubriremos aun en lo más terrible el actuar de Dios. Podemos descubrir cómo ha cambiado nuestro carácter para quien, como hemos sido ya más pacientes; podemos contemplar como la vida se vuelve un regalo. Contemplar la maravilla de un niño que nace, la maravilla del funcionamiento de nuestro cuerpo, lo extraordinario y armonioso que hay en la naturaleza. Eso es contemplar y podemos descubrir ahí a Dios. Podemos ver como hay grandes sentimientos en nosotros que a veces no vemos, que veces pasan desapercibidos, pero que en realidad son virtudes en nosotros. Ver a los amigos, a la familia, ver que podemos ser mejores, que valoramos la amistad y tantas cosas. O cuando somos capaces de dar la vida por otro, cuando depositamos la amistad o la confianza en otra persona, cuando damos el perdón a alguien a pesar de que nos ha fallado. Eso es una fuerza que va más allá de la filantropía humana, es la huella del creador, es huella de que la resurrección y el triunfo de amor son posibles.
Hoy celebramos la resurrección, pero es necesario no ver sólo lo negativo de la vida, sino ver lo positivo, lo que anima, lo que renueve, lo que transforma, hay que ver esto, pues lo negativo, las tinieblas de la historia se pueden vencer cuando la fe crece, cuando creemos y somos capaces de anunciar y vivir de una manera nueva el amor. Eso es la Pascua, eso es la resurrección, una fe que constantemente crece, por nuestra observación, por neutras contemplación, que nos ayuda y nos da lo necesario para ser mejores y ser testigos del resucitado, anunciando y transformando las estructuras, pues nuestra fe es visible y patente en medio de nosotros. Que veamos y comencemos a creer. Que el Señor resucitado nos abra los ojos y contemplemos la fuerza de Dios, la fuerza de la resurrección, pero sobre todo que al contemplarla, nos fortalece y nos anime a renovar nuestra vida y nuestro mundo.

FELICES PASCUAS DE RESURRECCIÓN!!!!

3/4/10

«Dios nuestro, que por medio de tu Hijo nos has comunicado el fuego de tu vida divina, bendice este fuego…»

Meditación con motivo de la Vigilia Pascual

Hoy estamos celebrando la Vigilia Pascual, pero ¿Qué significa esta celebración? Para entender esto es necesario reflexionar en lo que significa esta palabra. La vigilia como su nombre lo indica es una vigilia, es estar en vela. Cuando uno está en vela lo hace por razones importantes, por razones de peso, no se pone uno en vigilia nada más porque si. Una mamá por ejemplo no está en vela sólo porque no quiere dormir, está en vela porque está cuidando a su hijo, porque está esperando que llegue, en fin se pone en vela para realizar algún acontecimiento importante.
De esta manera podemos decir que la vigilia es una invitación para permanecer despiertos, para no dormirnos. Esta es la razón por la cual la vigilia debe hacerse al iniciar al anochecer, puesto que una actitud de vigilancia se hace en la noche.
Pero que características debe tener un vigilante. En primer lugar se debe tener disposición para velar, es decir, estar despierto, es decir, no debe dejarse dominar por el sueño, porque el sueño hace que el hombre no esté atento a sus responsabilidades. Cuando el hombre duerme y no vigila pueden suceder muchas cosas. La parábola del la cizaña, por ejemplo dice, que mientras dormían llegó el enemigo y cembro la cizaña en medio del campo. Ellos durmieron y entro el mal en medio del sembradío. De esta manera el hombre que duerme puede dejar que en el campo de su vida entre la cizaña, entre la enemistad, el odio, el rencor. Todos estamos llamados a estar vigilantes, a estar atentos a lo que pasa en nuestras vidas, con nuestros semejantes, con nuestras amistades, con nuestros sentimientos, nuestras emociones, porque finalmente en todas ellas puede entrar el mal, puede tergiversarse la amistad, el amor, la solidaridad, la familia, y con ello convertir nuestra vida en algo malo, equivocar el camino y dañarnos y dañar a los demás. Cuando el creyente no vigilia, se duerme y deja que el odio anide en su corazón, deja que los vicios alteren su vida, deja que la destrucción arruine sus relaciones, deja que la envidia rompa amistades, deja que la enemistad se vaya haciendo cada vez más fuerte.
Estar despiertos equivale no dormirnos en nuestra vida, analizarnos y descubrir que va mal en nosotros, que cosa nos lastima o lastima a los demás, por qué mi relación de pareja ha cambiado, por qué no entiendo a mis hijos, por qué me he alejado de los míos, por qué me va mal en el trabajo, por qué mi carácter es distinto. Pero es necesario detenernos y meditar por qué suceden las cosas. Pero si decimos, pues ya ni modo, que se aguanten, eso les toca a ellos, yo estoy bien; implica que nos dormimos y no estamos en vela. Velar quiere decir meditar sobre nosotros, hacer examen de conciencia y ver en qué cosas vamos fallando y en que podemos mejorar.
En segundo lugar en una vigilia necesitamos de la luz. No es posible estar despiertos en la noche y estar atentos a lo que sucede, si no lo hacemos con luz. Los guardias en las noches portan lámparas, porque sin ellas no podrían ver que pasa a su alrededor. El día de hoy tenemos un bello signo de vigilia: La bendición del fuego nuevo. Este fuego se bendice con el fin de marcar el inicio de una nueva luz que está por venir. Por esta razón una vez que el fuego nuevo se enciende podemos nosotros percatarnos que después se enciende el cirio, signo de Cristo y al mismo tiempo se enciende las candelas de toda la gente ahí presente.
¿Por qué se hace este signo? Si todos encendemos nuestras candelas, es precisamente en señal de vigilancia. Encendemos nuestras luces para estar atentos, para poder estar despiertos. Finalmente si podemos estar atentos a lo que viene es precisamente porque estamos vigilantes con la luz de Cristo. No son nuestras luces, no es un fuego cualquiera con el que se encienden nuestras candelas, sino con un fuego nuevo, y por lo tanto con un fuego distinto, con una luz diferente a las otras. Por esta razón se bendice el fuego, porque estamos invitados a vigilar, pero con una luz que no es de nosotros, con la luz de Dios, con una luz distinta.
¿Por qué ha de ser con una luz distinta? Porque si estuviéramos vigilantes con nuestras luces habituales, no podríamos vigilar bien, pues estaríamos atentos a nuestras conveniencias, con nuestros pretextos, con nuestras manías y vicios. Porque muchas veces esas son las luces que nos guían. Muchas veces el parámetro para guiar e iluminar nuestra historia es precisamente nuestros propios criterios. Pensamos que nosotros estamos bien y los demás mal. Cuántas veces al tener problemas con alguien nos ponemos a pensar la razón, y curiosamente no vemos nuestros errores, sino que decimos ‘me tiene envidia’, ‘es que es insoportable’, ‘es que me cae mal’, ‘yo estoy bien y no lo reconoce’, ‘se debería de ir’. Con ese tipo de criterios vamos por la vida haciendo nuestra evaluación de vida, y por supuesto que eso no es vigilancia sino pura soberbia, y nunca cambiamos. Con ese tipo de vigilancia jamás podernos esperar que la resurrección esté presente en medio de nosotros, jamás llegará a nuestra vida.
La resurrección es algo que se debe vivir hoy en día, que debe hacerse presente entre nosotros, que es posible hoy; pero curiosamente la liturgia de la vigilia pascual nos coloca como preámbulo para iniciar la Vigilia y con ello esperar la resurrección, este rito del fuego nuevo y las candelas vigilantes. Es como si la liturgia nos quisiera decir, estas a punto de vivir la resurrección, es más, la resurrección está a t alcance, hoy puedes vivir como un hombre nuevo; pero para acceder totalmente a ella, debes estar vigilante, pues la nueva vida no puede entrar a tu historia, si tu se lo permites, si no descubres de que cosas debes deshacerte, cuales son los obstáculos en tu historia, cales son los pecados que debes deshacerte. La resurrección e hoy, pero es necesario que tu le permitas actuar, y para ello debes ver que estás haciendo para eliminar todo eso que te daña y daña a los demás. Para poder iniciar ese cambio, y tener la nueva vida en Cristo debes vigilar, debes descubrir que hay ti, que te falta o que te sobra, y descubriendo esto dejar que Dios transforme tu vida.
Vigilar con el fuego nuevo, con la luz que viene de Dios, esa luz que deja ver tu soberbia, tu pecado, tu antipatía, tu egoísmo, tu mediocridad. Ese fuego nuevo que te invita a reconocer que has fallado, y ver tus debilidades, porque es con la luz de Dios. Todos los que participan hoy de la vigilia pascual han encendido su cirios, sus candelas, pero ese signo externo deben hacerlo interno, deben hacer que ese signo se convierta en realidad y sea él la luz que en medio de nuestras tinieblas, la luz que en medio de las angustias, la luz que en medio de nuestro pecado nos descubre y deja ver quiénes somos y que hemos dejado de hacer para nuestra salvación. Si permitimos que el fuego nuevo, la luz de Dios guie nuestra vida seremos vigilantes y haremos que en esta vigilia la resurrección esté en nosotros y nos renueve profundamente.
Si ese fuego nuevo nos guía seremos resucitados, con la fuerza de Dios y entonces si estaremos en la pascua del Señor. Qué el Señor sea ese fuego para que guíe sus vidas y Felices Pascuas de Resurrección

2/4/10

«... Retrocedieron y cayeron en tierra»

Meditación para el Viernes Santo

Textos:
Isaías 52,13-53,12
Hebreos 4,14-16;5,7-9
San Juan 18,1-19,1-42

El día de hoy la liturgia nos invita a centrarnos en el misterio de la cruz. Muchas veces creemos que este acontecimiento es algo triste, incluso hay quien puede llorar al contemplar la cruz de Cristo. Sin embargo este no es el sentido, no es un día marcado por la melancolía, sino para la meditación y para comprender el amor de Dios por nosotros, y al mismo tiempo para entender el misterio de la cruz en medio del misterio pascual.
Centremos esta reflexión en el inicio del relato de la pasión que parece ofrecernos una meditación sobre el significado de la cruz de Cristo.
El relato de la pasión comienza diciendo: «Pasó Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, en el que entraron él y sus discípulos.» Estas coordenadas geográficas parecen indicar el lugar donde se situaba el huerto de los olivos, sin embargo, parece tener también una connotación simbólica. El torrente servía, según el primer libro de Reyes, para señalar el límite de la ciudad, con esto el evangelista trata de poner en claro que Jesús deja detrás la ciudad, para encontrarse con el Padre. Ni Jesús ni los suyos pertenecen al sistema injusto, al sistema que lo condenará a muerte, se aleja de ellos para encontrase con su Padre. Ahora es un momento de intimidad con el Padre.
Una vez atravesado este torrente llega a un huerto, el huerto es el lugar de la vida, Jesús está a punto de morir pero en realidad está por entrar a la vida, lo que Jesús trae es la vida, la fecundidad. De esta manera podemos comprender que la cruz de Jesús no es un simple y llano camino a la muerte, es un camino hacia la vida. Si contemplamos hoy el misterio de Cristo crucificado, es para contemplar el inicio del camino pascual. Todos estamos llamados a la resurrección, pero para llegar a ella es necesario pasar por la cruz. La gloria no se alcanza si no es por la cruz. Y la cruz no es por tanto un tema de muerte, sino que es un camino hacia la vida. Porque no todo termina en el Viernes santo, sino que caminamos hacia la resurrección.
Continuando con el texto podemos ver una aclaración que aparece particularmente en el evangelio de san Juan: «Jesús, que sabía todo lo que le iba a suceder, se adelanta…» Jesús tiene plena conciencia de la circunstancia. No espera a que el pelotón lo sorprenda, el va sin rodeas a enfrentar la situación. Sale, y con esto da muestras de que es voluntaria su muerte, pues está dispuesto a entregarse. El da la vida a favor nuestro. Da l vida para rescatarnos. Para san Juan el don de la vida de parte de Jesús es algo importante, es un don de amor. La cruz se convierte así en una donación de amor por nosotros.
«…y les pregunta: “¿A quién buscáis?” Le contestaron: “A Jesús el Nazareno.” Díceles: “Yo soy.” Judas, el que le entregaba, estaba también con ellos. Cuando les dijo ‘Yo soy’, retrocedieron y cayeron en tierra.» Jesús comienza preguntando a quien buscan y se identifica con “Yo soy”, con esto se señala su divinidad, y sobre todo que este hombre no va a ser entregado, sino que él mismo se entrega y proclama ese poder. Al decir “Soy Yo” recordamos el nombre con el que Dios se identifico a Moisés, de modo que con ello Jesús demuestra poder, su condición, su naturaleza. Él es divino, él sabe su misión.
Al escuchar esto, los que llegaban a aprender a Jesús retroceden y caen en tierra. Este retroceder es un lenguaje simbólico que dentro de la teología de los salmos, se aplica a aquellos que son perseguidos y confían en Dios, sabiendo que sus enemigos serán acabados, así este “echarse para atrás” recuerda la huida, la derrota (por ejemplo Sal 20,13). Quiere decir que al darse a conocer Jesús ellos son derrotados, ellos no pueden nada ante Dios. Todo está perdido de antemano. Y con un gesto magistral san Juan agrega la idea de Caer en tierra. Esto puede intensificar el signo de derrota como un signo de derrota total y contundente.
Es como si san Juan anunciará desde antes que sea aprehendido Jesús, que la victoria está anunciada. Lo que viene a continuación es un relato de exaltación, pues los enemigos están vencidos. La muerte no tendrá la última palabra, sino que la muerte, ya está vencida de desde antes. A continuación lo arrestarán, pero para el evangelista Jesús ha ganado, Jesús los ha vencido desde antes. La muerte no tendrá la última palabra.
De este modo se abre el relato de la pasión, haciendo un pre-anuncio del triunfo de Jesús, y como la cruz es sólo el escalón para la gloria. Es una donación por amor, da su vida porque nos ama, y por esta razón, se entrega. Pero ellos están vencidos, el amor vence, el amor tiene la última palabra. El amor no se dejará vencer. Hay muerte, pero la vida, la resurrección tendrá la última palabra en la historia.
Y así como se abre este relato de la Pasión, se abre el triduo pascual, contemplando la muerte, la cruz, el amor, pero sabiendo que de antemano la muerte será vencida, el odio se convertirá en misericordia, la destrucción, en paz. Porque Cristo transformará la estructura injusta para darle un nuevo significado, demostrando que el amor lo vence todo.
Contemplemos hoy la cruz, contemplemos el amor de Jesús, pero contemplémoslo con un espíritu de alegría, no de tristeza, sino de gozo porque en esa cruz está el más grande signo de amor, y en esa cruz está el camino para nuestra salvación.

1/4/10

Dejarse lavar los pies

Meditación con motivo del Jueves Santo

Textos:
Éxodo 12,1-8.11-14
2 Corintios 11,23-26
San Juan 13,1-15

Hoy la liturgia nos propone el pórtico par la celebración del Triduo pascual, y para ello nos presenta el extraordinario texto de San Juan con el denominado episodio del lavatorio de los pies. Con este relato el evangelista abre el episodio de la pasión, presentando este gesto profético. Pues el lavatorio es una presentación del misterio pascual, representa la donación de su vida a favor de otros.
El texto marca esta idea con la siguiente expresión: «Se levanta de la mesa, se quita los vestidos y tomando una toalla se ciñó.» Levantarse implica una disposición, Jesús está para servir, se quita los vestidos, este verbo quitar refiere en otro pasajes al desprenderse de la vida, y se puede ver claramente como al finalizar el episodio se pone sus vestidos, por lo que podemos deducir que con esto se simboliza el que Jesús se desprenda de su vida y la vuelva a tomar. Esta entrega de la vida está en torno al servicio, por esta razón se ciñe una toalla, es decir, se reviste del servicio.
El lavar los pies a los discípulos implica que es el signo del máximo servicio y es una representación de la muerte voluntaria de Jesús. El da su vida nadie se la quita. Con esto podemos descubrir que Jesús viene a dar su vida porque nos ama, y con este signo anticipa esta donación plena de su existir. Y esto demuestra un gesto de profundo amor, como ya lo había indicado el mismo evangelio al inicio: «Él que había amado a los suyos que estaban en medio del mundo, les demostró que los había amado hasta el extremo.» Quiere decir que esta entrega se hace en una dinámica de amor. La semana Santa es precisamente esto, un momento para descubrir el amor de Dios que se da en medio de la historia.
Sin embargo el problema fundamental se da cuando nosotros no entendemos esta dinámica del amor, no descubrimos que los misterios de salvación son por una iniciativa del amor. Y lo creemos muy distante a nuestra historia. El mismo Pedro en el relato muestra su incomprensión, no entiende porque Jesús hace ese gesto. Que Jesús sirva, de su vida, este Dios que baja para servir al hombre, sin duda que es una imagen terrible, de ahí que Pedro marque una total distancia cuando dice: «¿Tu a mí lavarme los pies?» No acepta esta postura de servicio, de dar la vida, no acepta que Dios ame a tal nivel, cayendo de ese modo en la autosuficiencia pues no acepta que Jesús le salve la vida. Jesús debe hacer otra cosa, Jesús es grande, no puede fijarse en nuestra pequeñez.
En el fondo la pasión de Cristo nos resulta un tanto absurda precisamente porque supera nuestros esquemas, supera nuestras creencias y esquemas de Dios, que lo vemos distante, omnipotente, pero no creemos que se a cercano, tan cercano que se hace hombre, tan cercano que da su vida. Y como vemos a Dios tan distante, lo podemos ver como juez, como castigador, pero no como el amor, como aquel que ama, que se entrega por nosotros. La semana santa es el recordatorio de quién es Dios, de su amor, de su fragilidad, de su perdón de su misericordia, que ha entregando a su Hijo para que nosotros tengamos vida. Algunos pueden decir ‘¿Para qué celebrar cada año lo mismo?’, la respuesta es sencilla: para recordar quién es Dios, para recordar que no es distante, para recordar que vive cercano a nuestra historia, para recordar que es amor.
Y ese recordatorio se lo tiene que hacer Jesús al mismo Pedro: «Si no te lavo, no tienes parte conmigo», es decir si no se abre al amor de Dios, a un Dios que salva al hombre haciéndose él mismo pequeño, hombre, siervo que da la vida, no puede participar de su salvación. Y eso mismo nos lo dice en esta semana santa. Nos pide que lo dejemos entrar, que nos dejemos amar, quiere que tengamos parte con él.
Sin embargo Pedro parece no entenderlo y se pasa al otro extremo cayendo nuevamente en la incomprensión: «No sólo los pies, sino hasta las manos y la cabeza», creyendo que esto es un ritual, como si la salvación estuviera reducida sólo para aquellos que cumplen un cierto número de reglas como el ir a misa, hacer oración, confesarse o comulgar. Pedro ha limitado la experiencia de Dios a lo meramente ritual. Te salvas si haces algo, te salvas si cumples con unos preceptos. Te salvas si asistes a cosas. No la salvación va más allá de esto. Cuantas veces encerramos a Dios en el rito, no porque sea malo en sí el rito, pero si limito mi experiencia de Dios sólo a ello, donde entra el amor, la misericordia, mi vida en Dios. Dios rebaza todo esto.
«El que se ha bañado, no necesita lavarse; está todo limpio», en otras palabras no es un rito de purificación, la limpieza no es cuestión de lo externo, sino una cuestión interior, el lavatorio es señal del amor novedoso de Dios, Dios ama gratuitamente, sin que tengas que recurrir a ningún rito, solo uno necesita aceptarlo, dejarse transformar por este amor y entregarse a los demás tal y como lo especifica más adelante. Esto es la semana santa, no sólo un rito, sino dejar que la experiencia del amor fecunde nuestro corazón. Que esta experiencia del amor se la fuerza que llene nuestra vida y haga de nosotros personas distintas, personas de fe, personas que se han opado con Dios y su experiencia del amor. Finalmente hoy jueves santo día en el que recordamos la Eucaristía, celebramos no sólo la conmemoración del rito de la Eucaristía, sino el sentido de la Eucaristía que es una experiencia de amor y de entrega. Pues al celebrar la Eucaristía celebramos este acontecimiento de entrega de Cristo y lo hacemos presente, para alimentarnos con esa fuerza y vivir como Hijos amados de Dios.
Que este jueves santo sea para cada uno de nosotros la disposición para vivir este acontecimiento con mayor fuerza. Y que el misterio pascual de Cristo renueve nuestra vida.

31/3/10

«Les aseguro que uno de ustedes me entregará»

Meditación con motivo del Miércoles Santo

Textos:
Isaías 50,4-9
San Mateo 26,14-25

El día de hoy el texto del evangelio nos presenta de nuevo la traición de Judas, sólo que en la versión de san Mateo y con algunos elementos de más, como la descripción de cómo hace el trato para entregarlo, en donde le prometen treinta monedas de plata. Pero si nos detenemos un pico en el Texto descubriremos que Judas no es sólo el traidor, sino que son todos los apóstoles los que traicionan a Jesús.
El texto nos dice que Jesús está en la última cena y lanza una aseveración: «Les aseguro que uno de ustedes me entregará.» A la cual todos responden: «¿Seré yo, Señor?» Si ellos responden eso es porque se saben capaces de traicionar a Jesús. Si yo no soy el traidor no puedo decir “¿acaso seré yo?”, porque en mi interior se que no soy capaz de traicionar, pero si yo se que puedo traicionarlo, incluso estoy tentado a hacerlo, pregunto porque a lo mejor Jesús ya se dio cuenta. Ese es el sentimiento de los apóstoles. En el fondo de su corazón se saben traidores se saben capaces de hacerlo, y por ello preguntan.
Pero, ¿Por qué son traidores? ¿Cuál es la razón de su traición? Al parecer en el fondo los apóstoles no han entendido quien es Jesús, no ha entendido sus enseñanzas. El drama del discípulo es este: Estando con el maestro no lo conocen, pues ha estado con él pensando en otras cosas, pensando en sus intereses. Ese el problema. Cuando Jesús les enseñaba sobre su pasión, ellos peleaban por ver quién era el más grande, quien tendría el mejor puesto. En el fondo no han entendido quien es Jesús, no saben de que trata su proyecto, sólo ven a Jesús como un escalafón más en su vida, sólo ven sus intereses, sus proyectos, sus ambiciones, pero no ven el proyecto de Jesús, y ello implica desconocer totalmente al Señor.
En el fondo Judas no entendió quién era Jesús, él esperaba tantas cosas de Jesús, esperaba algo maravilloso, algo que le hiciere reconocerse como el Mesías, pero no capto. Incluso las treinta monedas de plata, no son una gran cantidad para el tipo de Reo que sería Jesús para los sumos sacerdotes, pues treinta monedas de plata es el precio de un esclavo, así que en el fondo a Judas no le interesaba el dinero, sino que Jesús se manifestara con todo su poder. Judas quería que hiciera como él lo deseaba, que cumpliera su voluntad. El problema fue precisamente que fue e hizo las cosas a su manera, como creía que convenía, y por esa razón, todo salió mal, pues no entendió a Jesús y por ello lo entrego. Si él hubiese ido y le hubiese pedido una explicación, seguramente Se hubiese dado la oportunidad para entender algo más, pero se quedó sólo con sus esquemas, sus sueños, su anhelos, pero no los de Jesús. Sólo lo entenderá después pero terminará suicidándose, mostrando que en realidad no entendió el proyecto de misericordia.
La problemática en realidad es esta, creerse discípulo, pero no saber quién es Jesús, y eso nos puede suceder a nosotros. Podemos decir pasajes del evangelio, sabernos sus parábolas, sabernos de memoria el catecismo, pero en realidad no conocer a Jesús. No conocer su `proyecto, no reconocer lo que me pide a mí, y creer que soy muy bueno, muy santo que todo lo hago bien, que no hago cosas malas, que hago algún apostolado, pero en realidad veo mi proyecto, veo mi conveniencia, veo mi beneficio, me creo bueno y no lo soy.
El texto nos sitúa una realidad vital en el drama de la pasión: todos podemos traicionar Jesús. La pasión es consecuencia de la traición, pero no de la traición de judas, sino de la traición de todos, al no abrir si corazón y no entender su proyecto, la traición de unos discípulos que sólo veían s conveniencia y la búsqueda de poder; los sacerdotes y fariseos que sólo veían su riqueza y su soberanía, pero no a Dios; Del pueblo que sólo veía lo que les decían, pero no veían la presencia de Dios en medio de ellos.
Debemos meditar si realmente nosotros no somos traidores al plan original de Jesús, y sólo nos buscamos a nosotros mismos, pero no lo que él nos dice; si no vamos por la vida creyéndonos muy buenos, pero en realidad somos hipócritas, presumiendo nuestras grandezas, cundo sólo son carencias. Creyendo que conocemos y amamos a Jesús, cuando en verdad lo traicionamos, traicionamos su evangelio para estar encima de los demás, para no servir, para tener poder, y poniéndolo todo a su nombre, cuando somos sólo nosotros los que lo hacemos.
Esta expresión: «Les aseguro que uno de ustedes me entregará», nos la dice hoy a nosotros para que evaluemos nuestra vida y reconozcamos que tan sinceros y fieles somos a él. Qué esta semana santa meditemos y nos vuelva verdaderos discípulos, no de nombre, sino de testimonio.

30/3/10

«Era de noche...»

Meditación con motivo del Martes Santo

Textos:
Isaías 49,1-6
San Juan 13,21-33.36-38

El día de hoy hemos podemos leer en el evangelio que Jesús habla de la traición de Judas y anuncia que Pedro lo negará tres veces. Pero el evangelista san Juan coloca una expresión entre estas dos situaciones cuando sale Judas del cenáculo: «Era de noche.» Y creo que esta expresión puede ayudarnos para conocer e interpretar el episodio del evangelio de hoy.
Comencemos diciendo que la noche, no se refiere a la noche física en cuanto tal. El evangelista no se detuvo a escribir esto sólo para decirnos que esto sucedió en la noche, sino que tiene una connotación teológica, tiene un simbolismo profundo. De hecho a lo largo del evangelio podemos escuchar expresiones temporales como esa, como por ejemplo: “Era invierno”, o bien “era de madrugada”, este tipo de expresiones frecuentes en el cuarto evangelio sirven para indicar algo a nivel espiritual.
Decir que era de noche, implica hablar de las tinieblas, quiere decir que ha llegado el momento de la oscuridad, de la muerte, de la destrucción. Es la hora del mal. Y curiosamente lo coloca en medio del anuncio de la traición, y del anuncio de las negaciones de Pedro. Es como si san Juan quisiera decirnos que la noche ha llegado a la comunidad de discípulos, la noche ha llegado a la comunidad creyente. No porque sean los discípulos de Jesús quiere decir que estén exentos de tentaciones, al contrario el mal se hace presente en todo momento.
Si Pedro lo negará, Judas lo entregará, implica que han escuchado otras voces, y han permitido que la noche llegue a su corazón. Han olvidado la luz que Jesús da, y por ello dejan que las tinieblas vayan ensombreciendo su vida.
Este texto nos da la oportunidad para meditar si hemos permitido que la noche se cierna sobre nuestra vida espiritual, si hemos permitido que la luz de Cristo se apague de nuestra historia. El lunes de la semana anterior escuchábamos que Jesús era la luz del mundo, es decir, quien quita toda duda, toda muerte, toda ignorancia de la vida del hombre, y le muestra el camino a seguir. La dificultad se presenta entonces cuando nosotros dejamos de lado esa luz y permitimos que la oscuridad llegue, y permitimos que se haga de noche en nuestra vida.
Qué tanto hemos dejado que la noche cause estragos en nosotros, qué tanto hemos dejado que la noche de la flojera, de la avaricia, del rencor, de la envidia se avecinen a nosotros. Podemos estar cerca de Jesús, podemos decir que creemos en él, podemos estar en misa, y sin embargo pude ser de noche, puede ser que la tiniebla cubra nuestra historia.
«Era de noche», una expresión teológica, pero trágica, porque expresa precisamente que en medio de la última cena, en el momento de mayor intimidad con el Maestro, en el momento donde debíamos comprender el sentido del amor, llego el desamor, llego la traición, llegó la negación, llegó la tiniebla. Estamos en semana santa, un momento que nos dispone a fortalecer nuestra fe, un momento para evaluar si hemos dejado que se haga de noche, y no le hemos respondido bien al Señor. Celebrar el misterio pascual es renovar nuestra fe, y para renovarla es necesario que purifiquemos y clarifiquemos nuestra vida de fe, dejando de lado la tiniebla y permitiendo que la luz de Cristo sea quien nos ilumine. Pues la fe se renueva cuando dejamos esos vicios, esos pensamientos que debilitan nuestra fe, y no nos dejan seguir adelante siendo testimonio de fe en medio del mundo. Que ese «Era de noche», se convierta en luz, y dejemos que el acontecimiento pascual sea esa luz que ilumine nuestra historia.

29/3/10

Quieren matar a Lázaro...

Meditación con motivo del Lunes Santo

Textos:
Isaías 42,1-7
San Juan 12,1-11

Hemos entrado a la Semana Santa en donde contemplaremos el misterio de la muerte y resurrección de Jesús. Pero finalmente que repercusión tiene para nuestra vida de fe este acontecimiento. Ciertamente es el acontecimiento nos da la salvación, pero como podemos hacer vida esto, cómo se hace presente este acontecimiento en este momento, a qué me compromete en este momento, cómo hacer posible esta salvación en nuestra historia. El texto del evangelio parece colocar un elemento vital, para confrontarnos ante esta semana que inicia.
El texto del evangelio nos presenta una afirmación importante: «Entonces los sumos sacerdotes resolvieron matar también a Lázaro…» Ellos quieren matar a Jesús, pero dice el evangelio de San Juan, que también a Lázaro, y es que Lázaro es un signo de vida. Jesús lo ha resucitado y ello quiere decir que se convierte en un signo de fe en Jesús, pero al mismo tiempo es una señal de vida. Lo que las autoridades quieren es acallar todo signo de vida, y la única manera es la muerte. Quieren matar a Lázaro y matarán a Jesús.
De esta manera estos hombres se convierten en enemigos de la vida. Mientras que creer en Jesús implica dar testimonio de vida, ser alguien vivo, pues Jesús es la vida. Cuando hablamos de vida, no nos referimos simplemente a la vida física en cuanto tal, sino una nueva calidad de vida. Ser testigo de vida es ser capaz de de tener una vida nueva, una vida que me haga sentir gusto por mi propia existencia, y de toda la realidad, es la capacidad de tener amor, libertad, verdad, justicia, paz, amor. Tener vida implica ser portador de esta nueva calidad de vida y ser capaz de contagiara, capaz de dar a otros sentido a su caminar, a su amor, a su historia.
Sin embargo esta vida no conviene a muchos, no conviene a los sistemas opresores, porque a estos sistemas, al mundo le conviene el hombre insatisfecho, el hombre triste, con odios, que busca la competencia, que humilla, que pisa a los demás… Porque esto le da la oportunidad de dominar, y de hacer más esclavos. Es más fácil que un hombre triste e insatisfecho se convierta en consumidor, busque hacer sentir menos a los demás, y no estorbe a estos sistemas injustos.
Sin embargo el hombre con vida, vive feliz con lo que tiene, es capaz de ayudar y solidarizarse con el que nada tiene, sabe compartir y ayuda a que los demás tengan un lugar en la sociedad. El cristiano da la vida, es decir es un ser vivo, hace que otros tengan esperanza, sean entes vivos, con fuerza.
Mientras que los sacerdotes buscan la muerte porque no convienen estas cosas a su conveniencia, a su planes. Jesús da vida, y Lázaro es un testigo de esta vida. Por esa razón quieren eliminarlo. LA semana Santa es el momento para confrontarnos y descubrir si realmente hemos permitido que al vida entre en nosotros, si somos esos testigos de la vida, o bien no quereos cambiar, somos conformistas, nos quedamos con nuestros odios, nos quedamos con nuestras indiferencias y egoísmos. El acontecimiento pascual de Cristo nos debe llevar a esto, a cambiar, a estar vivos y no acerrarnos y a ser conformistas como los fariseos, pues finalmente nos lleva a una actitud de muerte.Que esta semana santa nos llenemos de la gracia de Dios y nos haga se auténticos testigos de su amor, de la vida que nos lleva a ser mejores y a ayudar a los demás.

27/3/10

El tiempo de Jesús

Meditación con motivo del Domingo de Ramos
Ciclo /C/

Textos:
Isaías 50,4-7
Filipenses 2,6-11
San Lucas 22,14-71.23,1-56

Hoy iniciamos la Semana Santa, un tiempo privilegiado dentro de la Iglesia para celebrar el misterio de nuestra fe. Cada año se celebra este tiempo para contemplar las raíces de nuestra fe y con ello enriquecer nuestra vida de fe, con el fin de renovarla y encontrar sentido a nuestra historia. Sin embargo, a veces este tiempo puede pasar desapercibido, y en lugar de ser un tiempo de encuentro con el Señor, nos encontremos sólo con nosotros mismos, y nos alejemos de Dios. Esto lo digo precisamente porque la semana Santa se presta también para el descanso, para la vacación. Ciertamente es necesario el descanso, pero muchas veces pensamos que el descanso es simplemente no hacer nada, o hacer cantidad de cosas de diversión, que no es malo, pero el descanso también sirve para encontrarnos con el creador, para encontrarnos con Dios. Porque el descanso sirve para encontrarnos con el creador. Es el momento en donde no tenemos todas las obligaciones y podemos encontrarnos con Dios, y así como nos encontramos con Dios, también hay tiempo para encontrarnos con los demás. Pues el descanso incluye todo, el encuentro conmigo, con los míos, y con Dios.
El día de hoy el evangelio nos presenta el relato de la Pasión de Jesús. Y podríamos quedarnos con una característica que se encuentra a lo largo de todo el relato de pasión: Jesús da misericordia y sana al hombre herido. El texto nos muestra que Jesús en medio de su pasión tiene tiempo para los demás, se da la oportunidad de hacer misericordia con la gente que lo necesita.
En el huerto de los olivos podemos descubrir que cuando le cortan una oreja al siervo del sumo sacerdote. Jesús lo cura. Se da el tiempo para curarlo. No dice “ya ni modo, se lo busco”, al contrario en medio de su aprehensión, lo único que le interesa son los demás, y por ello se da tiempo, aún a punto de ser arrestado, para sanar al hombre necesitado.
Otro momento importante se da después de las negaciones de Pedro. Pedro ha negado a Jesús, ha negado su identidad, su comunidad. LO único que podemos esperar es una condena, para este hombre débil, endeble, de una fe frágil. Sin embargo el texto de san Lucas nos presenta una casa extraordinaria: Jesús aparece en escena: «Y el Señor se volvió y miró a Pedro, y recordó Pedro las palabras del Señor, cuando le dijo: “Antes que cante hoy el gallo, me habrás negado tres veces.”» El texto marca que Jesús se volvió y lo miró, y este mirar se refiere a un mirar atento, el ver con atención. A pesar de ser prisionero se da la oportunidad para ver a Pedro. Esta mirada hace que su pecado se transforme en arrepentimiento. Para el relato de san Lucas no es el gallo el que trae el recuerdo del Señor; sino que es la misma mirada, la que suscita el recuerdo y provoca el arrepentimiento. Pedro se acuerda de las palabras de Jesús, entiende el significado de todo y llora, como signo del inicio de su conversión.
Otro momento especial lo encontramos cuando Jesús va en su “vía crucis” y se topa con las mujeres y las consuela: «¡Hijas de Jerusalén!, no lloren por mí; lloren más bien por ustedes y por sus hijos…» Con esta expresión Jesús les da el consuelo, y al mismo tiempo las invita a la reflexión: Ellas deben de convertirse. No es el momento de llorar porque Jesús muere, sino de recapacitar las consecuencias de su condena de muerte, pues el pueblo ha entregado al hombre justo para ser asesinado. Por ello dice lloren por ustedes, es el momento de la meditación, de comprender que esas lágrimas son inútiles, lo que se requiere es conversión, pues cuando se mata al Mesías se pierde el sentido de las cosas. Camino a la Cruz Jesús lanza la invitación a la conversión, es momento de recapacitar, si realmente estamos o no, con Jesús.
Finalmente en la cruz se da la oportunidad para pedir por el perdón de todos: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.» En el momento de la cruz, Jesús hace una oración de perdón por todos, reconociendo así que la humanidad requiere del perdón, necesita de la misericordia. No es el momento para que el se duela, o para maldecir, sino del perdón, hace un respiro y pide por todos, pide por su perdón. Incluso en el suplicio de la cruz promete el paraíso a uno de los ladrones: «Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso.»
Este relato de la pasión, según san Lucas nos muestra un hilo conductor que es la experiencia del amor que Jesús tiene por nosotros. Él entrega su vida para salvarnos. Y aún en medio de su pasión, siempre encuentra tiempo para curar, consolar, perdonar, dar esperanza.
Esta semana santa ¿Nosotros tendremos tiempo para Jesús? Meditaremos en su pasión, estaremos en oración, o simplemente será una semana santa, sin tener tiempo para Jesús. O estaremos tan cansados, o tan divertidos que no nos daremos la oportunidad de introducirnos en este misterio. Jesús siempre tiene tiempo para nosotros, nos ayuda, nos consuela, nos anima, en cada momento. Que esta semana santa que inicia hoy, sea un verdadero encuentro con Jesús, que siempre está con nosotros, y que en medio del descanso también nosotros nos demos la oportunidad de escuchar y de meditar en la acción de Dios en nuestra vida. Qué así como Jesús entró a Jerusalén, para anunciar que vine a instaurar un reino nuevo, entre en nuestras vidas e instaure su Reino en nuestro corazón.

21/3/10

El drama del pecado

Meditación del V Domingo de tiempo de cuaresma
Ciclo /C/

Textos:
Isaías 43,16-21
Filipenses 3,8-14
San Juan 8,1-11

Una de las dificultades más grandes al abordar el tema del pecado es precisamente descubrir que el hombre tiene la huella del pecado en su ser. Hay arepentimento, pero finalmente existe el pecado y no podemos alejarnos de él. La semana pasada meditábamos sobre lo que significa el pecado, que desde la perspectiva de san Lucas es esa perder nuestra esencia, sin embargo surge otra duda más profunda: Si el hombre peca, cual es su destino final, cuál es el camino que le espera. En el fondo se puede entrever la situación desesperada del hombre pecador y descubrir que finalmente todos estamos atrapados por el pecado, estamos condenados a pecar estamos condenados a vivir cerrados a Dios de la aparente imposibilidad de verse liberado de las consecuencias nefasatas que el pecado trae consigo.
El día de hoy el texto de San Juan nos presenta esta realidad, nos presenta a esta mujer pecadora, que es acusada de pecadora y con ella condenada a muerte, pues así lo marca la Ley. Pero si lo vemos a fondo en realidad se ve reflejado en este texto el drama del hombre y su pecado. El hombre que vive en pecado está condenado a muerte. ¿Hay una salida para el pecador? O, dicho de otro modo, ¿es posible para el hombre que ha pecado –y todos lo hemos hecho–, descubrir un horizonte nuevo que permita vivir plenamente libre y feliz?
Esta mujer ha sido infiel y merece la muerte. En ella descubrimos finalmente el reflejo de la humanidad infiel, que ah dejado a Dios, ha dejado su amor, ha dejado su verdad, su justicia, ahora sólo le queda su destrucción. Esta es la realidad, si lo pensamos bien, cuántas veces pecamos, somos infieles y mentimos, engañamos a otros, nos dañamos y dañamos a los demás. En pocas palabras, olvidamos de la experiencia de amor que sólo Dios nos da. Y al descubrirnos pecadores nos vemos solos, con nuestras faltas, nos vemos solos con nuestra miseria. Ante la experiencia del pecado, estamos solos, de pie –como en todo interrogatorio-, rodeados por una sociedad que nos acusa, ante nosotros mismos en donde nuestra conciencia nos acusa. Esperamos, -como ella-, nuestra sentencia sentencia, sentencia que es consecuencia de nuestras traiciones, insultos, mediocridad, flojera, falta de amor, etc… Al parecer todo va directo a nuestra destrucción, directo a la muerte.
Desde esta perspectiva, que es la misma que tienen los letrados esta mujer peco y la Ley marca su muerte, y finalmente ese el drama: Pecamos y estamos llamados a la muerte, no hay salida. Sin embargo si hay una salida, pues en este juicio no estamos sólo con el remordimiento de nuestra conciencia, ni solos ante una sociedad que nos acusa, sino que estamos también de frente a Jesús. Si Jesús entra al juicio hay una esperanza, sólo él nos conoce desde el fondo de nuestro ser. Todos los demás podrán censurarnos y despreciarnos por nuestras faltas, pero el único que conoce nuestros motivos, nuestra desesperación y nuestra responsabilidad es él. Jesús da la solución esta realidad, dando un giro a la terrible acusación de la muerte, pues viene a perdonar y lo hará a partir de su muerte y resurrección, tal y como lo presenta el texto a través de unas pinceladas extraordinarias, las cuales se dan a través de una descripción excepcional.
El texto nos muestra tres elementos fundamentales cargados de un gran simbolismo: Primeramente nos sitúa la escena en “el monte de los olivos”, un contexto que nunca es mencionado en ningún otro pasaje de Juan, y que dentro de la misma tradición sinóptica se sitúa hacia el final de la vida de Jesús. Aquí estamos en medio del evangelio, por tanto obliga a situar el relato en clave de la pasión, pues ahí Jesús sufrirá su agonía. Además durante la presentación de Jesús el evangelista se detiene a analizar unos movimientos muy precisos de Jesús, lo cual le da un significado muy especial, puesto que si se ha detenido a describir esto, implica que hay algo de fondo. Dice que Jesús “se agachó y comenzó a escribir...” y, después, “como insistían en su pregunta se levantó…” son dos verbos contrarios: “agacharse” y “levantarse” pueden ser leídos como criterio interpretativo de la pasión y resurrección del Cristo.
El juicio tiene por tanto una respuesta desde esta perspectiva: la pasión y resurrección de Cristo. Pues será este acontecimiento el que dará la última palabra al drama del pecado en el hombre.
Estamos a una semana de iniciar la celebración de la semana santa, donde celebraremos el misterio pascual de Cristo, pero también donde cada uno de nosotros celebraremos el misterio de nuestra salvación. La pregunta fundamental sería si estamos dispuestos a dejarnos interpelar por este acontecimiento y permitir que los efecto de salvación realmente haga de nosotros una vida totalmente distinta en nuestra historia. Porque podemos celebrar como cada año, pero en el fondo nuca cambiar nuestras actitudes. Podemos ir por la vida fingiendo ser buenos y piadosos, pero sin permitir que la gracia de Jesús entre en nuesra vida.
Jesús desde el principio, se sitúa a Jesús frente al pecado y él se manifiesta como aquel que al mismo tiempo lo desenmascara («Aquel de ustedes que no tenga pecado, que le tire la primera piedra») y libera de él («Tampoco yo te condeno. Vete y ya no vuelvas a pecar»). La presencia del pecado está allí, evidente, en el delito del que es acusada la mujer y en el comportamiento de los fariseos que se sirven de su persona como pretexto para tender una trampa a Jesús. Este segundo pecado es tan grave como el primero: a los fariseos no les interesa, en el fondo, la situación de la mujer, ni asoma por ningún lado algún tipo de justificación o defensa en su descargo, o consideración alguna por su posible arrepentimiento. Deberíamos de pensar que tanto permitimos que el Señor nos de su perdón, o bien que tanto nos creemos ‘buenos’, sin hacer nunca un verdadero cambio que nos ayude a ser verdaderos creyentJustificar a ambos ladoses. Porque el problema es ese: Vemos el mal en los demás, vemos el drama del pecado en todos, pero no somos capaces de descubrirlo en nuestra vida, y mucho menos descubrir la salvación.
La opción está clara, o bien dejamos que Jesús nos sane y nos de su salvación, o bien nos vamos escurriendo entre la gente para que crean que somos buenos, y hacer como que nada pasa y dejan do todo con apariencias. Que esta semana santa nos quedemos frente a Jesús y experimentemos su perdón.