6/9/09

«¿Está permitido en sábado, salvar una vida o perderla?»

Meditación con motivo del Lunes XXIII de tiempo ordinario
Ciclo ferial /I/
Año impar

Textos:
Colosenses 1,24-29. 2,1-3
San Lucas 6,6-11

Continuamos reflexionando sobre los fariseos y su vida de fe. Hoy se nos pone de manifiesto una realidad fundamental que Jesús expresa con una pregunta: «¿Está permitido en sábado, hacer el bien o el mal, salvar una vida o perderla?» Jesús tara de aclara cuál es el último sentido del Sábado: Dar vida. El hombre que se ha topado con Dios tiene vida. Cómo es posible que por salvaguardar una mera ley de precepto se muera alguien. El texto por tanto no habla simplemente de una mera curación, habla de dar la vida, de la salvación de alguien. El hombre, su salvación es lo que da total sentido a la vida de fe. De nada sirve una fe que no salva la vida del hombre.
Cuántas veces nosotros por tener ciertas ideas matamos a alguna persona, porque preferimos juzgar o condenar antes de ayudar. Muchas veces se puede marginar a alguien por su condición social o su estado de vida y decir que no entra en nuestra casa o nuestro grupo. O bien a veces decimos que ciertas personas no están cerca de Dios porque no concuerda con ciertos parámetros que creemos superiores o únicos.
Yo creo que muchas de las situaciones de este tipo se deben a prejuicios y juicios que tenemos y vamos haciendo sin darnos la oportunidad de transformar nuestra vida y la de los demás.
La vida de fe no es para excluir, para formar grupitos gregarios, sino para ayudar y salvar a todos. Es ahí precisamente en donde se manifiesta la fe. Para los fariseos todo se reducía a prácticas y acciones, sin tomar en cuenta la acción más importante que era precisamente la salvación de los demás. Cuántas veces nosotros discriminamos a alguien, no le damos oportunidad de cambio, de que sea mejor, simplemente vamos reduciendo todo a lo que creemos y lo que se debe de hacer, siendo que deberíamos llegar a descubrir lo que se necesita hacer. Sólo así se puede lograr la salvación del hombre.
Todos estamos llamados a la vida de la fe y por consecuencia todos estamos llamados a anunciar y a compartir la salvación de lo contrario no habremos comprendido lo que significa realmente el compromiso de la fe en nuestra vida.
Hemos ido meditando lo que los fariseos hacían con un solo objetivo: ver nuestro fariseo interno y cambiar nuestra historia, ve lo esquemático y limitado de nuestra vida de fe, e iniciar realmente un camino único y auténtico de salvación, de lo contrario nos quedaremos en una estructura de muerte, tal y como el texto lo asegura al final: «Ellos se enfurecieron, y deliberaban entre sí para ver qué podían hacer contra Jesús.» Ellos en lugar de descubrir el sentido liberador y lleno de vida que Jesús traía, sólo vieron una violentación a sus tradiciones, sin descubrir que ellas no daban la salvación y ahora sólo piensan en dar muerte, en destruir, y nuevamente cerrarse y cerrar a los demás a la salvación.
Que nosotros realmente seamos capaces de iniciar el camino de salvación con nuestros hermanos, no nos cerremos aciertos criterios que lejos de dar vida descriminan, matan y destruyen la dignidad de la otra persona.

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