8/1/12

«Tú eres mi Hijo muy amado, en quien me complazco»

Meditación con motivo de la fiesta del Bautismo del Señor
Ciclo /B/

Textos:
Isaías 55,1-11
1 San Juan 5,1-9
San Marcos 1,7-11

Hoy celebramos la fiesta del Bautismo del Señor, con esta fiesta finaliza el tiempo de navidad y el día de mañana comenzará el tiempo ordinario, un tiempo para meditar y conocer a profundidad la persona de Jesús y su ministerio. Pero ¿qué significa esta fiesta? Podría limitarse simplemente a recordar el suceso histórico del bautismo de Jesús, y entonces el día de hoy sería una mera conmemoración de ese acontecimiento. Sin embargo eso sería algo pequeño de cara la misterio de Dios. Esta fiesta no sólo es el recuerdo histórico del bautismo del Señor, sino que debe de ser, como todas las fiestas en la vida de la Iglesia elementos que ayuden a iluminar la fe del creyente.
Por tanto, esta fiesta nos invita a meditar y a conocer a profundidad la identidad de Jesús, ya el mismo pasaje del evangelio culmina una vez que narra los diversos elementos del bautismo, con una frase que parece acercarnos al misterio de Jesús y con ello, reconocer la identidad de Jesús y nuestro papel delante de él: «Tú eres mi Hijo muy amado, en quien me complazco
Estas palabras nos enseñan la identidad de Jesús. Analicemos brevemente estas palabras para entender un poco el misterio de Jesús y acercarnos con mayor profundidad a él.
En primer lugar lo llama “mi Hijo”, llamarlo así recuerda dos cosas. Por un lado su identidad de frente con el Padre, Jesús es el Hijo con respecto al Padre. Pero en segundo lugar decirle hijo implica el modo de vida, ser hijo no sólo implica que está inmerso en una familia, sino en un estilo determinado de vida, ser hijo en aquella cultura implica que es como el padre, que vive como el padre, que tiene el oficio del padre. En este caso si Jesús es el Hijo, implica que tiene como función vivir la dinámica del Padre y por tanto vivir en la dinámica del Reino, del amor, de la justicia, de la verdad porque finalmente esas realidades son los que ayudan a conocer al Padre.
Si lo pensamos bien nosotros cuando somos bautizados somos hijos adoptivos del Padre, y entonces estamos llamados a vivir como el Padre, a ser como él. Deberíamos de pensar que tanto vivimos como hijos de Dios, que tanto vivimos en la justicia, hasta que punto realmente somos honestos con los demás, y les damos lo que necesitan. O bien hasta donde vivimos en la verdad, o qué tanto decimos mentiras, o somos corruptos. Ser bautizado, no es sólo un compromiso social, sino un momento de fuerte integración al Señor, y empezar a comportarnos como él.
En Segundo lugar le llama “Amado”. La palabra amado, que en griego se dice agapetós es la misa en referencia a la palabra hebrea yahid que se traduce como predilecto, único, amado. Esta expresión tiene una gran carga simbólica y emotiva en un pasaje importante de la Escritura, pues el Hijo amado aparece en el capítulo 22 de Génesis en donde Dios pide a Abraham que entregue en sacrificio a su hijo Isaac y justamente le dice que entregue a su único, su amado. Por lo tanto, ser el amado, nos remite hasta el relato de la entrega de Isaac. De tal manera que san Marcos tiene a la vista este episodio del patriarca, y por tanto, puede ver que el bautismo es la entrega por la humanidad, y una entrega hasta la muerte. Y si bien la palabra “Amado” une los dos episodios, no tiene ambos el mismo desenlace, puesto que Isaac no es entregado a la muerte, mientras que Jesús debe ser entregado a la muerte. Lo que Dios hizo por el hijo de Abraham, no lo hará por su propio Hijo, él si será entregado. De esta manera nos muestra a Jesús como aquel que es amado, porque será entregado a la muerte para la salvación de todos. Este título nos pone en relación con su entrega.
Todos por el bautismo somos hijos amados de Dios, de tal manera que el bautismo nos debería de comprometer a entregarnos como Jesús, si bien no en una muerte en cruz, si con nuestra generosidad. Siendo caritativos con aquellos con los cuales nos encontramos. Ser capaces de entregar un poco de nuestro tiempo con esa persona sola, o con esa persona que está triste, o con tú pareja o tus hijos que necesitan un momento de ti. Entregar nuestro mejor esfuerzo para que las cosas salgan bien. Ser realmente capaces de dar lo mejor de nosotros mimos.
Y finalmente dice: “En ti me complazco.” Cuando se habla de la complacencia de Dios, se nos está hablando de la plena iluminación del hombre, del desarrollo de la razón. Dios se complace cuando el hombre es capaz de comprender el proyecto de Dios y vive desde esa dinámica, vive lo que ha comprendido. Ese comprender del hombre lo orienta a reconocer precisamente lo que es valioso a los ojos de Dios, Dios busca a los pequeños de la historia, a los frágiles, y por cuando el hombre comprende esto y tiende para cuidar a los pequeños, entonces el hombre es iluminado con un nuevo sentido, con una nueva razón y entonces Dios se complace, porque el hombre ha sabido reconocer el proyecto de Dios. Dios se complace en Jesús porque Jesús viene por los pequeños, los frágiles, y así comenzar el anuncio del Reino y el proyecto de salvación.
Nosotros estamos invitados a comprender esto y a levantar nuestra mirada hacia aquellos que requieren neutra ayuda, pues así empezamos a entender que podemos ayudar y tenderles las manos, saliendo del egoísmo para poder ayudar a otros.
Podemos ver como esta fiesta ilumina nuestra fe desde dos dimensiones. Por un lado, nos enseña un poco del misterio de Jesús que es el Hijo, el amado, en quien se complace el Padre. Y por otro, ilumina nuestra realidad de creyentes de cara a nuestro bautismo, que estamos llamado a vivir como el Padre, llamados a ser generosos y a entregarnos a favor de los demás, y a descubrir en los pequeños la presencia y el signo de Dios.

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