26/9/09

«¡Ojalá todos fueran profetas en el pueblo del Señor, porque él les infunde su espíritu!»

Homilía para el Domingo XXVI Domingo de Tiempo Ordinario
Ciclo /B/


Textos:
Números 11,25-29
Santiago 5,1-6
San Marcos 9,38-43.45.47-48

Uno de los problemas más complejos en el mundo es el protagonismo que lleva a cerrar a los demás alguna oportunidad en la vida. Esto se debe a un terrible individualismo en donde se cree que el único que puede realizar ciertas cosas es uno solo, sin la ayuda de los demás. Se cae en una terrible soberbia en donde se cree que sólo nosotros podemos hacer las cosas, siendo los únicos capaces de hacerlos, al punto de creernos indispensables.
Sobre esta realidad nos habla el día de hoy las lecturas. En primer lugar contemplemos el extraordinario texto del libro de los números en donde podemos descubrir como Dios entrega el espíritu de Moisés para ayudarlo a guiar a los demás. Sin embargo parece ser que hay dos personajes que o se encontraban en ese momento, y cualquiera podría decir que ellos han quedado fuera, que se perdieron la oportunidad de tener un cargo y un carisma al interno de la comunidad, pero no es así para Dios nadie está excluido.
Por esta razón les entrega el Espíritu. Curiosamente esto causa una terrible crisis, una gran conmoción y piden que Moisés los calle, pero Moisés que lo ve todo desde la perspectiva de Dios aclara: «¡Ojalá todos fueran profetas en el pueblo del Señor, porque él les infunde su espíritu!» Con esto se pone en claro que hablar con la fuerza de Dios no es algo exclusivo de algunos cuantos, sino que es de todos. Es una misión que Dios da a todos.
La fe no es para un grupo selecto, un grupo elitista, un grupo minúsculo de elegidos; es para todos. Cuantas personas creen que tiene ciertos privilegios porque pertenecen a un grupo determinado y discriminan a los demás, los miran por debajo del hombro. La vida de fe no puede quedarse sólo con eso, sino que requieren más; es decir, deben de estar abiertos a todos.
Recuerdo en alguna ocasión que en una celebración una persona no dejaba que nadie leyera la lectura porque ella era de un grupo parroquial y sólo le correspondía a ella, y no permitía que nadie se acercaba, creyéndose totalmente independiente e indispensable, impidiendo que otros se acercaran y participaran de ese ministerio. O bien cuantas veces por pertenecer a un cierto grupo denigran a los demás y les hablan con aires de superioridad, creyendo que ellos pueden mandar, meterse en todo y opinar sobre todo. Creo que eso es una manera de cerrar la oportunidad a otras oportunidades, impidiendo reconocer que todos pueden participar y todos tienen los mismos derechos a participar y a demostrar la acción de Dios en su vida. A veces por creer que uno sabe más, que porque tiene estudios, porque sabe más puede hacerlo todo, o mandar a todos o quitar o poner a ciertas personas. Con ello cierra la oportunidad que los demás desde su sencillez, su experiencia de fe guíen y enriquezcan a la comunidad. Siendo que por saber más se debería ser más sencillo y capaz de captar lo que los demás pueden aportar.
Por esta razón ante el escándalo del Josué, Moisés le responde que deje detrás el escándalo y más bien tenga la capacidad para descubrir que Dios se va manifestando de muchas maneras. Y su deseo es que todos profetizaran de ese modo, pues eso es lo importante, no puede limitarse todo a un grupo selecto, sino que debe abrirse a todos.
Y así como sucedió en el Antiguo Testamento, vuelve a suceder en el Nuevo, con la escena del evangelio en donde le hablan a Jesús acerca de un grupo que expulsa demonios en nombre de Jesús. Esto sin duda es el reflejo de una problemática de la comunidad de san Marcos en donde seguramente existían grupos que nos estaban totalmente vinculados a ellos y querían prohibir que ellos hablaran de Jesús, como si sólo fuese una exclusiva de ellos. Pero Jesús los pone en su lugar: «No se lo impidan, porque nadie puede hacer un milagro en mi Nombre y luego hablar mal de mí. Y el que no está contra nosotros, está con nosotros.» Con esto Jesús quiere marcar que la vida de fe no se encierra en un grupito determinado o en un club, sino que es superior y que siempre hay diferentes formas de expresarlo y de vivirlo. Pero si se quiere sobresalir, ser exclusivo, creer que todo lo hace una persona y la soberbia nos gana entonces si podemos destruirlo todo, pues alejamos a todos aquellos que pueden ayudarnos y ser mejores con nosotros.
El problema de fondo es la soberbia de quiere sobre salir querer ser los mejores, excluyendo a los demás. Si Josué se enoja es porque tiene miedo que otros le quiten el poder. SI los apóstoles van y acusan es porque temen que otro grupo les haga competencia, pues son ellos los que deben hablar en nombre de Cristo y no ellos.
Muchas veces queremos ser únicos, para que todos nos vean y todos se admiren de nosotros, pero no somos capaces de descubrir lo valiosos que son los demás y la riqueza que pueden traer. Una cosa es que yo ayude y otra tener el monopolio. Creo que la frase de Moisés es muy clara: «¡Ojalá todos fueran profetas en el pueblo del Señor, porque él les infunde su espíritu!» Ojalá todos fuésemos capaces de descubrir que no somos únicos y así asumiéramos nuestro papel de testigos en la vida de la comunidad, y extendiéramos con responsabilidad y firmeza el Reino de Dios en nuestra sociedad. Qué distinta sería nuestra ciudad, nuestro país, nuestra comunidad si en lugar de buscar rivalidades, buscáramos la unidad y la complementariedad.
Sería bueno que meditáramos que tan soberbios o protagonistas nos creemos a veces en la vida. Y para hacerlo deberíamos de ver en nosotros mismos, y no en los demás, porque muchas veces pensaos que los demás son así, que a los demás les queda bien el saco, siendo que en realidad somos nosotros los que nos volvemos jueces de ellos y en el fondo superiores, cayendo en la soberbia, pero cubriéndola creyendo que son los demás y no nosotros mismos.
Que este domingo el Señor nos de la capacidad de ser más sencillos y capaces de descubrir que somos parte de una comunidad y evitemos excluir a los demás y busquemos ayudarlos para que vaya creciendo todo a favor del evangelio y no de nuestra soberbia y protagonismo que en nada ayuda.

1 comentario:

  1. SEÑOR, BENDÍCENOS CON LA SENCILLEZ. PERO NO LA QUE "NOSOTROS NOS FABRICAMOS AL FINGIR" SINO LA VERDADERA, LA ÚNICA: LA TUYA SEÑOR.
    SEÑOR TU TODO LO VES, TODO LO SABES ¡BENDITO SEAS!
    NO PERMITAS SEÑOR QUE YO VEA LA PAJA EN EL OJO AJENO ¡ÁBREME LOS OJOS, EL ENTENDIMIENTO, EL CORAZÓN!
    PADRE, PIDA, POR FAVOR POR NOSOTROS. QUE NUESTRA SOBERBIA, ENVIDIA, FINGIMIENTO, FALSEDAD, PECADOS, NECEDAD, CRUELDAD, DUREZA, SE QUEDE EN EL SAGRARIO Y DIOS NOS DOTE DE HUMILDAD, DE VERDAD, DE LUZ.
    AMÉN.

    ResponderEliminar