31/12/11

Finalizar agradeciendo

Meditación con motivo del 31 de diciembre

Textos:
1 San Juan 2,18-21
San Juan 1,1-18

La primera lectura del día de hoy nos advierte sobre un peligro en la vida de la comunidad: Los anticristos. Muchas veces al escuchar esto puede causarnos miedo, pensar en el diablo y en cantidad de películas donde se utiliza este nombre, incluso pensamos en el fin del mundo, sin embargo el día de hoy escuchamos en la primera lectura algo fundamental: «En realidad, ya han aparecido muchos anticristos.» El anticristo no es lo que las películas o el imaginario público nos enseñan, sino se remite a aquel que está en contra de Cristo, aquel que está en contra del amor, en contra de la misericordia. Ese es el anticristo.
Podríamos ver que nosotros muchas veces somos así, somos anticristos, porque ofendemos, somos rencorosos, dañamos a las personas que amamos o bien buscamos hacer el mal a aquellas que nos lo han hecho. Buscamos ir en contra del Cristo, somos anti evangélicos, o bien en el lenguaje de la primera lectura, somos anticristos.
Y esta lectura es proclamada el día de hoy, al terminar el año, para reconocer hasta que punto no hemos sido realmente fieles al evangelio, hasta que punto nos hemos puesto en contar de Cristo. Terminar un año, es una fiesta, pues se inicia otro año y ello implica tener expectativas para el año que sigue, pero también es el momento para evaluar y descubrir qué hemos hecho en este año que dejamos, y reconocer que hemos fallado, que hemos estado en contra del amor, en contra de la fe, en contra de tantas cosas que pudieron ser una bella experiencia, pero que nuestro enojo, nuestra codicia, nuestra envidia destruyeron eso, convirtiéndonos en anticristos.
Pero reconocer nuestras fallas no es simplemente para echarnos en cara lo malo que hacemos o lo malo que podemos ser, sino reconocer nuestras fallas para empezar el año que viene con una nueva óptica, y evitar esos comportamientos.
Pero al mismo tiempo que se nos invita a reconocer nuestras fallas, también debemos ver todo lo que debemos agradecer a Dios por lo que recibimos a lo largo de este año, de manera que este día es un día que se debe convertir en una oración de agradecimiento, de modo que es una jornada de oración y de perdón. Entonces elevar nuestras palabras a Dios y agradecerle todo diciendo:

Te agradecemos Señor, por la vida que nos has regalado en este año, esta vida que hemos compartido con mucha gente que hemos encontrado en este periodo.
Te agradecemos por esas personas con las cuales compartimos la vida. Gracias Señor por nuestra familia, por nuestros padres, nuestros hermanos. Gracias por ponerlos en mi camino. Perdón Señor si a veces no les he tenido paciencia, o si no he sabido valorarlos o valorar lo que quieren de mí.
Gracias Señor por los amigos por esas personas que hacen que el caminar por la vida sea ligero y más agradable. Gracias porque la amistad nos ayuda a continuar la vida con su apoyo, con sus palabras, con su presencia, haciéndonos sentirnos importantes, pues ellos son un gran regalo. Y pedimos perdón si a veces no he sabido apreciar este don tan grande como se debe.
Gracias por esas personas que se han convertido en algo especial en nuestro corazón, pues por ello podemos ver la vida distinto, y descubrir que nunca estamos solos.
Gracias por dejarme compartir con tanta gente, y que tal vez nos ha dejado a lo largo de este camino, te las ponemos en tus manos.
Gracias por haberme encontrado con tantas personas que de una u otra manera me ayudan a seguir la vida. Gracias por aquellos que me aconsejaron, por aquellos que me enseñaron, aquellos que se preocuparon de mi, aquellos que me hicieron un servicio. Gracias Señor.
Gracias por todas las cosas que he recibido en este año, por esas experiencias que me enseñaron a valorar más la vida, que me ayudaron a comprender cosas que yo no entendía, que me ayudaron a ser más sensibles con los demás. Gracias Señor.
Gracias porque en mi corazón hay un motivo para vivir cada día, y a pesar de las tristezas, de las desilusiones, de las situaciones difíciles, siempre está la luz de Dios que de diversas maneras ilumina y apoya nuestro caminar. Gracias.
Gracias por los dones que nos regalas Señor, la inteligencia, la libertad, nuestra voluntad. Gracias Señor y perdónanos porque a veces no los utilizamos como debemos o no los sabemos aprovechar.
Gracias Señor por la Vida, por nuestra vida, por esta historia. Gracias Señor porque te manifiestas. Gracias Señor porque nunca nos dejas. Gracias por permitirnos terminar este año… ¡Gracias Señor!

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