13/11/10

«No quedará piedra sobre piedra»

Meditación con motivo del XXXIII Domingo Ordinario
Ciclo /C/


Textos:
Malaquías 3,19-20
Tesalonicenses 3,7-12
San Lucas 21,5-19

Muchas veces el hombre va colocando su seguridad, sus ideales, su supervivencia y seguridad en una serie de cosas materiales o ideológicas, que parecen estar a la vanguardia, o bien que permiten una mejor subsistencia en los diversos estratos de la vida. Sin embargo a veces esas seguridades son meramente superficiales, son meramente montaneas, pero no están bien cimentadas. Cuántos gobiernos ponen sus cientos en supuestas reformas modernas, en donde sólo buscan ganarse adeptos para su partido, pero que finalmente no tienen un buen cimiento desde la humanidad, la caridad y el verdadero desarrollo de la sociedad, sino meros intereses partidistas, sin considerara a largo del tiempo, las consecuencias que eso puede causar. Así se promulgan leyes que el argumento de que se va creciendo en la ciudad, que vamos siendo más civilizados, que vamos siendo más modernizados, pero ¿A cuál modernidad se refieren? Así, una ley pro-aborto, hasta qué punto puede ser modernidad, ¿Es modernidad el asesinato? ¿Es civilización la irresponsabilidad? Finalmente son leyes que se fundan sobre principios endebles.
Pero, esto se da también en diversos ambientes de la vida personal, cuantas veces apostamos nuestra felicidad y tranquilidad a partir de principios meramente superfluos, creemos que nuestra seguridad está simplemente en una ropa de moda, en algún tipo de poder que podemos adquirir en ese momento, en una amistad determinada, o en un prestigio que nos esforzamos obtener con nuestra imagen, o incluso en un tipo de sentimiento meramente pasajero o destructivo. Pero si lo analizamos bien, al final no queda absolutamente nada de esas construcciones que hemos ido realizando a lo largo de nuestra vida, pues en algún momento ese poder que tanto ostentamos se termina, no existe más, o bien esa moda o prestigio que hemos tenido, se acaba y no puedo presumirla más, o incluso ese sentimiento que he ido gestando y hasta incluso he ido poniendo en él mi vida un día termina o bien termina por destruirme a mí mismo.
En el fondo a veces vamos generando situaciones de destrucción, vamos generando mecanismos de una especie de auto seguridad y autosuficiencia, que al final no son consistentes en sí mismos, que son efímeros y terminan por acabarse.
Sobre esto nos habla el evangelio del día de hoy, en donde san Lucas nos presenta el inicio del denominado discurso escatológico de Jesús, este discurso que abarca el capítulo 21. Un discurso en donde podemos ver reflejado las penalidades, la perplejidad y la esperanza que confluyen en la vida cristiana. Este discurso se abre ante una situación: «Como algunos, hablando del Templo, decían que estaba adornado con hermosas piedras y ofrendas votivas.» El discurso parte de una realidad, la gente que se queda admirada por el templo, ciertamente, el templo en una cosa majestuosa en la época de Jesús, sin embargo esto da pie para que Jesús reflexione, no sobre el arte, sino sobre las apariencias, y como el hombre mucha veces se queda sólo contemplando lo externo y se comienza a afianzar en lo meramente terrenal, olvidando otras cosas. Se puede quedar en la majestuosidad del templo, en lo hermoso de sus decorados, pero no descubrir que la experiencia d efe se limita a esos decorados, a esas construcciones bellas y extraordinarias, sino que van más allá, pero si lo hacen desde esa expectativa material, es porque no son capaces de ver más allá de esto, quedándose en la superficie, en lo material.
Por ello Jesús lanza una fuerte advertencia: «De todo lo que ustedes contemplan, un día no quedará piedra sobre piedra.» Palabras fuertes que remiten a una idea: Lo material es perecedero, no se puede sustentar la realidad sólo en esto. Ciertamente se podría ver aquí un acto profético, pues en el año 70 el templo será destruido, sin embargo Jesús va más allá de una mera profecía, Jesús trata de hacer entender que lo material nos resiste, que no tiene cimentos firmes, sino que son endebles, frágiles.
En el fono la gente se queda viendo sólo el exterior del templo, como si eso fuese garante de la vida de fe, como si eso garantizara que se puede seguir adelante. Pero Jesús les marca que las cosas no son así, ese templo se caerá, se desplomará. Porque es algo meramente material, no es algo sólido. Muchas veces nosotros nos quedamos asombrados por cosas meramente materiales, nos asombramos de cierta ropa que está de moda, de cierta música, de cierto comportamiento o influencia que tenemos con otros, pero no nos percatamos de algo más, no nos damos cuenta que esa moda se acaba, que el mando que podemos tener con la gente se nos termina, que somos finitos.
Y esa finitud se ve reflejada por las diversas situaciones que la humanidad vive: «Se levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá grandes terremotos; peste y hambre en muchas partes.» Estos signos que Jesús remite, no son del fin del mundo, sino son signos de la finitud del hombre, pues todo lo material está condicionado a desplomarse a acabarse. Estos signos no indican el final del mundo, sino que nos indica el final de lo terreno, de los diversos cimientos que el hombre va colocando a lo largo de la historia. Jesús nos dice que eso tiene que suceder, manifestando que no debe de haber temor, eso es parte de la vida, de las frágiles estructuras, lo impórtate es descubrir los cimentos que valen la pena. No es para temer, sino para ver en donde estamos parados y sobre que estamos construyendo, sin dejarnos engañar por falsas ideologías o falsos líderes.
Por tanto, no queda piedra sobre piedra de todo lo que construimos, pues finalmente nos quedamos en lo material, en lo pasajero, lo meramente contingente. La moda se desploma, mi poder se acaba, todo sistema ideológico caduca en un momento determinado, nuestra misma vida se acaba.
Con esta idea Jesús trata de invitarnos a descubrir en que ponemos nuestros cimentos, y a partir de esto ver hasta qué punto somos sólidos en nuestra vida. De manera que empecemos a poner cimentos desde lo que realmente perdura y no se acaba, tener nuestros cimentos en el amor, en el respeto, en la justicia, en la autentica amistad, en la fidelidad. Esto es una invitación a descubrir cuáles son los cimentos que perduran, que dan un verdadero sentido a nuestra vida, a nuestra sociedad.
Desde luego que estos cimentos no son bien aceptados por la sociedad, pues los cimentos que el mundo propone son otros: la envidia, el poder, lo superficial, y ante ello desde luego que uno se ve fuertemente confrontado, por ello Jesús lo advierte: «Los detendrán, los perseguirán, los entregarán a las sinagogas y serán encarcelados; los llevarán ante reyes y gobernadores a causa de mi Nombre, y esto les sucederá para que puedan dar testimonio de mí.» Esas persecuciones son un fruto de los verdaderos cimientos. Cuando el hombre le apuesta a la honestidad, a la justicia, a la honradez, al amor, al perdón, desde luego que viene la persecución, pues se suscita la crítica, se suscita el desacuerdo, pues no son principios que agraden, pues generan armonía, unión, fraternidad, y sobre todo perdurabilidad, ante eso se suscita la persecución.
Con este discurso Jesús no trata de incitar al miedo, sino a despertar en nosotros un ánimo a ir construyendo nuestras vidas sobre cimientos auténticos, sobre cimentos que realmente nos haga personas de fe, cimentándonos en cosas que valen la pena. No dejar que el odio, la superficialidad, el poder, la moda, sean los cimentos de nuestra vida, sino que la vayamos cimentando en el amor, la misericordia, la paciencia, que van dando sentido a nuestro caminar. Una cimentación un tanto ambiciosa y compleja, que implica en varios ambientes la incomprensión y la persecución, pero finalmente, una cimentación que da razón a nuestra fe.

3 comentarios:

  1. Hola Padre
    Le agradezco esta explicación, porque este tipo de textos son difíciles de entender, de hecho me gustaría que explicara todo el discurso de san lucas para entenderlo...
    le agradezco y que tenga buen dia

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  2. Espero poder comentar un poco más este discuso de san Lucas 21 a lo largo de esta semana que viene

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