4/4/12

«¿Tú, Señor, me vas a lavar los pies a mí?...»

Meditación con motivo del Jueves Santo

Textos:
Éxodo 12,1-8.11-14
1 Corintios 11,23-26
San Juan 13,1-15


Un mal que daña el interior del hombre, y le impide su desarrollo, su crecimiento en la vida, es sin duda la soberbia, el sentimiento de autosuficiencia. Muchas veces nosotros creemos conocerlo todo, creemos saberlo todo, que no necesitamos aprender más, y esto nos lleva precisamente a no buscar algo nuevo, a no buscar algo que nos sorprenda porque creemos que todo está dicho y no necesitamos seguir adelante.
Y esta soberbia, se manifiesta aún en la vida de la fe, puesto que nos hace que creamos que lo sabemos todo, que no necesitamos de más cosas, que no requerimos de una información extra, que no hay necesidad de profundizar algo nuevo. Creemos conocer a Dios, de tal manera que, nada nos sorprende y por consiguiente sabes que decir y que hacer porque todo lo podemos realizar.
Muchas veces el catequista puede caer en esta autosuficiencia espiritual creyendo que todo lo puede, que nadie le puede enseñar nada nuevo porque ya lo sabe todo. O bien aquella que siempre está en algún curso, piensa que lo conoce todo, que sabe que responder, que sabe como decirlo, como expresarlo, y por consiguiente piensa que nada, ni nadie le puede decir algo nuevo. Incluso cuando alguien va a misa domingo a domingo, o de vez en cuando, se cree autosuficiente en su nivel, puesto que dice conocer los evangelios, dice saber los elementos de la fe.
Pero si en realidad dice conocer a Dios, conocería lo más fundamental de la vida de fe, una verdad extraordinaria: Dios es misterio, y por tanto nunca se acaba de conocerlo, nunca se acaba de saber de él, y en consecuencia Dios siempre sorprende.
Es justamente lo que nos muestra el evangelio de hoy, cuando Jesús comienza a lavar los pies a sus discípulos, en señal de la entrega que va a hacer. Pero cuando comienza a lavarlos nos encontramos con la respuesta de Pedro: «¿Tú, Señor, me vas a lavar los pies a mí?» Pedro no entiende el acto de Jesús, no entiende porque hace este gesto de entrega y servicio. “Tú no me los laves, no es lo que te toca”, finalmente es la sorpresa de Dios, Dios sorprende, muestra una nueva cara en todo momento. Según los criterios de Pedro, desde sus categorías Jesús es el Señor, es el dueño, es el que dirige, cómo es que se le ocurre venir a cambiar todo, a pensar de manera distinta. Dios no es el que sirve, Dios no es el que da la vida, al contrario hay que servirle a él. Por ello Pedro se niega.
Nosotros somos así, no nos dejamos sorprender por dios, no nos dejamos ayudar de su gracia, creemos que lo sabemos todo, que todo lo podemos, y que no necesitamos más cosas. Muchas veces pensamos en salir adelante en medio de nuestros problemas de familia, de nuestros problemas que se presentan y no pedimos ayuda a Dios, porque lo vemos distante, no vemos que es cercano y sobre todo no vemos que siempre nos quiere sorprender.
Celebrar la semana Santa, implica celebrar los misterios de la fe que dan cimiento a todo, e implica dejarse sorprender por ese misterio. Muchas veces al pensar en semana santa pensamos en procesiones, lavatorio de pies, y cantidad de cosas, pero no nos damos la oportunidad para que esas celebraciones toquen nuestra vida, y nos hagan profundizar algo nuevo, nos quedamos con el vía crucis, con la imagen de la cruz, etc., pero no nos dice nada nuevo, no nos dejamos sorprender creemos que lo sabemos todo, que lo conocemos todo, que no necesitamos de más.
La fe no es de autosuficiencia, sino de conciencia de necesidad delante de Dios. Si celebramos cada año el misterio pascual es porque estamos concientes de que necesitamos recordar que Dios ha trazado un plan de salvación, que Dios está constantemente buscando al hombre, y por ello ha realizado un proyecto de salvación para la humanidad entera. Celebrar la semana Santa implica reconocer que hay pecado, que hay maldad en el corazón del hombre y que es sumamente complicado salir de esa situación, evitar esa tendencia al mal, y que Dios preocupándose por nosotros, nos da la gracia para destruir ese mal, ese pecado, con su muerte y resurrección.
De esta semana la semana santa nos recuerda que existe el mal, y que necesitamos a Dios, que necesitamos de su presencia, y que Dios no es sólo un concepto que aprendemos, y explicamos, sino una experiencia de vida, que nos sorprende y nos muerta siempre nuevos elementos de salvación.

1 comentario:

  1. ¡DIOS SIEMPRE SORPRENDE!
    ¡HERMOSO!
    ¡NUNCA DEJES DE SORPRENDERNOS SEÑOR, TE SUPLICAMOS!
    ¡BELLO!
    ¡BENDITO MISTERIO!
    ¡GRACIAS A DIOS! ¡GRACIAS PADRE!

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