8/5/11

«Quédate con nosotros...»

Meditación con motivo del III Domingo de Pascua
Ciclo /A/

Textos:
Hechos 2,14.22-33
1San Pedro 1,17-21
San Lucas 24,13-35

Adentrarse en el tiempo de pascua, implica adentrase en el misterio de la resurrección, y con ello, hay que adentrase en el triunfo de la vida, del amor, el triunfo de Cristo y del proyecto evangélico del Reino. Sin embrago este caminar no es fácil, no es de gran facilidad para asimilarlo, puyes de alguna manera el hombre se topa con dificultades, se topa con situaciones difíciles, y con ello se topa con desperfectos, y con coas que parecen contradecir este triunfo de la vida. Y justo esta realidad se hace presente hoy en el evangelio de san Lucas.
San Lucas nos presenta el episodio de los dos discípulos que caminan hacia Emaus. Estos dos discípulos se alejan de Jerusalén, como un par de fugitivos, `pues ahora no tienen nada que hacer en ese lugar, se escapan, se escapan de su vinculo con Jesús, de su relación con el Maestro, se escapan de sus sueños de liberación, se escapan de sus sueños de un Mesías triunfante. Irse a Emaus no es simplemente ir de paso a algún lugar, es escaparse de la realidad, es escaparse de lo acontecido en Jerusalén, escaparse por un lado, de una posible repercusión, pues si han matado al maestro es posible que hagan lo mismo con ellos; pero sobre todo están escapando de sí mismo, escapan de la desilusión con la cual se han topado. Y es justo este el matiz que san Lucas presenta a lo largo del camino hacia esta aldea.
Podemos ver como estos personajes se van describiendo con una serie de rasgos de tristeza y desesperanza. Y uno de los elementos se ve claramente cuando uno de esos hombres dice: «Nosotros esperábamos…» Marcan claramente dos ideas en estas palabras por un lado una esperanza, algo que se anhelaba, algo que se buscaba, que se soñaba, se utiliza el verbo “esperar” en el sentido de de esperar en alguien, en el sentido de creer en alguien. Por tanto aquí se habla de las expectativas que se tienen en Jesús, ellos han pensado que había algo más en Jesús, sus vidas estaban en él. Pero esta esperanza está truncada pues como el mismo verbo lo indica está en pasado, es algo que ya no pertenece al presente, existe esa esperanza, pero saben que ya no es posible que se realice.
De tal manera que podemos ver en estos personajes la desilusión por la vida, y sobre todo la desilusión ante Jesús. Y esta desilusión es posible, hoy en día, pues finalmente existen cantidad de situaciones que parecen contradecir la resurrección misma. Cuántas veces fracasan los proyectos que uno se propone, cuantas veces se vienen para abajo las diferentes iniciativas que tenemos, cuantas veces es traicionado el amor, es traicionada la confianza que tenemos en los otros, incluso cuando vemos que las estructuras se mantienen por situaciones de meras conveniencias, pero no por auténticos valores, todo se desploma y se viene abajo. O bien cuando la vida es golpeada por un accidente, por un dolor, por una muerte, por una enfermedad, pareciera que Dios nos abandona, que Dios nos deja solos a nuestra suerte, ya no hay nada que esperar, todo pierde sentido en la vida.
Ante esa desilusión descubrimos que Jesús viene al encuentro de estos hombres, no quiete que sean así, no quiere que se amarguen en la vida, que vivan sin esperanza alguna. Jesús viene y se hace compañero en su camino, sin embargo ellos no son capaces de verlo, pues dice el texto: «sus ojos estaban impedidos para reconocerlo.» Pero ¿quién les impedía que lo reconociesen? Lo impedía la sintonía con la muerte. Ellos piensan solamente en una situación de muerte, para ellos la muerte tiene la última palabra y por ello no son capaces de ver más allá de esto. Para ellos no hay algo más después de la muerte, la muerte es el fin de todo, y si la muerte es todo, entonces no es posible ver la vida, no es posible ver la resurrección. Sus ojos sólo ven la muerte, y recordemos que los ojos son el símbolo de la capacidad de conocer la realidad, de hacer un juicio del entorno, pero si para ellos la muerte es todo, entonces su modo de hacer juicio de la realidad es la muerte.
Y ante esto Jesús les explica las Escrituras, es momento de entender que la única manera de entender las cosas es partir de esto, y por ello descubrimos como Dios ha ido colocando las cosas, y no simplemente como ellos quieren hacer el juicio de la realidad, pues en realidad hay un plan de salvación.
Esto quiere decir que sólo siendo capaces de escuchar la Palabra, de escuchar lo que nos dice nuestra propia historia somos capaces de entender el dolor, la tristeza, la falta de esperanza, la falta de confianza en Dios, pero es necesario abrir los oídos, pues sólo así reconoceremos a Jesús y reconoceremos el sentido de la historia misma. Cierto que es difícil entender la resurrección, es difícil entender el sentido del triunfo de la vida, el triunfo del amor, es difícil, pero es necesario escuchar y hacer camino, par que poco a poco se vayan desvelando los ojos de esa visión de muestre que tienen.
Y finalmente este camino de escucha, de ir entendiendo la Palabra desciende en la oración: «Quédate con nosotros porque ya está cayendo la noche.» Por un lado se ve el signo de la hospitalidad, pero sobre todo se ve el signo de una súplica de permanencia, pues al ir escuchando la Palabra desde luego que se empieza a entender ciertas cosas, desde luego que el hombre es capaz de vislumbrar algo de lo que Dios le quiere decir, y por tanto se suplica la presencia para acabar de entender. Finalmente este forastero tiene algo especial, tiene una palabra de esperanza, una palabra que realmente da sentido a sus vidas, ya no es tan oscuro toda su vida, hay algo que parecer iluminar su vida, y por ello quieren retenerlo, quieren que esa esperanza permanezca con ellos, y el texto dice: «Entró para quedarse con ellos.»No es sólo que acepte la invitación, sino que efectivamente entra y se quedará con ellos, la esperanza que Jesús resucitado trae quedará definitivamente en ellos.
Esto es la invitación para reconocer a Jesús que camina unto a nosotros en la ida, es momento para decirle que se quede con nosotros, que se quédate ahora que estamos tristes, ahora que nadie nos entiende, ahora que estamos solos, ahora que todo está perdido. Quédate Señor ahora que vivimos desamparados, ahora que la muerte se hace cercana, Quédate ahora más que los demás se quieren aprovechar de nosotros, que los demás se olvidan de nosotros, que los demás que no nos quieren como antes. Quédate, porque no queremos hundirnos en el pesimismo, ni en la desesperanza, no queremos permanecer en la tristeza y en la angustia. Es difícil reconocerte, es difícil encontrarte, pero queremos verte, queremos reconocer los signos en los cales tú te haces presente. En el fondo esta debe ser la oración de todo aquel que se topa con la tristeza y la desesperanza.
Y entonces, el texto muestra el signo que ellos necesitan para ver a Jesús, y lo ven en medio de la fracción del pan. Se les abre los ojos, finalmente son capaces de ver a Jesús. Ahora entienden el signo de comunión, el signo de donación de vida que se representa con el partir el pan y hace que entiendan que esa donación de vida es el camino de Dios y que sólo así lo pueden reconocer, pues no fue sólo la muerte de Jesús, sino que es la donación de su vida totalmente por amor. Pidamos a Jesús que seamos capaces de abrir los ojos y veamos más allá de la muerte, que seamos capaces de interpretar bien sus signos y descubrir el sentido de la historia, y que él camina junto a nosotros, pues la resurrección hace posible el triunfo de la vida y del amor.

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