23/10/11

DOMUND es contagiar...

Meditación con motivo del Domingo Mundial de las Misiones 2011

Textos:
Zacarías 8, 20-23
Salmo 66
Romanos 10, 9-18.
San Marcos 16, 15-20

Celebrar el Domingo Mundial de las Misiones implica recordar una de las notas características de la Iglesia, y es que cada vez que recitamos el credo decimos que la Iglesia es apostólica. La palabra apóstol quiere decir “enviado”, por tanto la Iglesia es apostólica porque es enviada, es llamada a anunciar el mensaje de Cristo. Y esto nos invita a recordar que la Iglesia tiene como parte de su identidad el anunciar, el hacer llegar el mensaje de Cristo, que es precisamente un mensaje que debe iluminar y debe llenar de esperanza a los hombres. No se trata simplemente de anunciar como si fuese una obligación, sino de llevar esperanza, de dar sentido a la vida, de dar un aliento a la humanidad a través del mensaje del evangelio, de modo que el evangelio sea esa luz en medio de las dificultades de la vida y anime a los hombres a seguir adelante.
Y esta misión de anunciar el evangelio es una realidad que nos concierne a todos, no es exclusivamente de unos cuantos, sino que todos debemos de ser misioneros. Pero debemos de meditar que implica ser misionero, y como anunciar esta Palabra. La evangelización no es simplemente dar una serie de temas, una mera instrucción religiosa, sino que debe de llevar al encuentro de la persona de Cristo. Evangelizar no equivale ir a la escuela, no equivale con aprender algunas lecciones, sino tener un encuentro con Dios. Y ese encuentro se nota en la medida en la que la vida se transforma.
Por ello, podemos decir que, evangelizar es el acto de contagiar. Si entendemos contagiar como el acto de trasmitir algo que poseo a otro, en el caso de la salud, un contagio es trasmitir mi enfermedad a otra persona. Esta palabra viene del latín, ‘cum’ que significa ‘con’ y ‘tangere’, es decir ‘tocar’, por tanto es el acto de tocar con lo que tengo a alguien o a algo. Y desde nuestra reflexión evangelizar es eso contagiar, es tocar al otro con la Palabra de Dios que tenemos en nuestra vida. Evangelizar es precisamente tocar al otro con eso que tengo. Muchas veces la evangelización deja mucho que desear, pues no cambia la vida de nadie, y es que nos e contagia al otro, no lo tocamos, ya sea porque no queremos hacerlo, o bien porque la Palabra no nos ha tocado a nosotros, y por ende es muy difícil tocar a alguien con una Palabra que no tenemos.
Evangelizar se convierte entonces en la capacidad de dejarnos tocar por Dios y así tocar a otros con esa Palabra, de “Con-tagiarlos”, de “tocarlos-con” la experiencia de Dios.
En la mediad en la que se contagia esa Palabra entonces la vida se renueva pues todo se ve desde un punto de vista distinto, pues soy capaz de ver las cosas desde un nuevo horizonte, soy capaz de ver las cosas desde una nueva óptica, pues se vive de manera distinta, y hay algo que genera una transformación.
Esta idea es expresada en la primera lectura del día de hoy, del texto de Zacarías: «Vamos a apaciguar el rostro del Señor y a buscar al Señor de los ejércitos; yo también quiero ir.» Nos muestra por medio de su última visión, como llegará un día en que todos los pueblos querrán ir a apaciguar el rostro de Dios, es decir, querrán reconciliarse con el Señor. Apaciguar la ira se refiere precisamente al acto de estar en paz con Dios, al acto de no querer estar distanciándose de él, y por tanto se refleja el anhelo de entrar en contacto con él. Y en segundo lugar dice que lo quieren buscar, es decir quieren estar en movimiento continuo para no separarse de él; es el acto de conseguir, ver o saber dónde está Dios y nunca separase de él, el no querer perderlo de vista. Con estas dos acciones: apaciguar el rostro de Dios y buscarlo, quieren mostrar su total adhesión a Dios. Llegará un día en que los pueblos entrarán el sentido de todo desde Dios.
Y curiosamente esta decisión que toman los pueblos, es algo que quieren extenderlo como invitación, al punto que al final dice: «Yo también quiero ir.» Su motivación, hace que otros los quieran acompañar. Y eso es la evangelización, es motivar a otros, que al ver mi vida, que al ver como cambio, que al ver que me he encontrado con Dios, los contagie y digan «Yo también quiero ir», “Yo también quiero encontrar el sentido de mi vida como tú lo haces”. Por ello el profeta Zacarías muestra que el haber encontrado a Dios lleva a que los demás también se motiven, pues la manera de expresarlo los motiva a seguir adelante.
Y esto se hace más explicito al final del texto cuando dice: «En aquellos días, diez hombres de todas las lenguas que hablan las naciones, tomarán a un judío por el borde de sus vestiduras y le dirán: “Queremos ir con ustedes, porque hemos oído que Dios está con ustedes.”» Se muestra como son los mismos judíos quienes deben de llevar a los hombres al encuentro de Dios. La gente al verlos querrán que los lleven a Dios, dice que los tomaran del borde de su túnica, es decir, que buscan una relación especial con la persona. Si ellos están con Dios, y ahora los pueblos tocan el borde del manto, quiere decir que quieren estar cerca de su persona pues así ellos se encuentran con Dios.
Por tanto podemos ver que evangelizar es precisamente eso, dejar que las personas se contagien de Dios, y se acerquen a él. Evangelizar es dejar que se tomen del borde de nuestro manto, de nuestra persona y que quieran que los llevemos al encuentro de Dios.
El problema está que a veces nosotros no estamos tocados por esa experiencia. A veces solamente vamos a misa porque es costumbre, porque es normal. A veces conocemos cursos porque nos llaman la atención, pero no dejamos que esa Palabra nos toque y nos transforme, de tal manera que a los ojos del mundo no contagiamos nada. Incluso a veces hay gente que evangeliza, pero todo lo ve como escuela, como un concepto, que a puede hacerse interesante, pero que no logra transformar nuestra vida, ni la vida de los demás.
Todos somos misioneros, y no porque salgamos a tierras lejanas sino porque debemos contagiar con nuestra vida a los demás, para que se acerquen a Dios y descubran un nuevo horizonte en la vida.
Pero en este Domingo Mundial de las Misiones, si bien, debemos recordar nuestra identidad misionera, también es cierto que debemos cuestionarnos hasta que punto experimentamos la Palabra transformadora de Dios, hasta que punto nos hemos dejado transformar y hasta qué punto somos capaces de contagiar a los demás de la gracia y presencia de Dios. Y si me falta algo, empezar a buscar y encontrar el verdadero sentido de la fe, que es ser postrador de la Palabra, que llena de esperanza y da sentido a la propia historia.

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